Aftas bucales: por qué una llaga que no se va en dos semanas ya no es un tema menor
Las aftas son lesiones frecuentes y, en general, autolimitadas. Cuándo conviene dejar de esperar y pedir turno con un profesional de la salud bucal.

Soy Claudia Peralta y arranco esta nota como tantas otras veces, en el centro de un pueblo, parada en la puerta de la farmacia de la esquina, viendo pasar a los vecinos. Esta mañana me cruzo a Marta, 54 años, cajera del súper de la avenida San Martín, que se queja mientras toma un mate: tiene una llaga en la cara interna del labio que ya lleva casi tres semanas y le impide comer sin sentir un pinchazo agudo. Me mira y me pregunta si esto tiene arreglo o si ya es hora de sentarse en el sillón del odontólogo. La escena me sirve para explicar qué dice hoy la evidencia sobre las aftas bucales y, sobre todo, en qué momento la consulta profesional deja de ser opcional y pasa a ser necesaria.
Qué es un afta y por qué no es lo mismo que un herpes
Las aftas, conocidas de manera más coloquial como llagas bucales, son úlceras dolorosas que se forman en la cara interna de los labios, las mejillas, las encías o la lengua. No tienen origen infeccioso y, a diferencia de lo que mucha gente cree, no se contagian por contacto ni por compartir un vaso o un cubierto. El Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos las describe como lesiones autolimitadas, es decir, que tienden a desaparecer solas, en general en el curso de una o dos semanas, sin necesidad de un tratamiento específico.
Para molestias leves, los geles de venta libre en farmacias y los enjuagues antisépticos suelen alcanzar para controlar el ardor. El tratamiento apunta a aliviar el dolor y a favorecer la cicatrización, pero, como aclara el mismo instituto, no garantiza que las lesiones no vuelvan a aparecer más adelante.
Lo que puede estar detrás de una afta
La consulta cambia cuando se identifica el factor que la provoca. La Clínica Mayo enumera los desencadenantes más frecuentes:
- Mordeduras accidentales en la mejilla o el labio, habituales mientras se mastica o se habla.
- Cepillado dental demasiado enérgico, que irrita la mucosa.
- Roce constante de aparatos de ortodoncia o de prótesis mal ajustadas.
- Bordes filosos en alguna pieza dental, ya sea una caries o un arreglo fuera de lugar.
- Alimentos ácidos, picantes o muy salados, que irritan la zona y prolongan la molestia.
En muchos casos, identificar y corregir ese factor alcanza para reducir las chances de una nueva irritación. Ajustar un aparato, suavizar la técnica de cepillado o limar un borde dentario suele ser suficiente.
Cuándo dejar de esperar y pedir turno
La misma Clínica Mayo recomienda consultar a un odontólogo o a un médico cuando se cumple alguna de estas condiciones:
- La llaga dura dos semanas o más sin signos de mejoría.
- Reaparece con frecuencia, varias veces al año.
- La lesión es inusualmente grande.
- Aparece una nueva llaga antes de que cicatrice la anterior.
- El dolor no se controla con medidas caseras, impide comer o beber con normalidad.
- Hay fiebre acompañando al cuadro.
También hay un segundo plano que vale la pena poner sobre la mesa. Las aftas que se repiten con regularidad pueden estar asociadas a niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. Esto no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba tomar suplementos por su cuenta: el profesional evaluará la historia clínica y, si lo considera necesario, indicará análisis de sangre antes de cualquier suplemento.
Una revisión publicada en el repositorio científico PMC advierte que, antes de atribuir las lesiones a aftas recurrentes, hay que descartar otras causas posibles. Por eso, en episodios frecuentes, la evaluación incluye los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca, para no pasar por alto otras lesiones que pueden parecerse pero requieren un abordaje distinto.
Vuelvo a la esquina donde empecé. Marta me escucha, se toca el labio con la punta de la lengua y asiente con la cabeza. Quedamos en que la próxima semana va a sacar turno con su odontóloga y, mientras tanto, va a probar con un enjuague antiséptico y a revisar si el cepillado que viene haciendo no es demasiado fuerte. Una llaga ocasional no es motivo de alarma, pero cuando el cuerpo insiste, conviene escucharlo antes de que la molestia se transforme en un problema más serio.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Nuevo avance en cáncer de pulmón: logran identificar tumores como si tuvieran DNI para ajustar los tratamientos

Hallan el origen genético de la tartamudez y su mayor reversión en mujeres

Cuál es la especia que se recomienda consumir después de entrenar para la recuperación muscular
