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Al Di Meola volvió a La Trastienda y se reencontró con Buenos Aires después del infarto que frenó su gira

Dos horas y diez minutos de jazz, flamenco y tango en formato acústico, junto a dos músicos españoles, y un regreso que el guitarrista estadounidense de 72 años celebró como un segundo nacimiento tras el episodio cardíaco que sufrió en 2023 en Rumania.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Hay frases que un artista dice sobre un escenario y que, por suerte o por milagro, se terminan cumpliendo: yo quería estar acá, con ustedes, y por suerte lo logramos. Eso fue, en esencia, lo que vino a contar Al Di Meola a La Trastienda, la sala de Balcarce y Corrientes que ya lo vio crecer como solista y como parte de Return to Forever, el supergrupo que integró junto a Chick Corea en los años setenta y que sigue siendo una de las aventuras más vertiginosas del jazz de fusión. El guitarrista estadounidense, de 72 años, volvió a Buenos Aires después de que un infarto sufrido durante una gira en Bucarest en 2023 le impidiera completar los shows que tenía previstos en la región, y lo hizo con un formato acústico e íntimo, casi de cámara, que le permitió repasar cinco décadas de carrera con la serenidad de quien sabe que cada nota, a esta altura, es un privilegio.

Lo acompañaron el guitarrista español Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, cuyo cajón fue el ancla rítmica de toda la noche y le dio al repertorio ese pulso flamenco que Di Meola viene explorando desde su colaboración con Paco de Lucía. Esa decisión de rodearse de músicos con raíces en el flamenco le permitió desplegar fandangos, soleás y rítmicas afrolatinas que convivieron con fragmentos de jazz de fusión, evocaciones mediterráneas y momentos de improvisación colectiva en los que los temas se estiraron mucho más allá de su forma de estudio, con algunas distorsiones puntuales que apenas si tibieza le pusieron a un set por lo demás muy contenido.

Un programa que recorre toda una vida

  • Pasajes de Return to Forever, el proyecto que compartió con Chick Corea.
  • Versiones de The Beatles, entre ellas In My Life.
  • Café 1930, de Astor Piazzolla, y un cover de The Sound of Silence, de Simon y Garfunkel.
  • Ava's Dance in the Moonlight, dedicada a su hija.
  • Temas propios como Misterio, Infinite Desire y Eden.
  • El cierre con Mediterranean Sundance, la pieza asociada a Paco de Lucía, con palmas del público y teléfonos en alto.

Di Meola habló varias veces en español durante el show, se hizo entender y se hizo querer. Les dijo a los presentes Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer, y la frase cayó como un abrazo, porque uno vio en su rostro que no era una frase hecha sino una manera de procesar en voz alta lo que le tocó vivir. La Trastienda lució colmada, con el público acercándose hacia el escenario en el tramo final del concierto, y la actuación tuvo sus asperezas: en un momento el guitarrista llamó a su ingeniero de sonido por problemas con el audio, y algunas improvisaciones se estiraron hasta perder algo de tensión. Pero esos roces no llegaron a opacar el conjunto de una noche en la que, en un mismo escenario, terminaron conviviendo el jazz, el flamenco y la música latinoamericana.

Si me preguntan a mí qué me gustaría que revisitara en una próxima visita, confieso que sueño con volver a escucharlo en formato eléctrico, con esa velocidad de vértigo que mostró en los años setenta, y por qué no con algún tema nuevo que dialogue con el Piazzolla electrónico que ya exploró en disco. Pero también entiendo que este Di Meola acústico, que se permite tocar más lento y mirar al público, tiene algo que el Di Meola velocista ya no necesita mostrar: la prueba de que sigue vivo, y de que eligió volver a empezar.

AO
Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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