Caminar, entrenar y descansar: las tres patas que pueden mejorar la vida sexual, según una especialista en suelo pélvico
La fisioterapeuta Erika Lydon sostiene que el movimiento ayuda a la circulación, el sueño y el manejo del estrés, pero advierte que entrenar de más, alimentarse mal o no recuperarse puede jugar en contra del deseo. Una recorrida por sus recomendaciones para empezar de a poco y sostener el hábito.

En el pueblo de uno todavía se ve, apenas cae el sol, a la señora Marta saliendo con sus zapatillas por la vereda de siempre. Tiene 58 años y camina desde hace seis meses, aunque al principio le costaba. Hoy no lo cambia por nada. Me lo dice mientras acomoda la bufanda y me mira como pidiendo que alguien le explique por qué le fue dando ganas de vivir con más ganas. Marta, como tantas otras vecinas que conozco, terminó encontrando en una caminata de quince minutos algo más que una forma de moverse: un pequeño motor para el ánimo, el descanso y, también, para la vida sexual. La conversación con la fisioterapeuta especializada en suelo pélvico Erika Lydon pone palabras a esa intuición y, sobre todo, marca los límites de lo que conviene hacer y de lo que, hecho en exceso, puede terminar jugando en contra.
Empezar por algo que se pueda sostener, no por lo que agote
Lydon propone un punto de partida bien concreto: caminatas de unos quince minutos, elegidas porque resultan placenteras y posibles de mantener en el tiempo. La idea es construir un hábito antes que quemarse en dos semanas. A partir de ahí, la recomendación general para la mayoría de las personas es reunir 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos de actividad intensa por semana, más dos jornadas de trabajo de fuerza. Esa referencia apunta a la salud integral y no funciona como un tratamiento mágico para el bajo deseo: la libido depende también del estado emocional y de cada historia clínica. Por eso la especialista insiste en que, si hay dolor o alguna preocupación sobre el desempeño sexual, lo primero es consultar con un profesional de la salud o con un fisioterapeuta de suelo pélvico antes de lanzarse a sumar rutinas.
- Elegir una actividad que resulte agradable y que pueda sostenerse en el tiempo.
- Avanzar de manera gradual en duración e intensidad, sin saltearse etapas.
- Respetar tiempos de descanso y una alimentación acorde al esfuerzo.
- Consultar a un especialista si aparece dolor o inquietud sobre la función sexual.
Por qué el movimiento puede sumar y cuándo puede restar
La especialista explicó que el ejercicio aeróbico favorece al corazón y a los vasos sanguíneos, y que una mejor circulación facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y puede contribuir tanto a la excitación como a la función sexual femenina. Al mismo tiempo, dormir mejor y sentirse menos estresado suele llegar antes que cualquier otro cambio, y ahí el movimiento vuelve a aparecer como un aliado: ayuda a regular el ánimo y a soltar parte de la tensión cotidiana. El entrenamiento de fuerza, añadió, puede colaborar con procesos ligados a la energía, al estrés y al equilibrio hormonal. Pero la misma Lydon advirtió que entrenar demasiado, sin alimentarse de forma adecuada y sin darse el descanso necesario, puede afectar el deseo. El cuerpo, dijo, no es una máquina que rinde igual siempre: cuando se lo exprime sin recuperación, la respuesta suele ser el agotamiento y, con él, la caída del interés sexual.
Ojo con los Kegel: no siempre hacen bien
Un punto sobre el que la fisioterapeuta hizo mucho foco es el de los ejercicios de Kegel, esos que suelen recomendarse como solución universal. Pueden servir en algunos casos, pero también pueden aumentar la tensión en una musculatura que, en otras personas, ya se mantiene contraída o tiene dificultades para relajarse. Cuando eso ocurre, las relaciones sexuales pueden volverse dolorosas. Por eso la recomendación es clara: cualquier trabajo sobre el suelo pélvico requiere evaluación individual previa y un seguimiento profesional, porque no todas las pelvis necesitan lo mismo ni responden igual al mismo ejercicio.
“Elegí algo que te resulte agradable y que puedas sostener en el tiempo, porque los beneficios aparecen cuando la rutina se mantiene.”Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico
Cuando vuelvo a la vereda de la señora Marta y la veo regresar, un poco más cansada y un poco más contenta, pienso que la conversación con Lydon dejó una idea fuerza que vale la pena repetir: el ejercicio puede ser un gran aliado del bienestar sexual, pero no es una píldora ni una receta única. La clave está en empezar de a poco, atender las señales del cuerpo, dormir y comer bien, y entender que el deseo también se cuida cuando uno se cuida. Si algo de eso falta, el entrenamiento, en vez de sumar, termina restando.
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