Caminar la fe: el circuito que une la vida del Cura Brochero ya es patrimonio de todos los argentinos
El Congreso declaró Patrimonio Cultural Inmaterial al Camino de Brochero, un trazado de 240 kilómetros por Córdoba. El 12 de septiembre se viene una nueva peregrinación por las Altas Cumbres.

Son casi las siete de la mañana y el aire todavía corta en Giulio Cesare, cuando los primeros peregrinos empiezan a acomodar las mochilas y a estirar las piernas antes de la largada. El sol todavía no termina de ganarle a la neblina de las Altas Cumbres, pero la caminata ya tiene esa electricidad de las cosas que se hacen por convicción. Es la imagen que se repite cada año en torno a la figura de San José Gabriel del Rosario Brochero, el Cura Gaucho, y que ahora suma un reconocimiento institucional que lo cambia todo: el Congreso de la Nación declaró al Camino de Brochero Patrimonio Cultural Inmaterial, con 207 votos afirmativos y ninguno en contra.
Lo que se conoce como el Camino de Brochero es, en realidad, un circuito extenso que atraviesa tres puntos de la provincia de Córdoba íntimamente ligados con la biografía del sacerdote. Arranca en Villa Santa Rosa de Río Primero, donde Brochero nació a fines del siglo XIX; sigue por la ciudad de Córdoba, donde cursó su formación religiosa en el Seminario; y termina en Villa Cura Brochero, en el corazón de Traslasierra, donde desarrolló durante décadas su obra pastoral y social, esa que lo hizo querer como pocos por la gente del oeste cordobés.
Un trazado de 240 kilómetros pensado para caminantes y ciclistas
El recorrido total suma 240 kilómetros y fue diseñado para que lo disfruten caminantes, ciclistas y visitantes de distintos perfiles, sin necesidad de completarlo en una sola etapa. Como ocurre con otros circuitos de peregrinación del mundo, la idea es que cada persona lo haga a su ritmo, con sus tiempos y con sus motivos. En ese espíritu, el modelo que se tomó como referencia es el del Camino de Santiago de Compostela, tanto en la mística del trayecto como en la parte más práctica: la flamante ley prevé la creación de un pasaporte del peregrino, una especie de libreta donde se sellan las paradas en cada punto del recorrido y que sirve como acreditación del camino hecho. Quienes completen el circuito principal, pasando por los tres destinos centrales, recibirán además una certificación como Peregrino de Brochero.
La peregrinación de septiembre: 28 kilómetros por las Altas Cumbres
Para quienes quieran meterse de lleno en la experiencia, septiembre trae una cita concreta. La decimotercera peregrinación del Camino Brochero se realizará el sábado 12 de septiembre, justo cuando se cumplen trece años de la beatificación del Cura Gaucho. El tramo elegido es el más exigente y, para muchos, el más impactante: el Camino del Peregrino, 28 kilómetros de montaña que atraviesan las Altas Cumbres hasta llegar a Villa Cura Brochero. La concentración está prevista para las 6 de la mañana en Giulio Cesare y la salida, una hora después, con destino final en Traslasierra.
La novedad de la declaración no se queda solamente en el trazado físico. La ley también pone en valor a las celebraciones, los saberes y las prácticas comunitarias que fueron creciendo alrededor de la figura de Brochero, ese universo de devoción, de memoria barrial y de trabajo social que sigue muy vivo en cada pueblo del corredor. El presidente de la Agencia Córdoba Turismo, Darío Capitani, destacó que el reconocimiento va a permitir poner en valor la historia y la identidad del recorrido y recordó que hubo años de trabajo para recuperar y conectar los distintos tramos, muchos de los cuales habían quedado en el olvido o apenas se mantenían como caminos rurales.
Volviendo al amanecer en Giulio Cesare, lo que más llama la atención es la mezcla que se ve en cada edición: familias enteras, grupos de amigos, ciclistas con rueditas finitas y vecinos de a pie que saludan al que pasa como si lo conocieran de toda la vida. Ahora, con el camino declarado patrimonio, la sensación es que esa experiencia deja de ser un esfuerzo individual para convertirse en parte de algo colectivo, de un acervo cultural que el país decidió cuidar. Para los que todavía no se animaron, septiembre es la oportunidad perfecta para empezar: 28 kilómetros, una montaña y la huella del Cura Gaucho como compañía.
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