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Cecilia Garraffo, la científica de Belgrano que entrena máquinas en busca de vida extraterrestre

Creció en Buenos Aires, estudió en la UNLP y la UBA, y hoy dirige un instituto de Harvard que aplica inteligencia artificial para analizar el cielo. En su paso por el ITBA, explicó por qué la mayoría de los astrofísicos considera que no estamos solos en el universo.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Son las nueve de la mañana y el campus del ITBA, en el barrio porteño de Puerto Madero, todavía guarda el silencio de los días de semana que empiezan temprano. En uno de los auditorios, una mujer de jeans y remera oscura termina de acomodar sus filminas frente a un público mayormente joven. Se llama Cecilia Garraffo, nació en Belgrano, tiene 43 años y dirige desde hace poco más de un año el Instituto AstroAI, un centro que depende del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian. Esta mañana, en Buenos Aires, cuenta cómo se entrenan algoritmos para encontrar vida en el cosmos.

Yo la conozco de nombre desde hace rato, porque su historia aparece cada tanto en las secciones de ciencia de los diarios, pero nunca había tenido la chance de verla en persona. Me llama la atención lo cerca que parece: habla con la cadencia rioplatense intacta, se ríe de sus propias anécdotas y, sobre todo, se preocupa por explicar cada paso como si estuviera tomando un café con un amigo y no frente a un auditorio lleno.

Un camino que arrancó en Belgrano y pasó por La Plata

Garraffo terminó el secundario en un colegio de Belgrano y se anotó en la carrera de Actuario en la Universidad Nacional de La Plata, seducida por una materia que se le daba bien: la matemática. Llegó hasta tercer año, pero ahí sintió que algo no cerraba. La lectura de los libros de Stephen Hawking y el impacto que le causó la película Contacto, basada en la novela de Carl Sagan, la empujaron a un giro que, según ella misma cuenta, le cambió la vida: se cambió a Astronomía y no volvió a mirar atrás.

Hizo la licenciatura en La Plata y se doctoró en Física en la Universidad de Buenos Aires. Después cruzó el charco y completó dos posdoctorados en Estados Unidos: uno en astrofísica computacional y otro en inteligencia artificial. Cuando le pregunto por qué dos campos tan distintos, sonríe y dice, casi como pidiéndome complicidad, que aprendió a programar a los golpes y que la idea siempre fue la misma: usar la computadora para entender el universo.

Harvard, el premio y una convicción estadística sobre la vida

En 2025, la científica recibió el Premio Presidencial a la Trayectoria Temprana para Científicos e Ingenieros, la distinción más alta que otorga el gobierno de Estados Unidos a profesionales en las primeras etapas de su carrera. El reconocimiento llegó en un momento particular: en noviembre asumió la dirección del Instituto AstroAI, un centro que depende del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian y que se dedica, justamente, a cruzar inteligencia artificial con astronomía.

“Pienso que hay vida en otros lugares del universo. No puedo probarlo. Pero es una cuestión estadística. Lo raro sería que no hubiera más vida que la que conocemos.”Cecilia Garraffo

Durante el seminario, Garraffo fue clara: cuando habla de vida no se refiere necessarily a marcianos ni a civilizaciones avanzadas. Habla de cualquier forma, desde una bacteria hasta un virus. Y fue igual de directa al advertir que, aun si existiera vida inteligente en algún rincón del cosmos, las distancias hacen muy poco probable cualquier tipo de comunicación. El universo, dijo, es enorme y silencioso.

Por qué la inteligencia artificial es clave para buscar vida

La particularidad del instituto que dirige Garraffo es que no depende de herramientas comerciales. Desarrollan sus propios modelos de IA, entrenados con datos astronómicos, y los aplican a dos tareas centrales. La primera es la velocidad: el Observatorio Vera Rubin, en Chile, produce en una sola noche de observación la misma cantidad de datos que toda la historia acumulada de la astronomía. Procesar ese volumen sin algoritmos es, directamente, imposible.

La segunda, y la que más le interesa remarcar, es otra. Lo explica con una frase que se le nota ensayada, pero dicha con genuina convicción: la IA permite buscar patrones que nadie sabe que existen. Es decir, no se trata solo de acelerar el análisis, sino de abrir la puerta a hallazgos que un investigador humano jamás pensaría buscar.

  • La vida fuera de la Tierra es, estadísticamente, lo esperable, según la mayoría de los científicos.
  • El Observatorio Vera Rubin produce por noche lo que la astronomía acumuló en toda su historia.
  • Los modelos propios de AstroAI permiten buscar patrones desconocidos, no solo procesar más rápido.
  • La principal biosignatura que se busca es el oxígeno, aunque medirlo en atmósferas lejanas es técnicamente difícil.
  • Cualquier forma de vida cuenta en la búsqueda, desde una bacteria hasta un virus.

Antes de terminar la charla, le pregunto qué siente al haber recorrido ese camino: Belgrano, La Plata, Buenos Aires, y ahora el techo de la astrofísica mundial. Me mira y, otra vez con esa cercanía que la caracteriza, me dice que le gusta volver y contar lo que hace porque sabe que acá, del otro lado, hay muchos pibes y pibas que se preguntan si lo que estudian en la escuela sirve para algo grande. Yo me vuelvo al barrio de Belgrano imaginando que, tal vez, la próxima Cecilia Garraffo esté sentada ahora mismo en un aula de la UNLP, mirando por la ventana y pensando, como ella pensó alguna vez, que en algún lugar del universo hay alguien más.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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