Cuando el aire de Neuquén se pone pesado: seis días de agosto que conviene recordar
Un estudio de la Universidad Nacional del Comahue y la empresa Clean Air Data detectó picos de material particulado y monóxido de carbono durante agosto. Los investigadores atribuyen los episodios a la combinación de humedad, poco viento y una amplitud térmica fuera de lo habitual.

Son las ocho de la mañana en una calle de Neuquén y el aire tiene esa textura espesa que se nota apenas uno sale a la vereda. No es niebla, no es lluvia: es una mezcla de humedad quieta y algo más que todavía no tiene nombre, pero que se respira. Marta tiene 63 años, vive en el barrio Sapere desde hace veintidós y esta escena se le hizo conocida durante agosto. "Hay días que salís a comprar el pan y te arden los ojos, te da tos seca, y al ratito ya pasó", me dice mientras acomoda las bolsas en el umbral de su casa. "Uno piensa que es el frío, pero algo más hay". Lo que hay, según un relevamiento que se conoció en los últimos días, es algo medible y documentado: en agosto la ciudad tuvo seis jornadas con niveles elevados de contaminación atmosférica.
Lo que midió el laboratorio de la UNCo
El trabajo lo llevaron adelante en conjunto el Laboratorio de Climatología y Calidad del Aire de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue y la empresa Clean Air Data, que monitorearon en tiempo real la calidad del aire a lo largo de todo el mes. Lo que encontraron fue una postal distinta a la de otros agostos: tres momentos con alta concentración de material particulado y tres incrementos puntuales de monóxido de carbono, algunos superpuestos, otros separados por apenas horas de diferencia. El episodio más intenso se extendió del 15 al 17 de agosto, con un pico de PM10 de 520 microgramos por metro cúbico, un número que queda muy por encima de cualquier umbral de referencia razonable para una zona urbana. Después hubo otros dos períodos con calidad de aire deteriorada: entre el 18 y el 20, y el 24 de agosto.
En paralelo, el monóxido de carbono registró sus propios picos los días 16, 18 y, con mayor fuerza, entre el 19 y el 20 de agosto, cuando el valor máximo llegó a 2,3 partes por millón. El CO es ese gas que sale de los caños de escape y de las calefacciones cuando la combustión no es completa, y tiende a acumularse en los días de aire quieto, exactamente cuando uno menos lo imagina porque hace frío y da por sentado que el aire está "limpio".
Por qué agosto se prestó para estos picos
El equipo de la UNCo atribuye lo sucedido a una combinación meteorológica poco habitual. Agosto tuvo una amplitud térmica muy marcada: durante la primera quincena las mínimas bajaron a entre 0 y 2 grados centígrados, mientras que hacia el final del mes las máximas superaron los 20 grados. La humedad relativa promedió 58,9 por ciento, pero esa cifra promedio esconde días con más del 90 por ciento de humedad y otros por debajo del 25 por ciento. Cuando el aire se estabiliza, la humedad baja y el viento cede, los contaminantes no se dispersan: se quedan flotando cerca del suelo, a la altura de la nariz de los vecinos. El viento, cuando aparece, tampoco siempre ayuda: si sopla con fuerza puede levantar partículas que ya estaban depositadas en el suelo y generar nuevos picos de material particulado en suspensión.
“Los datos de agosto muestran que la calidad del aire no es constante: puede cambiar significativamente en cuestión de horas según la combinación de emisiones y condiciones meteorológicas.”Responsables del estudio de la UNCo y Clean Air Data
Qué hacer con esta información en la vida cotidiana
- Conviene ventilar la casa en los momentos del día con mayor movimiento de aire y evitar dejarlo abierto durante las horas de estabilidad atmosférica.
- Para quienes viven en zonas con tráfico intenso o usan calefacción a gas o leña, los días de aire quieto son los que mayor cuidado requieren.
- Es una buena práctica revisar los datos públicos del monitoreo antes de planificar actividad física al aire libre, sobre todo en personas con problemas respiratorios.
- El estudio de la UNCo y Clean Air Data es accesible y se actualiza, lo que permite tomar decisiones cotidianas con información concreta y no con percepciones.
Vuelvo a la vereda de Marta, en Sapere, y la encuentro barriendo la entrada con la puerta entreabierta. Le pregunto si cambió algo en su rutina después de lo de agosto. "Y sí", me dice con una media sonrisa, "ahora miro el cielo antes de tender la ropa. Si está muy quieto, no abro tanto la ventana. Parece una pavada, pero una lo nota en el cuerpo". Esa pequeña modificación de hábitos, hecha por miles de vecinos a la vez, es probablemente el efecto más tangible que puede tener un estudio como este: no se trata de asustar a nadie, sino de devolverle a la gente herramientas simples para cuidarse. Después de todo, el aire que respiramos es el mismo aire que nos contiene a todos, y entender cómo se comporta es el primer paso para dejar de recibirlo con desconfianza.
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