Sábado, 5 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕

El Quijote Noticias

PortadaVida

Cuando el aire se vuelve más pesado: por qué el asma pega distinto en las mujeres adultas

Las hormonas, el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia modifican la evolución de una enfermedad que, después de la pubertad, deja de ser predominantemente masculina y pasa a tener cara femenina en consultorios y guardias.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Yo lo veo cada vez que entro al consultorio de la doctora Lidia Romero, en el pueblo de San Andrés de Giles, un martes cualquiera de marzo. María Ester Suárez, de 52 años, maestra jubilada, llega con la mochila siempre lista, el pico flujo bajo y esa tos que no la deja dormir. "Llevo cuarenta años con asma —me dice, mientras acomoda el cabello detrás de la oreja—, pero esto de los últimos diez es otra cosa. Antes me alcanzaba con el puff verde. Ahora, cada vez que me viene, parece que el pecho se me cierra como una persiana". Yo me quedo escuchándola, con el grabador apagado y el cuaderno abierto, porque su historia resume lo que la medicina viene confirmando con números y papers: el asma no es la misma enfermedad en una nena de siete años que en una mujer de cincuenta.

Hasta la pubertad, los varones son quienes más consultan por asma y quienes más terminan internados por crisis respiratorias. A partir de la primera menstruación, la curva se cruza y ya no vuelve atrás: en la adultez, las mujeres concentran más diagnósticos, más visitas a guardias y más internacionales. Un análisis publicado este año en BMC Pulmonary Medicine, construido sobre los datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que en el mundo hay 260 millones de personas con asma, y que la carga pesa de manera desigual sobre los cuerpos que menstrúan.

Las hormonas como pieza del rompecabezas

La investigadora Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, publicó en The Journal of Allergy and Clinical Immunology un trabajo con células inmunes de pacientes con asma grave. Allí observó que el estradiol y la progesterona pueden empujar al sistema inmune a producir más IL-17A, una proteína inflamatoria que estrecha los bronquios. También registró mayor actividad de las células llamadas TH17 en mujeres con asma grave que en varones con el mismo diagnóstico. Los autores son cuidadosos: el grupo estudiado fue chico y parte del análisis se hizo en modelos animales, por lo que no se puede hablar de causalidad directa ni de regla universal.

“No se trata de genes completamente distintos entre mujeres y varones. Un mismo gen puede comportarse de manera diferente según el sexo, en interacción con factores hormonales y ambientales.”Patricia Silveyra, Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana

El ciclo menstrual es la primera gran variable. Algunas mujeres notan que, en los días previos a la menstruación, el asma se les descontrola: más tos nocturna, más silbidos al pecho, más uso del broncodilatador. Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta un 40 por ciento de las pacientes podría percibir esas variaciones, aunque los estudios disponibles no permiten cerrar una cifra definitiva. La hipótesis más fuerte apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en esa ventana del mes, que parecen aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.

  • Embarazo: la evolución es impredecible. Un patrón clínico clásico describe que alrededor de un tercio de las embarazadas con asma empeora, un tercio se mantiene estable y un tercio mejora, lo que obliga a un seguimiento personalizado en cada trimestre.
  • Menopausia: la caída abrupta de estrógenos suele coincidir con cambios en la frecuencia y la intensidad de las crisis, y con una respuesta diferente a los corticoides inhalados.
  • Peso corporal: el sobrepeso y la obesidad, más prevalentes en mujeres adultas, funcionan como un amplificador silencioso de la inflamación y dificultan el control de la enfermedad.
  • Exposición ambiental: las mujeres de manera desigual las tareas de limpieza en el hogar, con exposición frecuente a productos irritantes que pueden gatillar crisis.

Antes de cerrar la libreta, vuelvo a mirar a María Ester, que ya tiene el puff en la mano y la mirada puesta en la ventana del consultorio. "Yo antes creía que el asma era una cosa de chicos —me dice, con una media sonrisa—. Y mire, acá estoy, a los 52, aprendiendo que el cuerpo de una mujer nunca deja de cambiar el reglamento". Yo le devuelvo la sonrisa, pienso en las 260 millones de personas que conviven con esta enfermedad en el mundo, y me voy caminando por la calle de tierra de San Andrés de Giles con la certeza de que, cuando hablamos de asma, hablar de hormonas no es un dato de color: es la clave para entender por qué a ellas les cuesta más respirar.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo