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Cuando el cansancio no alcanza como explicación: la apnea del sueño que se esconde detrás del insomnio femenino

El agotamiento durante el día, los dolores de cabeza matinales y la dificultad para dormir pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño en mujeres, aun sin ronquidos fuertes. Especialistas recomiendan no quedarse con un primer resultado negativo si los síntomas persisten y prestar atención a los momentos de riesgo como el embarazo y la menopausia.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 18 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Son las siete de la mañana en un pueblo chico del interior bonaerense y María del Carmen, 52 años, ya está sentada en la mesa del desayunador con la taza entre las manos, mirando la ventana como si el día le pesara antes de empezarlo. Anoche se despertó cuatro veces, dice, y hoy otra vez le duele la cabeza desde que abrió los ojos. «Tengo un cansancio que arrastro desde hace meses, pero cuando voy al médico me dicen que es estrés, que es la edad, que estoy en la menopausia», cuenta mientras acomoda la servilleta con una calma que parece más resignación que costumbre. Lo que María del Carmen todavía no sabe es que lo que vive cada madrugada puede tener nombre y apellido médico, y que se llama apnea obstructiva del sueño, un trastorno que en las mujeres suele esconderse detrás de síntomas que parecen otra cosa.

Un trastorno que se disfraza de insomnio o de menopausia

La apnea obstructiva del sueño no siempre se presenta como uno la imagina. No hace falta roncar a los gritos ni hacer pausas respiratorias audibles para que esté ocurriendo. En las mujeres, las molestias más frecuentes suelen ser el agotamiento durante el día, el dolor de cabeza al despertar, la dificultad para iniciar el sueño o sostenerlo, los cambios de ánimo y esa sensación difusa de no descansar nunca, aunque la noche haya durado siete u ocho horas. Esas mismas manifestaciones se confunden con facilidad con estrés, con cuadros de ansiedad, con insomnio clásico o con los cambios hormonales de la menopausia, y por eso el trastorno pasa inadvertido durante años.

Las cifras que circulan en la literatura médica son elocuentes y, a la vez, preocupantes. Una revisión reciente estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico, y que alrededor del 40 por ciento no presenta las manifestaciones más reconocibles, entre ellas los ronquidos intensos y el ahogo nocturno. Es decir, cuatro de cada diez mujeres con apnea no ofrecen las pistas que los médicos suelen buscar primero. Esa brecha explica por qué tantas pacientes llegan a la consulta después de un recorrido largo por diferentes especialidades, convencidas de que el problema es otro.

Cuando los estudios iniciales no alcanzan

En la práctica, la pesquisa suele empezar con cuestionarios que cruzan datos como la edad, el peso, la presión arterial y el contorno del cuello. Esas herramientas son útiles para estimar el riesgo, pero tienden a identificar menos casos entre mujeres que entre varones. Algo similar ocurre con algunos estudios domiciliarios: pueden no registrar con precisión las alteraciones respiratorias que se concentran en la fase REM del sueño, precisamente una de las ventanas donde la apnea femenina se hace más visible.

Por eso, si el cansancio y el insomnio continúan, un resultado inicial sin alteraciones no siempre alcanza para descartar el trastorno. Lo más recomendable es repetir la consulta y, cuando el profesional lo considere necesario, avanzar hacia una polisomnografía en un centro especializado, donde se monitorean de manera simultánea la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas fases del descanso nocturno. Esa mirada completa es la que permite ver lo que en la casa no se ve.

Embarazo, menopausia y otros momentos clave

Hay etapas de la vida en las que el riesgo crece y conviene prestar más atención. Durante el embarazo, la apnea puede aparecer de novo o agravar un cuadro preexistente, y su abordaje exige coordinación entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño. Si hay una cirugía programada, corresponde avisar al equipo médico para que el trastorno quede registrado en la historia clínica. La menopausia, por los cambios hormonales que se producen, también es una ventana de mayor vulnerabilidad, sobre todo cuando se suma a otros factores como el sobrepeso o la hipertensión.

Lo que les pasa a María del Carmen y a miles de mujeres como ella no es, como a veces se escucha en una sobremesa, una exageración ni un capricho de quien no puede dormir. Es un trastorno con base fisiológica clara: la garganta reduce o bloquea de manera repetida el paso del aire, el oxígeno baja y el cuerpo responde con microdespertares que casi nunca se recuerdan. Con el tiempo, esa cadena se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, lo que vuelve todavía más importante no naturalizar el cansancio. La invitación, entonces, es a llevar el síntoma a la consulta y a no aceptar el primer «no es nada» cuando el cuerpo lleva meses pidiendo pista. María del Carmen, mientras tanto, termina su café, se levanta y mira otra vez por la ventana con la misma cara de quien durmió toda la noche sin descansar. Hoy, al menos, ya tiene un nombre posible para lo que le pasa.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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