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Cuando el western se cuenta dos veces: la rareza de Aldrich y Lancaster que pocos vieron

Un mismo filme, dos montajes y un personaje borrado del mapa: la historia oculta detrás de La venganza de Ulzana, el western de 1972 que Arturo Pérez-Reverte insiste en rescatar.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · 19 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Hay westerns que nacen dos veces, y La venganza de Ulzana es uno de ellos. Estrenada en 1972, la película dirigida por Robert Aldrich y encabezada por Burt Lancaster llegó al público con dos montajes distintos: uno supervisado por el propio Aldrich para los cines de Estados Unidos y otro en el que el protagonista metió mano directo para la distribución europea. La diferencia no es un detalle técnico: en la versión que cruzó el Atlántico desapareció por completo el personaje de Aimee Eccles, la amante indígena del hombre que Lancaster interpreta en pantalla, y el metraje apenas varía. Por eso conviven hoy dos películas que comparten título, director y elenco, pero no exactamente las mismas escenas.

Una persecución escrita a la sombra de John Ford

Yo siempre que puedo cuento esta rareza, porque ayuda a entender cómo se fabricaba un blockbuster en los setenta: el guion lo firma Alan Sharp, que reconoció sin vueltas la huella de Centauros del desierto, la obra maestra de John Ford, y quiso que ese ADN se notara en cada plano. La historia arranca cuando Ulzana escapa de una reserva donde lo maltrataron y emprende, junto a un grupo de apaches, una cadena de ataques que desata la persecución de la caballería estadounidense. En esa columna aparece McIntosh, un explorador que oficia de rastreador y que le sirve al filme para entrar en territorio comanche con la mirada puesta en el western clásico. Lancaster compone a un guía con experiencia y cicatrices, y el tono va endureciéndose a medida que la cacería se vuelve más despiadada.

Hay una frase que Arturo Pérez-Reverte repite cada vez que puede y que resume el lugar de esta película: “una obra maestra de Robert Aldrich, una película extraordinaria y muy poco conocida”. El escritor español la puso otra vez en el mapa en una de sus recomendaciones recientes, donde además señaló con nombre propio la violencia del arranque, esa escena en la que un soldado termina con la vida de una mujer delante de todos. La crítica acompañó con buenas palabras y el propio Aldrich se jactaba del resultado, pero la respuesta del público fue tibia: la película no llenó salas y durante décadas quedó como un título menor en la filmografía de su director. Hoy, gracias a la insistencia de lectores como Pérez-Reverte y al redescubrimiento del cine de Aldrich, vuelve a discutirse como lo que es: un western adulto, áspero, hecho por gente que sabía que estaba rindiendo homenaje a Ford sin copiarlo.

Tres westerns poco comunes para empezar a buscar

  • La venganza de Ulzana (Robert Aldrich, 1972), la rareza que dio pie a esta nota y que está disponible en ambos montajes.
  • Duelo en la alta sierra (Sam Peckinpah, 1962), otro título de culto con guion de Alan Sharp y Humphrey Bogart en su último papel.
  • El último pistolero (Robert Aldrich, 1955), para quedarse en la filmografía del mismo director y entender de dónde viene su mirada sobre el oeste.

Si tienen una noche libre y ganas de un western que no sea el de siempre, yo empiezo por ahí, por La venganza de Ulzana, y después sigo con cualquiera de los otros dos: los tres comparten algo que se agradece, que es tratar a los personajes como personas y no como figuras de un cartel. Después me cuentan cuál suman a la conversación, porque para mí esa es la mejor parte: discutir westerns es todavía una de las formas más bonitas de entender cómo se cuenta una historia.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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