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Cuando la gripe se complica: las señales que ningún adulto debería dejar pasar

Un infectólogo de la clínica Cleveland advierte que la mejoría seguida de un empeoramiento súbito puede ser la pista de una neumonía o una sepsis. Cuándo consultar y quiénes tienen más riesgo.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 20 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Todavía recuerdo la tarde en que, en el consultorio del pueblo, Marta, una vecina de 52 años que había venido por algo que parecía un resfrío común, me dijo al oído, mientras se acomodaba en la silla, que se sentía rara, como si le faltara el aire. Hacía tres días había empezado con fiebre y dolor de cuerpo y, aunque el jueves amaneció mejor, el viernes volvió a empeorar. Esa montaña rusa, me explicaría después el médico del pueblo, es justamente la pista que no hay que pasar por alto: la gripe a veces abre la puerta, sin que uno lo note, a una segunda infección que se instala cuando las defensas todavía están cansadas.

Mejor y peor, casi al mismo tiempo

Sentirse mejor durante un cuadro gripal y, de golpe, volver a sentir que todo va mal es un motivo suficiente para consultar sin demora. Así lo planteó Dhatri Kotekal, especialista en enfermedades infecciosas consultado por la clínica Cleveland, cuando le preguntaron por qué la gripe puede terminar en complicaciones graves. La evolución, sostuvo, importa tanto como los síntomas del comienzo.

  • Falta de aire o sensación de opresión en el pecho.
  • Labios o uñas con tono azulado.
  • Confusión repentina o desmayo.
  • Vómitos intensos o signos de deshidratación severa.
  • En menores, respiración acelerada y llanto que no se calma.
  • Reaparición o empeoramiento de la fiebre después de una mejoría inicial.

Quiénes corren más riesgo

La consulta temprana cobra especial importancia para quienes ya conviven con diabetes, enfermedades renales, cardíacas o pulmonares, u obesidad. En personas con esas afecciones previas, el deterioro puede producirse en apenas 24 o 48 horas. También presentan mayor vulnerabilidad los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. Estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo elimina: el especialista fue claro en ese punto.

Aunque la mayoría se recupera en una a tres semanas, el esfuerzo que hace el organismo para enfrentar el virus puede abrir la puerta a complicaciones serias. Kotekal señaló a la neumonía como la más habitual entre las potencialmente mortales: puede deberse al avance del propio virus hacia los pulmones o a una infección bacteriana que aprovecha el debilitamiento de las defensas.

Otra complicación que mencionó es la sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos del propio cuerpo. La gripe también puede empeorar el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y causar insuficiencia respiratoria. En pacientes con enfermedades cardíacas previas, un cuadro severo puede alterar el pulso y la presión arterial y, en los casos más graves, desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular.

La prevención como mejor herramienta

El especialista insistió en la vacunación anual como la herramienta central de prevención. Tanto la influenza A como la B pueden causar cuadros graves, por lo que el tipo de virus no descarta el riesgo individual. Si aparecen complicaciones como sepsis o neumonía, la consulta médica inmediata marca la diferencia en el pronóstico.

Vuelvo a la sala del pueblo donde empezó esta nota. Marta, la vecina de 52 años, terminó esa tarde en una guardia con una neumonía que se había instalado en cuestión de horas. La atendieron a tiempo y hoy lo cuenta como una anécdota, no como una estadística. Su historia es un recordatorio simple: cuando la gripe mejora y vuelve a empeorar, no hay que esperar al día siguiente. La consulta a tiempo, en estos casos, es la decisión que puede cambiarlo todo.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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