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Cuando operar es prevenir: la historia clínica del nódulo de tres milímetros que preocupa a León XIV

El Papa será intervenido antes de su gira latinoamericana de noviembre por una lesión diminuta detectada en chequeos de rutina. Dos especialistas argentinos explican, en diálogo con este portal, por qué se decide pasar por el quirófano cuando el hallazgo mide apenas tres milímetros y qué dicen las guías internacionales al respecto.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 4 min de lectura
Cuando operar es prevenir: la historia clínica del nódulo de tres milímetros que preocupa a León XIV

Llegué al consultorio de la doctora Ana María Putruele con una pregunta que estos días da vueltas en muchas mesas familiares: ¿cómo es posible que un nódulo pulmonar de apenas tres milímetros termine en un quirófano? La especialista me miró por encima de los anteojos, se acomodó en la silla y arrancó con una frase que me quedó sonando: "Tres milímetros no es importante. Es por prevención". La escuché, la anoté y entendí que la palabra clave de todo este asunto no es "cáncer" ni "urgencia", sino justamente esa: prevención.

La noticia cruzó el mundo hace unos días: León XIV, el Papa, anunció que será operado antes de su gira latinoamericana de noviembre por un nódulo pulmonar detectado en controles de rutina. La lesión mide tres milímetros, una cifra que en la conversación cotidiana suena insignificante pero que, como me explicó Putruele —exjefa de la División Neumonología del Hospital de Clínicas José de San Martín de la Universidad de Buenos Aires—, en el mundo de la neumonología se mira con atención clínica más que con alarma. La decisión de intervenir responde, según su lectura, a un criterio preventivo y no a una lesión de gran tamaño o comportamiento agresivo.

Qué es un nódulo pulmonar y por qué aparece sin hacer ruido

Un nódulo pulmonar es, según me lo describieron los especialistas, una formación redondeada u opacificada que aparece en el pulmón. En la mayoría de los casos se descubre de manera accidental, durante una radiografía o tomografía solicitada por otro motivo, como un estudio prequirúrgico, un control por tabaquismo o el seguimiento de otra enfermedad. Su sola presencia no equivale a un diagnóstico de cáncer, y eso es lo primero que cualquier médico aclara cuando lo encuentra en una pantalla.

El infectólogo Alejandro Garcés, jefe médico de Helios Salud, me confirmó un dato que ayuda a bajar la ansiedad: más del sesenta por ciento de los nódulos solitarios de pulmón son benignos. Muchos corresponden a granulomas, pequeñas cicatrices que dejan procesos inflamatorios previos que en su momento pasaron inadvertidos —una vieja neumonía, una infección respiratoria que uno atravesó sin darle importancia—. Otras posibilidades incluyen procesos infecciosos activos o enfermedades malignas, razón por la cual el análisis no se limita al tamaño. Garcés fue tajante al respecto: "Nunca uno puede asegurar el diagnóstico con solo la imagen".

Qué miran los médicos antes de decidir

  • El tamaño: a mayor diámetro, mayor riesgo, aunque lesiones muy pequeñas también pueden requerir intervención según el contexto.
  • La forma de los bordes: regulares o espiculados; los bordes irregulares suelen generar más sospecha.
  • La densidad: sólida, subsólida o en vidrio esmerilado, cada una con significados clínicos distintos.
  • La presencia de calcificaciones, un indicador que suele asociarse a lesiones benignas.
  • Los antecedentes del paciente: tabaquismo, exposición laboral, enfermedades respiratorias previas o antecedentes familiares.
  • La comparación con estudios anteriores: si el nódulo aparece en tomografías de años atrás sin cambios, la interpretación se inclina hacia una lesión benigna.

A la hora de avanzar, los médicos pueden pedir seguimiento por tomografía computarizada, una tomografía por emisión de positrones o una biopsia, según el tamaño y los factores de riesgo. Las guías Fleischner, que son la referencia internacional en este campo, contemplan distintas conductas para nódulos sólidos según superen o no los ocho milímetros. En el caso del Papa, con una lesión de tres milímetros, lo que se conoce hasta ahora es que el equipo médico decidió directamente la extirpación, lo que refuerza la idea de que la decisión se sostiene más en el conjunto de los factores clínicos que en la cifra aislada.

“En general, el pronóstico, si es pequeño, es bueno.”Ana María Putruele, neumonóloga

Putruele, a quien consulté en su consultorio del centro porteño, sintetizó el panorama general con esa frase. Después me aclaró, ya con la gráfica en la pantalla, que esa valoración depende de la ubicación exacta de la lesión, de las características radiológicas, del tipo de tumor si eventualmente resultara maligno y de la presencia o no de otros nódulos. Lo que quiero decir con todo esto es que el nódulo pulmonar, pese al susto que su sola mención provoca en cualquier cocina o mesa de bar, es una entidad clínica que los neumonólogos manejan a diario con criterios muy protocolizados.

Cuando salí a la calle, después de las dos entrevistas, me crucé con Marta, una vecina de Boedo de 54 años que me vio con el anotador en la mano y me preguntó de qué se trataba. Le conté lo del Papa, le dije que se trataba de un nódulo de tres milímetros, y me respondió, casi sin pensar: "Pero ¿cómo lo van a operar si es tan chiquito?". Le explained lo mismo que me habían dicho Putruele y Garcés: que el tamaño es uno de los varios factores que se miran, y que la palabra que une todos los casos es prevención. Marta se quedó pensando, asintió despacio y me dijo: "Ah, bueno, si es para prevenir...". Me despedí con la sensación de que esta noticia, que en los titulares suena alarmingante, en los consultorios se habla con mucha más calma de la que uno imagina al leerla desde el living de casa.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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