El aguante llega hasta el día 20: dos de cada tres argentinos se quedan sin margen antes de fin de mes
Una encuesta de Zentrix revela que el 76% de quienes se endeudaron en los últimos meses lo hizo para pagar alimentos, salud, tarifas y servicios, y que la presión sobre el bolsillo golpea con más fuerza a los jóvenes y a los hogares de menores ingresos.

La plata no alcanza y el crédito deja de ser una herramienta para pasar un bache y pasa a ser una obligación para llegar a la próxima quincena. Según el Monitor de Opinión Pública de Zentrix relevado entre el 25 y el 31 de agosto sobre 1.466 casos válidos, dos de cada tres personas consultadas agotan sus ingresos, como máximo, el día 20 del mes, y dentro de ese universo un 24% reconoce que el dinero se le termina a más tardar el día 10, una cifra que describe con bastante crudeza la distancia entre los sueldos que corren y los precios que vuelan.
El margen para cubrir los gastos mensuales presenta diferencias marcadas según el nivel socioeconómico y según la edad de los consultados. Entre las personas de clase baja, el 87,6% declaró que sus ingresos se agotan antes del día 20, mientras que en la clase alta esa proporción cae al 7,3%, un abismo que vuelve a poner sobre la mesa la lógica de siempre: a menor poder adquisitivo, mayor urgencia. La brecha etaria también es elocuente, porque el 83,3% de los consultados de entre 18 y 39 años no logra superar esa fecha con sus ingresos, frente al 60,3% de los mayores de 60 años, lo que confirma que la generación más expuesta al mercado de consumo es también la que más siente el tijeretazo.
El crédito se vuelve un parche para los gastos básicos
Alrededor de seis de cada diez encuestados aron haber contraído deudas durante los seis meses previos al relevamiento. Entre quienes se endeudaron, el destino más frecuente fue la alimentación y la salud, con un 55,6%, mientras que otro 20,4% recurrió al financiamiento para abonar tarifas y servicios. Sumados, esos dos rubros absorberon el 76% de los motivos de endeudamiento, un dato que habla de un país donde la tarjeta y el préstamo personal se usan más para llenar la heladera y pagar la luz que para comprar una moto o cambiar el auto.
- 87,6% de la clase baja se queda sin ingresos antes del día 20, contra 7,3% de la clase alta.
- 83,3% de los jóvenes de 18 a 39 años no supera esa fecha, frente a 60,3% de los mayores de 60.
- Alimentos y salud concentran el 55,6% de los motivos de deuda; tarifas y servicios, el 20,4% (76% en total).
- Más del 85% de la clase baja se endeuda para gastos básicos; en la clase alta esa proporción cae por debajo del 60%.
- 81,2% considera que su sueldo no le gana a la inflación; ingresos y sueldos figuran como preocupación para el 50,1%.
El comportamiento del crédito también cambia cuando se cruza con el nivel socioeconómico. En la clase baja, alimentos, salud, tarifas y servicios concentraron más del 85% de los motivos para tomar deuda, un número que muestra que en los hogares más ajustados el financiamiento no financia consumos sino emergencias cotidianas. En la clase alta, en cambio, esos mismos rubros quedaron por debajo del 60%, con una distribución más pareja entre las necesidades básicas y la adquisición de bienes durables, una diferencia que separa dos lógicas de uso del mismo instrumento.
Una percepción que mejora, aunque la cuenta no cierra
En medio de ese cuadro, los salarios ocupan un lugar central en las respuestas: el 81,2% de los encuestados considera que su remuneración no le gana a la inflación, un nivel de insatisfacción que se mantiene como tendencia estructural más allá de los cambios de gabinete o de las metas oficiales. Además, los ingresos y los sueldos fueron mencionados como preocupación por el 50,1% de los participantes, y el desempleo trepó al 40,9%, dos termómetros que confirman que para gran parte de los hogares el problema de fondo sigue siendo de capacidad de compra y no de expectativas, los ingresos y los sueldos fueron mencionados como preocupación por el 50,1% de los participantes, mientras que el desempleo alcanzó el 40,9% de las menciones, dos termómetros que confirman que para gran parte de los hogares el problema de fondo sigue siendo de capacidad de compra y no de expectativas. La última medición de julio había arrojado un 27,2% de valoración positiva de la economía personal y la de agosto subió al 29,8%, un repunte modesto de 2,6 puntos que ubica al indicador lejos de la mitad de la tabla pero que, leído en contexto, muestra que la percepción mejora aun cuando la cuenta del supermercado no termina de cerrar.
El relevamiento, realizado sobre una muestra ajustada al último padrón electoral, deja una lectura doble. Por un lado, la presión sobre los ingresos básicos se mantiene firme, especialmente entre los jóvenes y los sectores bajos, que son los que más rápido se quedan sin margen y los que más recurren al crédito para sostener el consumo elemental. Por otro lado, mejora lentamente la mirada sobre la economía personal, un movimiento que puede leerse como un rebote estadístico tras meses muy duros o como el primer indicio de que la inflación cede y los sueldos empiezan a respirar, aunque todavía seis de cada diez encuestados digan que la plata se les termina antes de que termine el mes.
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