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El apellido que se inventó la radio: la historia familiar que Toto Kirzner recuperó en una entrevista

Lo que nació como un workaround de los locutores terminó convirtiéndose en la identidad artística de Leo Schwartz. Su hijo explicó por qué eligió no sumarse a esa tradición.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Lo dice el refrán y lo confirma esta historia: a veces el destino se escribe con la torpeza de la lengua. Yo siempre supe que los nombres artísticos en el mundo del espectáculo argentino tienen ese aroma a mito familiar, a cocina de radio donde se cocinaban los sueños de varias generaciones, y la revelación que Toto Kirzner acaba de compartir me pareció de esas que merecen ser contadas con tiempo, como corresponde cuando uno quiere que el lector se acomode en la silla y entienda de qué se trata.

Resulta que el apellido Suar, ese que identifica a su padre desde hace décadas, no fue una elección ni un golpe de marketing familiar: fue literalmente un problema fonético de los locutores de radio que no lograban pronunciar Leibele Schwartz, el nombre real de su abuelo, un cantante lírico de origen judío que desarrolló su carrera entre Estados Unidos y la Argentina, grabó más de treinta discos, actuó con orquestas sinfónicas de la talla de la de Filadelfia, la de Israel y la Nacional Argentina, y se desempeñó también como actor y jazan hasta su muerte en julio de mil novecientos noventa y dos, a los cincuenta y nueve años. Su esposa, la actriz Lilian Keller, falleció en septiembre de dos mil veinte a los setenta y cuatro, después de un accidente cerebrovascular.

De Schwartz a Suar, en una sola generación

Cuando Leibele pisaba los estudios, los locutores no podían decir su nombre ni en pedo, como recuerda Toto con esa cuota de picardía criolla que heredó de su padre, y entonces empezaron a llamarlo Leo Suárez primero, después Leo Suar, y así se quedó para siempre. A su viejo le causó gracia y lo adoptó, porque era más sencillo, y construyó con él una carrera que ya es parte de la historia grande de la televisión y el teatro argentinos. Cuando Toto empezó a trabajar, su padre le sugirió usar Suar también, aunque dudaba de cómo sonaría: Mi viejo en un momento me decía Toto Suar nos queda mal, contó entre risas.

“No me siento cómodo. Usemos nuestro apellido. ¿Para qué carajo lo tengo, si no?”Toto Kirzner

Esa respuesta me parece de una honestidad que vale la pena destacar en tiempos de espejos y de marcas personales: prefirió mantener Kirzner, el apellido que figura en su documento, como sello propio, sin apoyarse en el renombre paterno. Es una manera de pararse en el escenario que, viniendo de quien viene, tiene un mérito doble, porque cargar con un apellido ilustre en la Argentina del espectáculo puede ser tanto una ventaja como una mochila difícil de llevar. Lo que me gusta es que lo cuenta sin rencor ni épica, con esa calidez de mesa de domingo que tienen las buenas entrevistas cuando uno se olvida que está frente a un grabador.

Una saga familiar que es también parte de la historia del teatro

Yo recomiendo leer la nota completa o escuchar el fragmento si lo consiguen, porque hay algo en esas historias de artistas que cambian de nombre para que el público los pueda nombrar, de radios que amasan identidades y de hijos que deciden construir las suyas propias, que nos interpela a todos los que alguna vez tuvimos que elegir entre el peso de la herencia y la libertad de empezar de nuevo. Esa es la pregunta que me llevo a casa y que, honestamente, todavía no sé cómo responder.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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