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El estornudo que no asusta: la otra cara de la alegría canina según un adiestrador argentino

Cuando un perro estornuda, casi siempre está hablando de felicidad. El adiestrador Tony Silvestre explica cómo distinguir ese gesto inocente de una señal de alerta, y por qué conocer el cuerpo del animal vale más que cualquier receta rápida.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 15 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A veces la mejor escena periodística se arma en una plaza de pueblo, con el ladrido de un perro de fondo y una vecina que no deja de reírse. Eso me pasó mientras relevaba esta nota: una perra mestiza se acercaba moviendo la cola a cada persona que entraba al parque, olfateaba con curiosidad y, en el preciso instante en que le rascaban la panza, lanzaba un estornudo corto y seco. La dueña, Marta, de 62 años, me miró y dijo, todavía riéndose: "Que no se asuste, señorita, así hace siempre que está contenta. Lo viene haciendo desde cachorra y el veterinario dice que es pura emoción". Esa imagen, tan simple, resume mejor que cualquier manual lo que el adiestrador canino Tony Silvestre repite en cada charla: cuando un perro estornuda, en la mayoría de los casos, no está enfermo, está hablando.

Y tiene sentido que a muchos dueños les tiemble el teléfono al escuchar ese sonido. Durante años se nos instaló la idea de que el estornudo es sinónimo de resfrío, gripe o alergia, y corremos a la veterinaria pensando lo peor. La realidad fisiológica, según Silvestre, es bastante más tranquilizadora. Durante los picos de excitación, ya sea el juego brusco con otros perros, las caricias prolongadas del dueño o la simple expectativa de salir a pasear, el organismo del animal acumula presión en las vías respiratorias. El estornudo aparece entonces como una válvula de escape: el perro libera esa presión y vuelve a una respiración cómoda. "Si no estornuda, significa que no te quiere", bromea el adiestrador, y la frase, aunque dicha con humor, condensa una verdad útil para cualquier convivencia.

Cómo saber si es alegría y no enfermedad

La clave está en mirar el resto del cuerpo, no solo escuchar el estornudo. Yo lo aprendí aquella tarde en la plaza con la perra de Marta: tenía la mirada tranquila, las orejas en su posición natural, la cola moviéndose sin rigidez y se dejaba caer boca arriba cada dos minutos, panza al aire, en un gesto de confianza absoluta. Son los indicadores que la medicina veterinaria reconoce como señales de bienestar. Una postura relajada, interés por el entorno, interacción serena con otros perros y apetito normal completan el cuadro. Si todo eso está, el estornudo es, casi con seguridad, lenguaje emocional.

  • Mirada tranquila y orejas en posición natural, sin rigidez.
  • Cola que se mueve con soltura, sin tensión ni temblor.
  • Postura corporal relajada, panza expuesta en señal de confianza.
  • Curiosidad activa durante los paseos y el juego.
  • Apetito y nivel de energía dentro de lo habitual para el animal.

Cuándo sí hay que encender la alarma

Ahora bien, no todo estornudo es inocencia. Hay un punto en el que la frecuencia y el contexto cambian la lectura, y conviene prestar atención. Si el estornudo se repite de manera constante, sin vínculo claro con el juego, las caricias o la emoción, y aparece junto con otros síntomas, la historia deja de ser graciosa. La falta de apetito, el decaimiento sostenido, la fatiga fuera de lo normal o una respiración agitada en reposo son banderas rojas que no conviene relativizar. También existen causas externas menores, como el ingreso de agua a las fosas nasales después de un chapuzón o de beber muy rápido, que pueden disparar estornudos puntuales sin que haya un cuadro clínico detrás. La diferencia está en la insistencia y en el acompañamiento de otros signos.

“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo.”Tony Silvestre, adiestrador canino

Volví a la plaza antes de terminar la nota, ya con el sol más bajo, y la perra de Marta seguía ahí, otra vez rodeada de gente, otra vez panza arriba, otra vez estornudando apenas le rozaban el lomo. La escena cerraba sola lo que Silvestre repite como un mantra: conocer el cuerpo del animal vale más que cualquier alarma automática. Si el estornudo aparece en medio de la alegría y el perro muestra todas las señales de estar bien, no hay motivo de consulta urgente. Si surge sin motivo aparente, se repite y se suma a cualquier cambio de ánimo o de apetito, entonces sí, la consulta con el veterinario no es opcional. Aprender a leer ese idioma silencioso que los perros usan con el cuerpo entero es, probablemente, la mejor forma de cuidarlos sin convertirlos en pacientes imaginarios.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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