El parador neuquino que pasó del invierno a la reinserción: cien historias por noche y un dispositivo que ahora no cierra
A dos meses de su apertura, el refugio nocturno atendió a 400 personas y se reconvierte en un dispositivo por etapas, con apoyo del Ministerio de Salud y un modelo copiado de Ciudad Oculta.

Son las nueve de la noche en la puerta de la Catedral María Auxiliadora de Neuquén Capital y, aunque la primavera ya se asoma entre las chapas del centro, el movimiento no afloja. Un grupo de personas en situación de calle se acerca, como cada noche, a la cita silenciosa que los organizadores del parador nocturno conocen de memoria: alguien abre la puerta del tráiler, guarda las pertenencias, y un móvil los lleva hasta el refugio. Lo que empezó como un operativo para aguantar los meses más crudos del invierno se transformó, en apenas sesenta días, en un dispositivo pensado para que esa rutina no termine cuando suban las temperaturas.
En ese tramo inicial, que cerró sus puertas como «parador de invierno» y abre ahora como refugio estable, pasaron por el lugar 400 personas y el promedio se mantuvo en torno a los cien asistentes por noche, con picos que llegaron a 120 en las jornadas más frías. Las cifras las reconstruyó el equipo a partir del cruce con el Registro Nacional de las Personas, y permiten dibujar un primer retrato de quiénes son los usuarios: el 92 por ciento son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la propia ciudad de Neuquén, lo que confirma que la problemática no responde únicamente a personas en tránsito.
De bajo umbral a la reinserción, paso a paso
La gran novedad es que el dispositivo deja de funcionar solo como un techo de emergencia y se ordena en etapas. El primer nivel, el de «bajo umbral», sigue intacto: recibe a cualquiera que llegue, tal como esté, sin pedirle abstinencia ni documentos. A partir de ahí se abren etapas de mediano y alto umbral, pensadas para quienes están en condiciones de dar un paso más, ya sea retomar el vínculo con la familia o apuntar a un empleo que les permita, en el mejor de los casos, acceder a un alquiler.
Yo misma pude ver, en una de esas madrugadas frías, cómo funciona esa lógica: una mujer de unos cuarenta y pocos, a quien los voluntarios llaman por el nombre de pila, me contó mientras esperaba el traslado que antes dormía en la vereda del Banco Provincia y que recién en las últimas semanas se animó a entrar. «No me gustaba la idea de compartir el espacio, pero hace tanto frío que una termina cediendo», dijo con una media sonrisa, mientras acomodaba una mochila que, según supe después, es lo único que lleva y trae cada noche desde el tráiler que funciona como punto de guardado junto al Hospital Bouquet Roldán.
Salud, psicólogos y grupos terapéuticos
- Atención podológica todos los miércoles, a cargo de profesionales que se turnan de manera voluntaria.
- Residentes de medicina general y odontología que recorren el refugio y atienden consultas en el lugar.
- Equipos de psicólogos con abordajes individuales, a los que se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia.
- Coordinación con el Ministerio de Salud y con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad.
El cambio de formato también trae una camada de articulaciones nuevas: el Ministerio de Salud se suma formalmente al trabajo que ya venían haciendo los equipos de salud, y la experiencia de los refugios de mediano umbral que funcionan en Neuquén —con operadores sociales que los conocen de cerca— se incorpora como puente para los usuarios que estén listos para subir un escalón. La idea, me explican en el correr de las jornadas, es que nadie quede atado al parador indefinidamente, sino que el dispositivo sea una estación en un recorrido más largo.
“Todavía hay personas que duermen en la calle y no se acercan al refugio. El acceso es voluntario: cada uno decide cuándo entrar y cuándo salir, y dentro del lugar rigen reglas de convivencia que son condición para seguir allí.”Equipo de coordinación del parador nocturno de Neuquén
Vuelvo, entonces, a la escena del principio, esa puerta de la Catedral que se abre cuando cae la noche en Neuquén. Ahora, con el termómetro empezando a subir, la rutina no se interrumpe: el tráiler sigue esperando, los móviles siguen trasladando, y cien historias por noche —a veces más, a veces menos— siguen encontrando, en ese edificio que pasó del parador invernal al refugio estable, algo que en invierno era un techo y que en primavera empieza a parecerse, de a poco, a un punto de partida.
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