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Escapadas cortas y cerca de casa: por qué un estudio australiano las asocia con mayor bienestar psicológico

Un trabajo de la Universidad de Sunshine Coast con más de 1.200 turistas encontró que las salidas breves y frecuentes también pueden mejorar la satisfacción con la vida, sobre todo en personas con menos herramientas para atravesar momentos difíciles. Los autores piden cautela: los datos son australianos y atravesaron los años de pandemia.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 21 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A veces uno no necesita tomarse un avión para sentir que le cambió la semana. Basta con subirse al auto un viernes a la tarde, manejar dos horas y llegar a un pueblo donde el río pasa lento, la gente se saluda en la verdulería y la noche tiene ese silencio que en la ciudad ya nadie recuerda. Esa sensación de soltar el cuerpo y la cabeza es la que una investigación de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, quiso poner bajo la lupa. Y lo que encontraron sus autores no hace más que confirmar, con datos, lo que muchos intuyen hace rato: las escapadas cortas y cercanas al lugar donde uno vive también hacen bien, y bastante seguido incluso mejor que las vacaciones largas y caras.

Lo que yo les quiero contar hoy, que es lo que me quedó dando vueltas después de leer el paper y charlarlo con colegas, es que este estudio pone en valor algo que en la Argentina conocemos bien: la escapada de finde largo a la sierra, el viaje relámpago a un pueblo costero o el raid a una estancia amiga. Todo eso, lejos de ser un placer menor, puede estar construyendo bienestar de verdad. La clave, según los investigadores, no estaría tanto en la duración del viaje ni en lo lejos que se vaya, sino en la frecuencia con la que uno se permite cortar la rutina.

Qué midieron y con quiénes

El equipo lo encabezó el profesor asociado Rory Mulcahy, que en su carrera se especializó en entender por qué viajamos y qué nos pasa cuando lo hacemos. Para llegar a estas conclusiones analizaron respuestas de más de 1.200 turistas australianos, recogidas en tres tandas entre 2020 y 2023. Les preguntaron con qué frecuencia hacían viajes de ocio, cuán felices se sentían, cómo evaluaban su capacidad para capear situaciones difíciles y qué tan conformes estaban con la vida en general. La idea era ver si esos cuatro indicadores se movían juntos o si el hecho de escapar de la rutina marcaba alguna diferencia.

Lo que apareció fue bastante elocuente: quienes más se beneficiaron fueron justamente los que partían de una posición más vulnerable. Me explico, y lo cito porque es un punto que me parece central: las personas que se percibían con menos recursos internos para sobrellevar adversidades fueron las que reportaron mejoras más marcadas en su bienestar después de empezar a hacer escapadas frecuentes. En cambio, en quienes ya contaban con herramientas moderadas o altas para enfrentar golpes de la vida, los cambios fueron más discretos. Como si el viaje corto actuara a modo de entrenamiento emocional para los que más lo necesitan.

Por qué puede estar pasando esto

Los autores se apoyaron en una idea clásica de la psicología positiva, esa que sostiene que las emociones agradables nos abren el abanico de pensamientos y acciones, y ayudan a construir recursos personales que quedan para después. Según Mulcahy, conocer lugares nuevos, asomarse a otras costumbres y meterse en actividades placenteras serían el terreno donde ese proceso se pone en marcha. No hace falta irse al otro extremo del mundo: con cambiar de aire, literalmente, alcanza para empezar a mover esas piezas.

  • La frecuencia de los viajes recreativos fue el dato que más se asoció con mejoras en bienestar.
  • Los efectos fueron mayores en personas con menos herramientas de afrontamiento, según su autopercepción.
  • El estudio no encontró que la duración del viaje fuera determinante: más cortas y seguidas pueden rendir tanto como las largas.
  • Los autores sugieren ofrecer experiencias con apoyo, como visitas guiadas, traslados y actividades de iniciación al aire libre.
  • Entre los ejemplos concretos figuran senderismo, kayak y escalada de nivel básico, pensados para principiantes.
  • Los investigadores pidieron prudencia: todos los participantes eran australianos y los datos se recolectaron durante la pandemia.
“Conocer lugares, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades para desarrollar recursos personales duraderos.”Rory Mulcahy, profesor asociado de la Universidad de Sunshine Coast

Esa última aclaración no es un detalle menor, y yo se la quiero dejar servida a quien esté leyendo. La pandemia atravesó los años en que se juntaron las respuestas, y eso pudo haber inflado las ganas de salir o cambiado lo que cada uno entiende por bienestar. También pesa que la muestra es toda australiana, con su idiosincrasia, sus distancias y su cultura del road trip. Antes de cantar victoria habría que ver si en la Argentina, con nuestros pueblos turísticos, nuestras rutas largas y nuestras escapadas de feriado, pasa algo parecido. Mientras tanto, lo que el estudio sugiere es una invitación más bien terrenal: no esperen a juntar plata para un viaje soñado, dense permiso de cortar la semana, aunque sea un día, y vean qué pasa. Como me dijo una vez Marta, 53 años, vecina de un pueblo serrano al que vuelvo cada vez que puedo: uno vuelve distinto, y eso siempre hace bien.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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