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Estrellas amarillas en el asfalto porteño: la advertencia que se repite en cada esquina

Familiares de víctimas del tránsito presentaron en la Legislatura una campaña que recuerda un dato incómodo: detrás de cada vehículo hay alguien que también camina. Reclaman una reforma penal y vuelven a pedir que el peatón sea el centro de cualquier política de seguridad vial.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Todavía no salgo del asombro cada vez que paso por una esquina de Flores y veo una estrella amarilla pintada sobre el asfalto. No es adorno, no es grafiti: es el nombre de alguien que ya no va a volver a cruzar esa calle. Esta semana, en la Legislatura porteña, esa imagen volvió al centro de la discusión con un argumento que parece de manual pero sigue sin instalarse: antes de subirnos a un auto, todos somos peatones. Quien maneja un vehículo de más de mil kilos enfrenta a una persona sin ninguna protección, y eso obliga a hacerse cargo de una responsabilidad que no se apaga cuando se gira la llave ni cuando se pisa el acelerador.

La desproporción que casi nadie nombra

La iniciativa la llevó adelante la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito y tuvo a Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor, como una de sus voces más fuertes. Perrone militó desde que su hijo Kevin Sedano, de 14 años, fue atropellado el 1° de mayo de 2002 en Vicente López; el conductor se fugó y el chico murió una semana después. Desde entonces recorre pasillos, escribe proyectos y acompaña a familias que todavía esperan una respuesta del Estado.

El número que repite la campaña es simple y por eso mismo interpela: un auto pesa más de una tonelada; un cuerpo humano, entre sesenta y noventa kilos. Esa diferencia convierte al peatón en el eslabón más débil de la calle y, según sostienen los organizadores, obliga a quien conduce a ponerlo siempre en el centro de la decisión: a qué velocidad entrar a una esquina, cómo anticiparse a un cruce, qué hacer cuando aparece un nene corriendo una pelota.

Qué piden en concreto

  • Una reforma penal con sanciones más severas para quienes manejan alcoholizados.
  • Mayor castigo para los organizadores y participantes de picadas en la vía pública.
  • Agravantes para el conductor que abandona a una víctima después de un atropello.
  • Tratamiento en el Congreso del proyecto que unifica esos criterios.

La campaña también recuperó el símbolo de las estrellas amarillas, esas marcas que familiares y voluntarios pintan o colocan donde alguien perdió la vida en un siniestro vial. Funcionan como memorial, como advertencia y como presión para que se debatan los proyectos que duermen en comisiones hace años. Quienes las mantienen cuentan que la estrella cumple un trabajo silencioso: el conductor que la ve a tiempo frena unos segundos, mira con más cuidado, y eso, dicen, ya es bastante.

“Antes de ponerse al volante, todos somos peatones. Esa frase parece obvia, pero se repite poco en la discusión pública.”Eje de la campaña de la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito

Cuando terminé la recorrida por la Legislatura y volví a la calle, miré las estrellas con otros ojos. La de Flores ya estaba ahí antes de que yo naciera en esta ciudad y seguramente seguirá después de que me vaya. Lo que cambia es la decisión de mirarla y, sobre todo, la de entender que el volante no es un escudo: es, en todo caso, una deuda con el que camina al lado, enfrente o en la esquina de enfrente.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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