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Finanzas domésticas en alerta: las tasas del 82% en tarjetas licúan el ingreso familiar y dejan al consumo sin aire

La suba de los intereses de tarjetas y préstamos personales reduce el margen para alquiler, alimentos y educación, mientras los hogares recalibran gastos y crecen sólo en indumentaria y esparcimiento. Un análisis de la letra chica del crédito y de las decisiones que recomiendan los economistas para no quedar atrapados por cuotas impagables.

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Norberto CattaneoCampo y producción · 31 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

El sistema financiero argentino volvió a marcar un umbral que golpea de lleno en el presupuesto de los hogares: en julio las tarjetas de crédito operaron con una tasa nominal anual cercana al 82% y los préstamos personales en torno al 66%. Para una familia tipo que ya destina una porción significativa de sus ingresos mensuales a cancelar saldos, lo que queda para alquiler, alimentos, colegios y obra social se reduce de manera concreta, mes a mes. La advertencia la formuló el economista Jorge Ingaramo, consultado sobre la dinámica del crédito al consumo en un escenario de inflación persistentemente alta y de expectativas devaluatorias que recalibran permanentemente el costo del dinero.

Dónde está parada la deuda de las familias

Dónde está parada la deuda de las familias

El stock total de préstamos a personas en el sistema financiero ronda los 51 billones de pesos, según los registros disponibles. De esa cifra, unos 23 billones corresponden a financiamiento mediante tarjetas de crédito, 21,7 billones a préstamos personales y alrededor de 6,2 billones a créditos prendarios, aquellos que se otorgan contra la garantía de un vehículo. La mora en tarjetas y en prendarios se ubica en torno al 7%, un indicador que muestra que aun con tasas prohibitivas una porción de los deudos no logra hacer frente a sus compromisos. Ingaramo sintetizó el cuadro con una imagen elocuente: una familia que destina una parte importante de sus ingresos a pagar deuda después tiene que afrontar alquiler, alimentos, colegio, obra social y otros gastos, y entonces «el día a día se queda sin plata».

El consumo de los hogares mostró en los últimos meses una mejora cercana al 2%, según los datos de la consultora que sigue la evolución del gasto. Ese crecimiento, sin embargo, estuvo lejos de ser parejo: se concentró en rubros como indumentaria y recreación, que en general se financian con efectivo o con cuotas relativamente bajas. Los bienes durables —electrodomésticos, línea blanca, vehículos, electrónica— siguen frenados porque el costo de financiarlos resulta inaccesible cuando la tarjeta cobra intereses del 82% anual y el préstamo personal se ubica dos puntas debajo. En criollo: la gente sale a comprar ropa o a comer afuera, pero no renueva el lavarropas ni cambia el auto.

“Una familia que destina una parte importante de sus ingresos a pagar deuda después tiene que afrontar alquiler, alimentos, colegio, obra social y otros gastos. ¿Cuánto le queda para consumir? Nada. El día a día se queda sin plata.”Jorge Ingaramo, economista

Dólares que no se traducen en consumo

Dólares que no se traducen en consumo

En paralelo, el ahorro en moneda extranjera de los hogares argentinos mantiene niveles elevados, pero esos dólares permanecen afuera del circuito interno y no se traducen en mayor circulación económica. Ingaramo describió la situación con un dato que consideró inédito en su carrera profesional: «Tenemos unos 2.000 millones de dólares de superávit externo por mes. Con ese nivel de generación de dólares, la economía debería estar recontra reactivada». La brecha entre esa capacidad de generar divisas y la realidad del consumo doméstico es, precisamente, la que define la frustración actual de los hogares, que ven subir el precio del dólar, conservan sus ahorros en esa moneda y, al mismo tiempo, sienten que el salario no alcanza.

  • Evitar comprometer ingresos futuros con cuotas en dólares, sobre todo en créditos hipotecarios ajustados por UVA, cuyo capital se reescribe por inflación y por el movimiento del tipo de cambio.
  • Mantener las deudas existentes en pesos antes de asumir nuevos compromisos en moneda extranjera, para no sumar dos fuentes de riesgo simultáneas.
  • Priorizar la cancelación de saldos en tarjetas de crédito, que son los que más intereses devengan y los que más rápido licúan el ingreso disponible.
  • Revisar periódicamente el límite y la tasa de cada plástico, porque varios bancos aplican condiciones distintas según el perfil de cada cliente.
  • Concentrar los gastos con tarjeta en un solo banco para negociar tasas preferenciales o paquetes de descuento por débito automático de sueldo.

Para quienes evalúan endeudarse en los próximos meses, el panorama sugiere prudencia: las tasas actuales hacen que cualquier financiamiento en pesos sea extraordinariamente caro, y las opciones en dólares, además de inaccesibles por el requisito de demostrar ingresos en esa moneda, cargan con el riesgo cambiario. Ingaramo fue terminante al desaconsejar los nuevos préstamos hipotecarios ajustados por UVA en un contexto de inflación todavía elevada y de expectativas de salto cambiario. La recomendación general pasa por ordenar los compromisos existentes, evitar nuevas cuotas en dólares y preservar el margen de maniobra del ingreso familiar hasta que el costo del crédito ceda, algo que por ahora no aparece en el horizonte cercano.

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Norberto CattaneoCampo y producción

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