Fito Páez volvió al piano en la pantalla de Pergolini y se imaginó del otro lado de la orquesta
El rosarino repasó su historia con Charly García, habló de su deseo de aprender dirección orquestal y regaló versiones al piano en Otro día perdido

Hay quienes se suben a un escenario y ya está, y hay quienes, después de décadas de subirse, todavía sienten que les falta algo por aprender del otro lado de la música. Eso fue, en el fondo, lo que dejó la visita de Fito Páez a Otro día perdido, el programa que conduce Mario Pergolini, donde el rosarino se sentó frente al piano, repasó buena parte de su historia sentimental con la música y, en el medio, confesó un capricho que a esta altura de su carrera suena casi como una declaración de principios: quiere aprender a dirigir una orquesta.
Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona, reconoció Páez ante Pergolini, en una de esas frases que parecen salidas de un manual del oficio. No era una boutade ni un comentario al pasar: el músico habló con la seriedad de quien viene masticando la idea hace tiempo, como si la batuta fuera la pieza que le falta a un rompecabezas que arrastra desde su Rosario natal, cuando todavía soñaba con parecerse a Charly y a Spinetta en la misma proporción.
La herencia de Charly, de espaldas al público
Porque de Charly García habló, claro, y mucho. Pergolini le preguntó por qué tocaba de espaldas al público en aquella gira que compartieron allá por los ochenta, y Páez arrancó como cualquier músico argentino con sentido del humor: Hay que preguntarle a Charly, dijo, con esa mezcla de complicidad y descreimiento que solo se permite alguien que conoce al personaje desde adentro. Después, ya en serio, intentó explicar lo inexplicable: aseguró que García nunca terminó de dar razones claras de aquella decisión escénica, aunque él siempre la leyó como una idea visual, una puesta en escena donde el público debía ver una melena en movimiento más que a un tecladista convencional.
De esa experiencia, Páez se quedó con lo que mejor sabe hacer un músico argentino con los maestros que le tocaron en suerte: convertirla en aprendizaje. Me sirvió porque aprendí un montón, resumió, y la frase alcanza para entender cómo funciona la cabeza de alguien que lleva más de cuatro décadas en la ruta. Pero también dejó un llamado de atención que a mí, particularmente, me dio qué pensar: contó que unos quince años atrás había armado un recital entero con canciones de García y se topó con gente que no las reconocía. La preocupación por la fragilidad de esa memoria cultural atraviesa a toda una generación de músicos, y que la diga alguien de la trayectoria de Páez le da un peso distinto.
El piano como idioma compartido
- Interpretó Al lado del camino en una versión íntima al piano, dejando entrever por qué ese tema sigue sonando fresco tantos años después.
- Cerró el programa con canciones elegidas por el propio Pergolini y por los panelistas Evelyn Botto y Agustín Soy Rada Aristarán, en un ida y vuelta poco habitual para la televisión de hoy.
- Anunció su intención de formarse en dirección orquestal, un paso que lo acercaría a ese lado del escenario que siempre miró con fascinación.
A mí, que lo sigo desde los tiempos de El amor después del amor y que cada vez que lo escucho tocar al piano siento que estoy ante uno de los grandes de nuestra música, esta visita me dejó una sensación doble. Por un lado, la alegría de verlo tan dueño de su oficio como siempre, con esa capacidad intacta de convertir una charla de televisión en un viaje por la historia de la canción argentina. Por el otro, la expectativa de imaginarlo parado frente a una orquesta, con la batuta en la mano, intentando enseñarle a una formación completa eso que él sabe hacer como pocos: convertir una melodía en una emoción compartida. Si sos de los que todavía cree que la música argentina tiene futuro, busquen cualquier versión en piano de Fito Páez en estos días y dense el gusto de escucharlo antes de que ese muchacho se nos vuelva director de orquesta.
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