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La primera comida del día y la mochila cargada: por qué desayunar marca el pulso de la escuela

Una revisión de estudios asocia la falta de desayuno con menor rendimiento escolar, aunque todavía no se pueda hablar de causalidad. Consejos prácticos de una especialista para resolver esa comida en casa sin que la mañana se vuelva una carrera contra el reloj.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 18 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Son las 7 y veinte en un pueblo chico del interior bonaerense y la cocina todavía huele a café. En la mesada, junto a la ventana, una vecina de 47 años llamada Marta revuelve una olla con avena remojada desde la noche anterior mientras revisa la mochila de su hija. La chica tiene trece años y suele salir corriendo, con el pelo todavía mojado, después de tragarse un vaso de leche tibia. Esa escena, que se repite en miles de hogares argentinos, es el punto de partida de una pregunta que vuelve cada año con el calendario escolar: qué pasa cuando los chicos y las chicas se sientan en el aula con el estómago vacío.

Lo que dicen los estudios y lo que no

Una revisión sistemática que reunió 45 investigaciones encontró que comer por la mañana puede beneficiar la atención, la memoria y la función ejecutiva en comparación con seguir en ayunas. Los resultados, sin embargo, variaron según el tipo de prueba y las características de quienes participaron, y los beneficios aparecieron con más frecuencia cuando había una alimentación insuficiente o desnutrición. En paralelo, un análisis de 24 estudios observacionales vinculó la falta de desayuno con un mayor riesgo de desempeño académico bajo. La aclaración es clave: eso no demuestra que omitir esa comida provoque malas calificaciones. También pueden influir el descanso, las condiciones económicas, la alimentación general y las rutinas de estudio, por lo que la relación todavía no puede leerse como causa y efecto.

Preparar la noche anterior para no fracasar a la mañana

Para la dietista Jennifer Hyland, de Cleveland Clinic Children’s, la organización del día anterior puede sostener el hábito y evitar que las prisas lleven a pasar toda la mañana sin comer. En la conversación con esta corresponsal, la especialista insistió en un punto muy concreto: después del ayuno nocturno aparecen cansancio, menor claridad para pensar y una lentitud física que se nota en los primeros minutos de clase. Dejar lista una parte del desayuno la noche previa es, según su mirada, la forma más realista de cuidar esa comida sin sumar tareas a una mañana que ya viene apretada.

  • Avena remojada con frutas o semillas, lista para servir.
  • Huevos ya hervidos en la heladera, listos para llevar en un tupper.
  • Fruta lavada y cortada, en envases al alcance de la mano.
  • Sándwiches de huevo congelados, que se calientan en el momento.
  • Yogur griego con granola de bajo azúcar, armado en frascos.
  • Tostadas integrales con queso o manteca, dejadas listas para tostar.

Qué conviene poner en el plato

Hyland recomienda armar el desayuno combinando proteínas y fibra, dos nutrientes que ayudan a mantener la saciedad durante varias horas. Esa combinación puede encontrarse en un huevo con una tostada integral, en un cereal integral servido con leche y fruta, o en yogur griego mezclado con granola con poco azúcar. La elección, aclara, depende de las preferencias, la edad y el tiempo disponible en cada familia. La especialista también pide moderar los productos con mucho azúcar, porque pueden dejar hambre al poco rato y provocar después un descenso marcado de energía. Y deja una advertencia que muchas veces se da por sentada: las necesidades de proteína de los más chicos no deben suponerse, ya que no existe una cantidad única adecuada para todos.

Volviendo a la cocina de Marta

Mientras termino de tomar notas, Marta acomoda la avena en un jarro térmico y le alcanza a su hija una banana que había lavado la noche anterior. Antes de cerrar la puerta, la chica se detiene, prueba una cucharada y, con la mochila todavía colgando de un hombro, le pregunta si puede repetir el menú mañana. Es un detalle menor, pero resume lo que la evidencia apenas empieza a mostrar: cuando la primera comida se vuelve algo simple y posible, la mañana cambia, el aula se recibe de otra manera y el día entero empieza a correr por otro andarivel. La evidencia todavía no define un desayuno ideal ni asegura beneficios sostenidos de los programas escolares, pero, como en esta cocina, la práctica suele anticiparse a los papers.

“Después del ayuno nocturno aparecen cansancio, menor claridad para pensar y lentitud física; por eso la organización del día anterior puede sostener el hábito.”Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children’s
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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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