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La rutina de tres pasos que puede devolverle a una persona mayor la confianza para pararse, caminar y levantarse del piso sin pensarlo

Una entrenadora con décadas de fama internacional propone movimientos simples, sin pesas ni gimnasio, que apuntan a sostener la fuerza y el equilibrio después de los 60 años y a cuidar la autonomía cotidiana.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 7 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Son las nueve de la mañana y en el pueblo todavía se escuchan las persianas levantándose de a poco. En la vereda, María Ester, 67 años, apoya las manos en el respaldo de la silla de la cocina como si fuera lo más natural del mundo, se sienta despacio y vuelve a pararse sin hacer ruido. Me mira y se ríe: «Antes tenía que agarrarme del aire para no caerme. Ahora lo hago y hasta me animo a cocinar parada sin miedo». Lo que a esta vecina le cambió la rutina no fue una medicación nueva ni un tratamiento costoso: fue aprender a ejercitarse en casa, con una silla y algo de voluntad.

Por qué la fuerza y el equilibrio se vuelven un tema después de los 60

Levantarse de una silla sin apoyarse, mantener el equilibrio al caminar o incorporarse desde el piso son acciones que, con el paso de los años, dejan de ocurrir de forma automática. La pérdida gradual de fuerza muscular, de movilidad y de estabilidad no siempre aparece de golpe: en muchos casos se hace visible cuando esas tareas cotidianas empiezan a costar esfuerzo y uno termina evitando salidas, viajes o visitas por miedo a caerse. Trabajar esos aspectos antes de que deterioren la autonomía es, justamente, el corazón de la propuesta de Denise Austin, entrenadora con décadas de trayectoria en fitness, que diseñó una rutina de tres movimientos para hacer en casa, sin gimnasio ni equipamiento especial.

La idea, en criollo, es simple: usar el propio cuerpo y una silla como única herramienta, y trabajar las funciones físicas básicas que sostienen la independencia. No se trata de buscar músculos de revista ni marcas en el espejo, sino de sostener lo que los especialistas llaman funciones ejecutivas del cuerpo: pararse, sentarse, empujarse, girar y sostenerse sobre un pie sin tambalear.

Los tres movimientos de la rutina, paso por paso

  • Toques de glúteo frente a una silla: pararse frente al asiento con los pies separados al ancho de las caderas, bajar como si uno fuera a sentarse con la espalda recta y los brazos extendidos al frente para ayudar al equilibrio, tocar apenas el asiento con los glúteos y volver a ponerse de pie. Replica una de las acciones más frecuentes del día y fortalece piernas y glúteos, que son la base de la estabilidad. Puede graduarse según el nivel: desde apoyarse completamente hasta apenas rozar el asiento.
  • Flexiones elevadas sobre una superficie alta: las manos se apoyan separadas al ancho de los hombros sobre una mesa, un banco o el brazo firme de un sofá, los codos se flexionan para acercar el pecho al apoyo y se vuelve a la posición inicial estirando los brazos, con el abdomen activo todo el tiempo. Trabaja pecho, hombros y brazos, y refuerza la capacidad de empuje que interviene en acciones como impulsarse desde una silla o recuperar el equilibrio.
  • Vacío abdominal y abdominales en V sentado: el torso se recuesta unos 45 grados en una silla, los pies se despegan del suelo con las rodillas flexionadas y las manos se apoyan al costado de las caderas. El movimiento consiste en acercar las rodillas al pecho mientras el torso avanza y luego estirar las piernas hacia adelante mientras el tronco vuelve a inclinarse. Se recomiendan 20 repeticiones y, al final, sostener la posición durante 20 segundos. Trabaja abdomen y core, con impacto directo en la postura, la protección de la espalda y la coordinación general.

Lo que se gana, lo que se cuida

Más allá del listado de músculos, lo que esta rutina pone en juego es algo que no se ve en una foto pero se nota en la vida diaria: la confianza para pararse solo del inodoro, para agacharse a buscar una olla, para subirse a un colectivo sin ayuda o para jugar con un nieto en el piso y volver a levantarse. Son gestos pequeños que, cuando empiezan a fallar, cambian el humor, las salidas y hasta la manera de relacionarse con los demás. Por eso, cuando María Ester me cuenta que volvió a hacer la plaza los domingos con su marido, entiendo que lo que entrena no es solo el cuerpo: es la posibilidad de seguir eligiendo cómo se quiere vivir después de los 60. Y todo empieza, como aquella mañana en su cocina, frente a una silla, con un movimiento que parece tonto hasta que alguien lo hace y vuelve a sentirse firme.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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