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La vida con gatos en departamentos: por qué crecen como compañía elegida por cada vez más argentinos

Una encuesta de Voices muestra que la presencia de felinos en los hogares pasó del 40% al 52% entre 2018 y 2026, en paralelo a hogares más chicos y personas que viven solas. Especialistas y rescatistas coinciden en que la autonomía felina no suple la necesidad de contacto diario.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 16 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Son las siete de la tarde en un edificio de Caballito y, mientras el ascensor sube hasta el quinto piso, del departamento de Alejandro ya se escucha un maullido corto, casi un saludo. En la puerta, Limón lo espera con la cabeza levantada y la cola en alto, y enseguida se enrosca entre los pies de su dueño antes de perderse corriendo por el pasillo hasta una repisa alta, desde donde observa todo con esa mezcla de curiosidad y calma que tienen los gatos. Bajo, en la calle, la ciudad todavía late con el ruido del colectivo y la charla de los vecinos; arriba, en cambio, la rutina es otra: más silenciosa, más íntima, y tejida alrededor de un animal al que cada vez más hogares argentinos eligen como compañía.

Yo vengo siguiendo este cambio de a ratos, en conversaciones con conocidos y en la consulta veterinaria, y lo que muestran los números termina de darle forma: según la consultora Voices, entre los encuestados argentinos que tienen mascotas, la presencia de gatos subió del 40% en 2018 al 52% en 2026, mientras que los perros, que siguen liderando, pasaron del 88% al 83% en el mismo período. No es que los perros hayan perdido terreno de manera estrepitosa, sino que los gatos crecieron en un contexto en el que las condiciones de vida de muchas personas empezaron a pedir, sin que lo digamos en voz alta, una compañía más adaptada a las casas chicas y a los horarios largos.

Departamentos más chicos, personas que viven solas y rutinas extensas

El Censo 2022 en la Ciudad de Buenos Aires dejó dos datos que ayudan a leer esa preferencia: cerca del 40% de los hogares están integrados por una sola persona y casi tres cuartas partes de las viviendas particulares son departamentos. Para Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina (AVEACA), esa combinación de personas solas, espacios reducidos y jornadas laborales que se estiran es la que vuelve a los gatos una elección especialmente funcional, aunque aclara que funcional no significa que necesiten menos vínculo.

En el refugio Proyecto 4 Patas, por ejemplo, insisten en que la vida dentro de un departamento puede ser perfectamente satisfactoria siempre que se sumen algunos elementos concretos: superficies elevadas, rascadores, piedras sanitarias limpias, propuestas que estimulen el olfato y, sobre todo, momentos cotidianos de interacción con las personas. La idea, me explican, es que la autonomía del gato no reemplaza al dueño, sino que convive con él: el animal puede pasar varias horas solo, pero sigue necesitando sentirse parte de la casa, del ritmo y de la voz de quien lo acompaña.

  • Superficies en altura para que el gato pueda observar y descansar lejos del piso.
  • Rascadores firmes y bien ubicados para evitar que use muebles o cortinas.
  • Piedras sanitarias en un lugar accesible y mantenidas con limpieza diaria.
  • Juegos y juguetes que estimulen el olfato y la búsqueda de premios.
  • Rutinas de contacto físico, caricias y juego compartido al menos una vez al día.
“Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien.”Alejandro, 27 años, dueño de Limón

Esa frase de Alejandro, que tengo la suerte de haber escuchado de primera mano mientras Limón bajaba de la repisa para investigar la mochila que yo había dejado en el piso, resume mejor que cualquier manual esa nueva convivencia: el gato no reemplaza al perro ni a otra compañía, pero tampoco es ese ser lejano y autosuficiente que durante años apareció en los prejuicios. Fernanda Lazzarino, voluntaria de Proyecto 4 Patas, me contó que en la última década se fue perdiendo la idea de que los gatos son necesariamente distantes o incapaces de adaptarse a una casa, y que existe una ventana importante entre los tres y los cuatro meses para que los felinos callejeros se familiaricen con las personas, aunque después, aun con más tiempo, la confianza siempre se puede construir.

El bienestar que ofrece la presencia cotidiana del gato

Para Muñiz, hay algo que suele pasar por alto en estos debates: la cercanía física, el ronroneo y la compañía tranquila dentro de un mismo ambiente pueden aportar bienestar real a quien vive solo o pasa muchas horas fuera de su casa. En el día a día, ese vínculo también necesita sostenerse con presencia, paciencia y gestos simples, porque la autonomía del gato no es indiferencia sino una forma distinta de estar cerca. Volviendo al departamento de Caballito, cuando me dispongo a irme, Limón ya está otra vez arriba de la repisa, mirándome desde ese borde alto de la casa que también es, a su manera, una forma de decirme que pertenece a ese lugar y a esa rutina que él, a su modo, eligió compartir.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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