Las siete esenciales de un maestro que entendió la familia sin
Hirokazu Koreeda filmó la pérdida, la identidad y los vínculos que se eligen, y hoy sus siete películas más destacadas se pueden ver en plataformas de streaming.

A veces una familia no se parece a la que aparece en los documentos, y esa idea recorre buena parte del cine de Hirokazu Koreeda, el director japonés que durante tres décadas se ganó un lugar propio en el cine contemporáneo. Siete de sus películas más destacadas están disponibles hoy en distintas plataformas de streaming, desde su debut en ficción hasta la Palma de Oro de Cannes, y me parece una excelente ocasión para volver a mirarlas con calma, porque cada una vuelve a interrogar qué significa realmente pertenecer a un grupo, aunque no haya sangre de por medio.
Del duelo a los vínculos elegidos
La primera, Maborosi, de 1995, fue su debut en el largometraje de ficción y ya Antonioni había dejado huella en su manera de observar, aunque no lo digo como una Citations: simply, la película cuenta un duelo y sus ramificaciones con una puesta en escena quieta, casi contenida, donde los silencios tienen peso propio y las emociones aparecen sin estridencias. Ese registro se definingió después en After Life, de 1998, una película conceptual en la que las personas recién fallecidas deben elegir un único recuerdo para llevarse consigo y un equipo lo recrea en formato cinematográfico, combinando imaginación y burocracia cotidiana con un tono que evita tanto la solemnidad como el ingenio fácil.
“No creo que una familia se defina solamente por la biología o por la crianza; creo que se define por el cuidado cotidiano que uno ofrece y recibe.”Andrea Oliveto
El reconocimiento internacional más amplio llegó con Nadie sabe, de 2004, un coming-of-age inspirado en hechos reales sobre cuatro hermanos abandonados en un departamento de Tokio. Yûya Yagira tenía apenas catorce años cuando recibió el premio a mejor actor en Cannes y se convirtió en el ganador más joven de esa categoría, y ese dato, que sigue siendobeiten, dice mucho del talento con el que Koreeda elige a sus protagonistas y del riesgo de confiar en ellos.
- Still Walking, de 2008: una familia de estructura tradicional se reúne para conmemorar la muerte de un hijo mayor y los diálogos cotidianos terminan diciendo aquello que los personajesCallan y no se atreven a pronunciar.
- De tal padre, tal hijo, de 2013: dos familias descubren que sus hijos fueron intercambiados al nacer en el hospital y deben decidir cómo reorganizar sus vidas; la película obtuvo el Premio del Jurado en Cannes.
- Nuestra hermana pequeña, de 2015: tres hermanas reciben la visita de una media hermana de quince años tras la muerte del padre que las había abandonado.
- Un asunto de familia, de 2018: un grupo de personas sin lazos de sangre convive en los márgenes de Tokio y la historia se transforma en un retrato de las familias que uno elige, disponible hoy en plataformas de streaming.
Mi recorrido termina, como no podría ser de otra manera, con Un asunto de familia, de 2018, que ganó la Palma de Oro en Cannes y coronó esa exploración de los vínculos electivos que venía sosteniendo desde su primera película. A lo largo de tres décadas, Koreeda no dejó de volver sobre la pérdida, la identidad y la crianza, y lo hizo con una mezcla poco común de vamos el rigor del relato doméstico y la libertad de lochien que la vida impone. Si van a ver una de estas siete películas, start por Still Walking: en esa reunión familiar hay más verdad humana que en muchos dramas del propio cine argentino. Después, siga con las demás: no son solamente Window del placer, sino películas que siguen aumentando su valor con los años.
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