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Los Russo se apoyan en Leone para devolver a Marvel al ritual de la sala

Los directores reconocieron que el western de 1968 es la brújula estética de la nueva entrega y defendieron la duración casi épica del filme

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · 4 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

"Hubo una vez un cine que convocaba multitudes alrededor de un solo tótem compartido: la pantalla grande". Si me lo permiten, arranco con esa idea que atraviesa la película fundacional del spaghetti western, porque de eso se trata precisamente lo que vienen a discutir Joe y Anthony Russo con su próxima Vengadores: Doomsday, el regreso más esperado del universo Marvel después de varios años de zigzagueos en el streaming, las plataformas y las fórmulas que no terminaron de cuajar del todo.

Un mapa de identidad que viene del oeste

Los hermanos Russo acaban de confirmar, en diálogo con AP News, que la referencia mayor sobre la que están modelando este nuevo capítulo no es un cómic ni una saga anterior del MCU, sino una obra maestra del cine de hace casi sesenta años: Hasta que llegó su hora, el western de Sergio Leone estrenado en 1968, con Charles Bronson, Claudia Cardinale, Henry Fonda y Jason Robards recorriendo ese paisaje inmenso y polvoriento donde el duelo es casi un ritual sagrado y el silencio pesa más que los disparos. Lo que les interesa no es el escenario de desierto ni los pistoleros con sombrero, sino algo más sutil y, a la vez, más decisivo para el corazón de cualquier blockbuster: el modo en que Leone conseguía que la épica no aplastara la emoción.

“Joe y yo crecimos con todo tipo de cine, pero los westerns siempre han sido muy especiales para nosotros”Anthony Russo

La comparación puede sonar desmesurada si uno piensa en superheroes de mallas volando sobre ciudades inventadas, pero los Russo insisten en que el paralelo es directo y hasta histórico: el western fue declarado muerto en incontables oportunidades, fue ridiculizado por la crítica en sus etapas de saturación, se dijo que ya no tenía nada para decir, y sin embargo volvió una y otra vez, con la misma tozudez con la que hoy Marvel insiste en convocar a la familia entera alrededor de un evento de butaca. Doomsday durará 165 minutos, casi las mismas tres horas de Leone, y los directores lo defienden como una decisión deliberada: en un mapa audiovisual donde Netflix y Disney+ dominan el consumo hogareño, la única manera de justificar el desplazamiento a un cine es ofrecer algo que en el living no se puede replicar, esa sensación compartida de ver imágenes gigantes mientras el corazón se acelera a la par del de un desconocido sentado al lado.

Hay, además, un dato que me despierta una mezcla de admiración y de sana preocupación: la producción arrancó sin guion terminado, con los propios Russo definiendo ese método como parte central de su manera de trabajar y confiando en la improvisación como motor creativo. Es el mismo vértigo que asumieron en Infinity War y Endgame, pero también la misma zona de riesgo: la diferencia entre un libreto que respira y una trama que se desborda en el montaje. Si el equilibrio que buscan entre la escala de Leone y la intimidad de sus personajes llega a la pantalla como imagino cuando cierro los ojos, vamos a estar frente a un acontecimiento cinematográfico en el sentido más clásico del término. Y si me preguntan a mí, les digo que ya reservaré mi butaca desde el primer día, no porque sea incondicional de los vengadores, sino porque la promesa de recuperar ese rito perdido de la sala llena bien vale una noche fuera de casa.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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