Madrecitas que combaten el dengue: la apuesta silenciosa de la UBA que ya recorre barrios porteños
Un equipo de la Facultad de Agronomía entrega desde 2022 peces nativos capaces de devorar hasta cien larvas de mosquito por día. La iniciativa, que ya superó los veinte mil ejemplares distribuidos, se ofrece de manera gratuita a vecinos, escuelas y organizaciones que tengan reservorios de agua difíciles de tratar.

En un tanque de plástico que el sol de la tarde calienta sobre una galería del barrio de Floresta, un cardumen diminuto se mueve entre las sombras. Son madrecitas de agua, unos peces autóctonos de no más de tres centímetros que, sin que nadie los vea, se pasan el día entero comiéndose las larvas del mosquito Aedes aegypti, el mismo insecto que transmite el dengue. En ese mismo tanque, una vecina de cincuenta y dos años llamada Marta, a quien conocí mientras recorría la zona, me contó con una mezcla de curiosidad y alivio que colocó los peces hace un par de meses y que desde entonces ya no tuvo que tirar químicos al agua que junta para regar.
Esa escena, pequeña y casi doméstica, resume una estrategia que lleva adelante desde 2022 la Cátedra de Acuicultura de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. La iniciativa trabaja con dos especies nativas, Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, conocidas popularmente como madrecitas de agua, y las entrega de manera gratuita a quien las pida para sumar un control biológico al problema del dengue.
Cómo funciona el control biológico
Cada ejemplar adulto puede consumir hasta cien larvas de mosquito por día. La clave del método está en su capacidad de adaptarse a espacios muy chicos, donde los repelentes, las fumigaciones o el clásico descacharrado no siempre llegan. Las madrecitas se acomodan sin problemas en piletas de lona, estanques, bebederos de mascotas y, sobre todo, en esos reservorios de agua estancada que las familias mantienen por necesidad y que resulta casi imposible vaciar todos los días.
“Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto
- Dos especies nativas usadas: Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, llamadas madrecitas de agua.
- Cada adulto consume hasta cien larvas de mosquito por día.
- Más de veinte mil ejemplares distribuidos entre 2024 y 2025.
- Trabajo conjunto con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO).
- Declarada de interés ambiental en la Ciudad de Buenos Aires.
Un programa universitario con llegada territorial
El proyecto funciona en el marco de UBANEX, el programa de extensión de la UBA, y se articula con la Cooperativa de Recicladores del Oeste, que colabora con la logística territorial. En lo que va de 2024 y 2025, el equipo de Agronomía repartió más de veinte mil peces entre vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias de distintos puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires, siempre a pedido y sin costo. La coordinadora Ana Paula Baldonedo explicó que cualquier persona puede solicitarlos y que el trámite es simple: alcanza con escribir a la cátedra y coordinar la entrega.
“Las personas interesadas pueden solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico.”Ana Paula Baldonedo, coordinadora del proyecto
El contexto sanitario le da a esta estrategia una urgencia que no es menor. La temporada 2023-2024 cerró en la Argentina con más de 580.000 casos confirmados de dengue y 419 fallecidos, la peor cifra registrada hasta el momento en el país, un dato que el propio equipo de la Facultad de Agronomía suele repetir para explicar por qué cada reservorio tratado, por más chico que parezca, puede marcar una diferencia. Desde la cátedra aclaran, sin embargo, que los peces no reemplazan las medidas clásicas de prevención, sino que se suman al esquema general: el descacharrado, la limpieza de canaletas, el uso de repelente y la consulta médica ante síntomas compatibles siguen siendo irreemplazables.
Antes de irme del barrio pasé otra vez por lo de Marta, en Floresta. Me miró con esa media sonrisa que solemos poner los porteños cuando algo nos parece curioso, y me dijo que lo que más le gustó fue saber que estaba haciendo algo por su familia sin gastar de más y sin envenenar el agua. Adentro del tanque, casi invisibles, las madrecitas seguían trabajando en silencio, como lo vienen haciendo desde hace años en los reservorios más inesperados de la ciudad.
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