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Más allá de la pelota: lo que la carrera de Messi les deja a los chicos en la mesa familiar

La despedida del capitán de la selección abre una ventana inesperada para que las familias conversen con los hijos sobre esfuerzo, error y trabajo en equipo. Un libro argentino ya había mapeado ese terreno antes de que el anuncio se concretara.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 3 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acomodate en la silla de la cocina y escuchame un momento, porque lo que está pasando con Messi no es solo una cuestión deSPORTiva. En pueblos como el mío, y créanme que también en los barrios más grandes de Buenos Aires, la conversación se repite desde hace días: el capitán se va de la selección y, de golpe, los padres y las madres se preguntan qué decirles a los chicos. Yo lo viví esta semana en mi propia casa, cuando mi hijo menor me preguntó, con esa honestidad brutal que tienen los pibes, si Messi se retiraba porque estaba cansado o porque ya no lo disfrutaba. Y ahí entendí que la pregunta de él era, en realidad, una invitación a hablar de muchas otras cosas.

Un libro que se anticipó a la despedida

Antes de que el anuncio se oficializara, dos autoras argentinas ya habían tomado la figura de Messi como hilo conductor para una conversación que va mucho más allá del fútbol. Verónica de Andrés y Florencia Andrés escribieron ¡Messirve!, un libro publicado por Ediciones B donde usan la trayectoria del rosarino para explorar valores aplicables a la vida cotidiana de cualquier familia. El planteo es sencillo y, a la vez, profundo: no se trata de endiosar al jugador, sino de tomar lo concreto de su carrera para hablar de perseverancia, de vínculo con el error y de la importancia del equipo.

Cuando uno se sienta a leer el material con detenimiento, aparece una idea que me parece central y que las autoras desarrollan con mucho cuidado: la diferencia entre talento y disciplina. Messi dijo en una oportunidad que ser un éxito de la noche a la mañana le llevó diecisiete años y ciento catorce días. La frase, pronunciada sin dramatismo, condensa algo que a veces se nos olvida cuando vemos a un chico prodigio en la tele: los resultados visibles tienen una historia invisible detrás, hecha de entrenamientos opacos, de lesiones superadas y de decisiones cotidianas. Para una madre o un padre que intenta explicarle a su hijo por qué la constancia importa, esa sentencia es una herramienta valiosísima.

Lo que el capitán les deja a los chicos

  • La distancia entre el talento y la disciplina: los logros visibles son la punta de un iceberg construido con años de trabajo silencioso.
  • La relación con el error: la excelencia no es perfección, sino la decisión de preguntarse cómo mejorar la próxima vez, incluso después de una derrota.
  • El peso de la familia como reguladora del estado de ánimo y como transmisora de valores como el esfuerzo y la mesura.
  • La centralidad del equipo: ningún triunfo individual se sostiene sin los que están al lado, dentro y fuera de la cancha.
  • La humildad como elección: el modo en que Messi describe a sus padres, que le inculcaron que no todo da igual, funciona como punto de partida para una charla hogareña.

Me parece importante detenerme en este último punto, porque toca una fibra muy sensible para las familias de clase media argentina. Cuando Messi habla de sus padres y de la enseñanza de que no todo da igual, no lo hace como una frase hecha: lo dice como alguien que reconoce de dónde viene y qué lo sostuvo en los momentos difíciles. Para una familia que pelea todos los días por mantener los pies sobre la tierra, esa manera de referirse a los propios orígenes puede ser una herramienta enorme a la hora de conversar con los chicos sobre el esfuerzo y la gratitud.

El vínculo con el error es otro de los ejes que más me interesa rescatar del trabajo de las autoras. Porque a veces, en el intento de inculcarles valores a los chicos, cometemos el error inverso: les transmitimos la idea de que tienen que ser perfectos para ser valorados. Lo que la carrera de Messi muestra, leído con atención, es justamente lo contrario: el capitán no ganó siempre, no jugó bien en todos los partidos, atravesó lesiones y críticas durísimas. Y sin embargo, construyó una carrera legendaria. Esa es una conversación que vale la pena dar en cualquier casa, con una taza de mate en la mano y sin apuro.

Y llegamos así al cierre, volviendo al comienzo, a esa pregunta que me hizo mi hijo menor en la cocina de casa. La respuesta, me parece, no es una sola. Pero lo que la despedida de Messi les deja a los chicos, si las familias se animan a conversarlo, es un mapa enorme de posibilidades: la chance de hablar de esfuerzo sin golpes bajos, de hablar de error sin miedo, de hablar de equipo sin grandilocuencia. El fútbol fue el vehículo, pero lo que se transmite es profundamente humano. Y a mí, como periodista y como vecina de un pueblo donde todavía se discute cada jugada del domingo, me parece que ese es el verdadero legado que vale la pena recoger en esta semana tan particular para el deporte argentino.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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