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Patricio Guzmán y la crónica en tres tiempos de un país que se quebró

El documental «La batalla de Chile» reconstruye, en tres partes y con la cámara como testigo directo, las disputes políticas y sociales que atravesaron el gobierno de Salvador Allende hasta el golpe que instaló a Pinochet.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · 16 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

"La historia es el arma que tenemos para pelear contra la mentira", escribió alguna vez Patricio Guzmán y esa convicción atraviesa de punta a punta «La batalla de Chile», la obra con la que el documentalista chileno se propuso dejar registro, en tiempo presente, del proceso que llevó al quiebre de la democracia en su país y a la instalación de la dictadura de Augusto Pinochet. La película funciona como una gran crónica dividida en tres partes que el espectador puede recorrer casi como quien hojea un archivo: «La insurrección de la burguesía», «El golpe de estado» y «El poder popular», cada una centrada en un momento distinto de aquel arco que va del gobierno de Salvador Allende al quiebre institucional de 1973.

Lo que vuelve singular a este documental es la decisión de Guzmán y su equipo de instalar la cámara ahí donde la historia estaba ocurriendo: en los pasillos del Parlamento, en las asambleas de los trabajadores, en las calles donde se multiplicaban los enfrentamientos. No se trata de una reconstrucción hecha desde el archivo, sino de un registro que combina la observación con el montaje posterior, y que por eso mismo conserva la textura de lo vivido, con sus contradicciones y sus silencios. La propuesta incluye tanto los debates institucionales como las discusiones obreras, las disputas dentro de la propia izquierda y la presión creciente de los sectores que terminaron empujando el golpe.

Un cine que se piensa a sí mismo

«La batalla de Chile» se inscribe además en una tradición que el propio Guzmán ayudó a definir: la del Tercer Cine, aquella corriente surgida en Latinoamérica que propuso formas de producción y de expresión alejadas del modelo comercial de Hollywood y que entiende al documental como una herramienta para registrar procesos históricos y pensar políticamente el presente. En ese marco, la película funciona como un documento y como una toma de posición: observa, exhibe, contextualiza, y al mismo tiempo deja al espectador con la incómoda sensación de estar mirando de cerca un país que se sabía al borde del abismo.

  • Tres partes que funcionan como capítulos autónomos: «La insurrección de la burguesía», «El golpe de estado» y «El poder popular».
  • La cámara como testigo directo del conflicto, presente en debates parlamentares, asambleas obreras y escenas de violencia.
  • Un puente entre los ámbitos de representación política y la organización concreta de los trabajadores durante el gobierno de Salvador Allende.
  • Una obra clave del Tercer Cine, la corriente latinoamericana que buscó distanciarse del modelo comercial de Hollywood y pensó al documental como herramienta política.
  • El golpe de Estado de 1973 y la posterior dictadura de Augusto Pinochet como horizonte ineludible de toda la película.

A mí, que cada tanto vuelvo a esta película, me sigue impresionando esa decisión de no explicar demasiado: Guzmán muestra los debates, las asambleas, los forcejeos, y deja que el espectador saque sus propias conclusiones sobre un país que se quebró en pocos meses. Si nunca la vieron, les recomiendo empezar por la primera parte y dejarse llevar por el vértigo de una democracia que se sabe en peligro y, sin embargo, no termina de decidirse a defenderse.

AO
Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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