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Por qué el cuerpo se siente como plomo después de entrenar y qué hacer para volver antes a la rutina

La especialista en rendimiento deportivo Athalie Redwood-Brown describe los tres mecanismos que se activan en simultáneo tras una sesión intensa y enumera las claves concretas para acelerar la recuperación sin caer en soluciones mágicas.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 4 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Son las siete de la tarde en un pueblo chico del interior y el termómetro todavía marca treinta grados. En la plaza, Marta, una vecina de cincuenta y dos años que hace tres meses empezó a caminar cuarenta minutos por día, se sienta en un banco y me dice, mientras se seca la frente con el dorso de la mano: «Termino y a la hora siguiente siento las piernas como si llevara un ladrillo atado a cada tobillo. No es dolor, es pesadez». Esa frase, que escuché esta semana mientras recorría la zona, es exactamente la puerta de entrada para entender por qué el cuerpo se siente como plomo después de entrenar y por qué la recuperación no es un tema menor ni un capricho de principiantes.

Porque, como me quedó claro al revisar el material que publicó la profesora Athalie Redwood-Brown, especialista en análisis del rendimiento deportivo de la Universidad de Nottingham Trent, esa fatiga que aparece tras una sesión de ejercicio no es un solo fenómeno ni se explica con un solo mecanismo. Es la suma de al menos tres procesos que ocurren al mismo tiempo dentro del organismo, y que conviene entender por separado para no quedarse con la idea de que alcanza con tomar un vaso de agua y listo.

Los tres frentes que se abren después de entrenar

El primero es el muscular. Las fibras que se contraen durante el movimiento necesitan partículas con carga eléctrica para activarse, y el ejercicio intenso altera ese equilibrio iónico. El resultado es que el tejido responde con menos eficacia durante un tiempo, y de ahí viene la sensación tan gráfica que describió Marta en el banco de la plaza: la de músculos que quedaron vacíos.

El segundo frente es el nervioso, lo que los especialistas llaman fatiga central. El cerebro y la médula espinal son los que envían la orden de contracción, y cuando el esfuerzo es muy alto esa señalización baja de forma transitoria. En esos casos, el músculo está, pero el sistema que lo manda a trabajar funciona con menos intensidad, y eso también se nota en el esfuerzo percibido.

El tercer frente es el energético. Los músculos queman carbohidratos almacenados como combustible, y después de una sesión prolongada esas reservas caen. A eso se suma la pérdida de agua y electrolitos a través del sudor, sobre todo sodio, que es clave para el funcionamiento normal de músculos y nervios. Si no se repone, el rendimiento baja y el esfuerzo se siente más pesado de lo que debería.

No es lo mismo estar cansado que tener DOMS

Redwood-Brown marca además una distinción que a veces se pasa por alto: la fatiga del entrenamiento no es lo mismo que el dolor muscular de aparición tardía, conocido por sus siglas en inglés como DOMS. Ese malestar puntual suele aparecer después de movimientos poco habituales o cuando se retoma la actividad tras un tiempo parado, y se asocia especialmente con el trabajo excéntrico, es decir, con el esfuerzo en el que el músculo genera fuerza mientras se alarga, como cuando uno baja una pesa en forma lenta y controlada.

Y hay otro dato que la especialista subraya y que vale la pena repetir: la fatiga posterior no distingue trayectoria. Un corredor con años de experiencia que hace por primera vez una sesión intensa de fuerza puede quedar tan resentido como alguien que recién empieza. La diferencia, en todo caso, es que el organismo entrenado tiende a recuperarse mejor y más rápido, pero no está exento del golpe.

Qué hacer para acortar la resaca del entrenamiento

Más allá de la descripción de los mecanismos, la especialista repasa un conjunto de estrategias concretas para acelerar la vuelta a la normalidad. Las resumo tal como aparecen en el material de referencia, sin agregarles nada:

  • Reponer líquidos y electrolitos, especialmente sodio, para compensar lo perdido por la transpiración.
  • Restablecer las reservas de carbohidratos consumidos durante la sesión, que son el combustible principal del músculo.
  • Dormir bien: el sueño es la vía principal que tiene el cuerpo para reparar tejidos y consolidar adaptaciones.
  • Mantener alimentación adecuada en las horas posteriores, con proteínas para la reparación muscular y carbohidratos para reabastecer reservas.
  • Distinguir entre fatiga general y DOMS, porque las estrategias de recuperación son distintas en cada caso.
  • Reconocer que la fatiga no distingue nivel de experiencia: incluso deportistas entrenados pueden quedar resentidos tras un estímulo nuevo o muy intenso.

Cierro como empecé, sentado en un banco de plaza, en un pueblo donde todavía se escuchan las chicharras al atardecer. Antes de irme le pregunté a Marta qué iba a hacer para sentirse mejor, y me dijo, con una media sonrisa: «Un buen plato de comida, una larga ducha y a la cama temprano». Sin saberlo, había resumido tres de las claves que la especialista describe. A veces la recuperación más sensata es también la más simple: dormir, comer bien y reponer lo que se perdió. Lo demás, si aparece, se trabaja con tiempo y paciencia.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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