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Río de Janeiro, arriba y abajo: cómo armar el viaje sin perderse nada

Miradores con obras, un puerto que se reinventó, terrazas con cocina de autor y cifras que confirman el momento del destino brasileño. Una guía para pisar la ciudad con los ojos bien abiertos.

EM
Estela MarconiTurismo y fin de semana · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo primero que uno hace al llegar a Río de Janeiro es buscar la línea del horizonte, esa que mezcla mar, morros y cemento en una misma franja. Y lo segundo, ya instalado, es preguntarse cómo se recorre todo eso sin perderse en el intento. La ciudad brasileña viene acaparando reservas como hacía tiempo no se veía: según Embratur, concentró el 38% de las reservas aéreas internacionales hacia Brasil en el primer trimestre de 2026, con un crecimiento del 14% frente al mismo período del año anterior. Detrás de ese número hay un mapa que vale la pena leer despacio, porque Río no es solo Copacabana e Ipanema, aunque ellas sigan siendo el corazón de la postal.

La geografía se entiende mejor desde arriba, y la ciudad ofrece dos miradores que son casi obligatorios. El Cristo Redentor se alza en la cima del Corcovado, dentro del Parque Nacional da Tijuca, a 700 metros sobre el nivel del mar. Desde esa altura, la laguna Rodrigo de Freitas, las playas, los cerros y la bahía de Guanabara entran en una sola panorámica que cuesta olvidar. Pero hay un dato operativo que cambia los planes: las escaleras mecánicas del monumento están en obras hasta mayo de 2027, el tramo final exige subir 80 escalones a pie y el cupo diario se redujo a la mitad. La reserva anticipada deja de ser un consejo para pasar a ser una necesidad, y el acceso en tren cuesta 26 dólares.

El Pan de Azúcar y la zona portuaria renovada

El Pan de Azúcar propone otra lectura. Se sube en los bondinhos, esos teleféricos que hacen escala en el Morro da Urca antes de llegar a los 396 metros de altura. Desde la cima, Botafogo, Copacabana y la bahía de Guanabara se ordenan en una perspectiva distinta a la del Corcovado, más íntima, más hacia adentro del golfo. Pocos kilómetros al norte, en la zona portuaria, el Boulevard Olímpico muestra la cara moderna de la ciudad: la renovación urbana que transformó el frente costero a partir de los Juegos Olímpicos de 2016 dejó espacios peatonales, museos e intervenciones artísticas que invitan a caminar sin apuro. En la Praça Mauá se levanta el Museu do Amanhã, inaugurado en 2015 con diseño del arquitecto Santiago Calatrava, un edificio que ya de por solo justifica la visita y que propone un recorrido sobre el futuro del planeta, la sustentabilidad y el cambio climático.

  • Cristo Redentor: cima del Corcovado, 700 metros sobre el nivel del mar, tren con reserva anticipada, obras hasta mayo de 2027.
  • Pan de Azúcar: ascenso en bondinho con escala en el Morro da Urca, 396 metros de altura, vista hacia Botafogo y la bahía de Guanabara.
  • Boulevard Olímpico y Praça Mauá: frente costero renovado tras los Juegos de 2016, con el Museu do Amanhã como ancla cultural.
  • Gastronomía: rooftop Xian con cocina asiática y japonesa en el centro; L'Étoile, cocina francesa del chef Jean Paul Bondoux en Leblon; Bene, pastas, pescados y mariscos en el mismo sector.

La mesa es otra forma de entrarle a Río, y la oferta viene con nombre y apellido. En el centro, el rooftop Xian ofrece cocina asiática y japonesa con vista a la ciudad, ideal para una primera noche. En Leblon, sobre la Avenida Niemeyer con acceso directo al Atlántico, L'Étoile trabaja cocina francesa bajo la conducción del chef Jean Paul Bondoux, vinculado al restaurante desde 2014, una apuesta de fine dining con la brisa del mar como telón de fondo. El italiano Bene completa la recorrida del mismo sector con pastas, pescados y mariscos que justifican una cena larga, de esas que se estiran hasta que la mesa queda vacía y el vino, también.

A la hora de moverse, conviene tener presente que las distancias en Río se miden en barrios y en atravesar túneles, no solo en kilómetros de ruta. El aeropuerto internacional conecta con la zona sur en trayectos que promedian los 30 minutos según la hora del día, y la combinación de metro, taxi y aplicaciones resuelve cualquier punto del recorrido sin mayores complicaciones. El clima, tropical y húmedo, pesa a la hora de planificar: entre diciembre y marzo las lluvias son frecuentes y las temperaturas superan los 30 grados, mientras que el invierno austral, de junio a agosto, ofrece días más secos y templados que muchos visitantes prefieren.

Un cierre a la altura de los morros

Me gusta pensar Río como una ciudad que se lee en capas, y cada capa necesita su tiempo. La del Cristo Redentor, con sus escaleras mecánicas en obra y sus 80 escalones que ahora hay que subir a pie, es la capa del esfuerzo que vale la pena. La del Pan de Azúcar, con sus bondinhos suspendidos sobre el mar, es la capa del asombro quieto. La del Boulevard Olímpico, con el Museu do Amanhã como punto de partida, es la capa del futuro que la ciudad eligió para presentarse al mundo. Y la de Leblon, con L'Étoile y Bene como direcciones concretas, es la capa que se degusta despacio, con los pies casi sobre el Atlántico. Si todavía no armaste el viaje, este es un buen momento para empezar a hacerlo: las cifras están, los atractivos están, y la ciudad, como siempre, espera con los morros dibujados contra el cielo.

EM
Estela MarconiTurismo y fin de semana

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