San José, la puerta entrerriana donde el agua caliente, el vino y la historia se cruzan en una misma escapada
A cinco minutos del casco histórico, Termas San José propone 12 piscinas y un pase eno-termal con beneficios en bodegas. El Molino Forclaz, un parque con tirolesa y los viñedos de los inmigrantes completan una visita al sudeste de Entre Ríos, sobre el río Uruguay.

Cuando uno cruza la costa del río Uruguay y entra a San José, lo primero que aparece es el verde manso de los palmares y el perfil de un molino quieto contra el cielo. Esa imagen abre la jornada y, en pocos kilómetros, resume lo que ofrece esta localidad del sudeste de Entre Ríos: descanso termal, tradición vitivinícola y una historia ligada a la inmigración europea. Forma parte de la región turística Tierra de Palmares y se ubica entre Colón y Villa Elisa, dentro del circuito termal que recorre el corredor del río Uruguay.
Empezar por el Molino Forclaz
Para organizar las actividades, una de las alternativas más recomendadas es arrancar por el Museo Provincial Molino Forclaz. Su predio de cinco hectáreas conserva la vivienda familiar y el molino de viento que Juan Bautista Forclaz mandó construir para moler trigo y maíz. Como los vientos de la zona no alcanzaban, la familia debió volver al sistema de molienda impulsado por mulas, un detalle que los guías cuentan con paciencia durante la visita. En algunas fechas se suman representaciones a cargo de vecinos, y durante el verano se realizan recorridos nocturnos iluminados con velas, faroles y candelabros. Conviene chequear el calendario antes de elegir cuándo ir.
Termas, vino y un paseo por el río
A apenas cinco minutos del casco histórico, Termas San José se hace cargo del descanso. El complejo dispone de 12 piscinas y sectores desde los que se observa el curso del río Uruguay. El establecimiento detalla que su pase de experiencia eno-termal incluye acceso a las piletas, un área exclusiva de relajación, batas, toallas y un tratamiento facial de vinoterapia en Spa Acqua Termal. También suma vino entrerriano acompañado por tapeo regional en el restaurante Entre Fuegos, una parada perfecta para almorzar sin moverse del complejo.
La propuesta incorpora, además, una visita guiada gratuita a Bodega Vulliez Sermet y beneficios en otros establecimientos de la zona, incluido el alojamiento entre viñedos de Los Franco Suizos. La tradición vitivinícola local se remonta a los inmigrantes que llegaron a la Colonia San José a mediados del siglo XIX, y entre las variedades que aparecen en la producción de la zona se mencionan Pinot Noir, Chardonnay, Tannat y Marselan. Una manera concreta de entender por qué el vino es parte del paisaje y no un accesorio.
Movimiento y compras en el pueblo
Para quien quiera sumar movimiento, Molino Aventuras ofrece palestra, tirolesa, puentes aéreos, escaleras móviles y mangrullo, una opción pensada tanto para grandes como para chicos. Otra alternativa es pasar por el Centro Municipal de Artesanos, donde se encuentran trabajos en cerámica, madera, cuero y lana. Y para completar el día, el paseo urbano se concentra alrededor del casco histórico, con sus casas bajas, sus veredas anchas y la calma de los pueblos ribereños, ideal para caminar sin apuro antes de volver a las piletas o sentarse a tomar algo al atardecer.
- Recomendación para comer: restaurante Entre Fuegos, dentro del complejo Termas San José, con tapeo regional y vino entrerriano incluidos en el pase eno-termal.
- Kilómetro de ruta: San José está a 5 minutos del casco histórico desde Termas San José, y forma parte del corredor del río Uruguay junto a Colón y Villa Elisa, en el sudeste de Entre Ríos.
- Horario sugerido: arrancar por la mañana en el Museo Provincial Molino Forclaz, pasar el mediodía en Termas San José con el almuerzo en Entre Fuegos, y reservar la tarde para Molino Aventuras o el Centro Municipal de Artesanos.
A San José se vuelve, sobre todo, por esa sensación de tenerlo todo a mano: el agua caliente, el vino de la zona y la historia de quienes llegaron desde Europa y dejaron un molino, un viñedo y un pueblo entero como herencia. Vale la pena guardarlo para una escapada de fin de semana y dejarse llevar por su ritmo lento, con la promesa de que el río Uruguay va a estar siempre ahí, al fondo, mientras uno descansa.
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