Segundo caso de hantavirus en Neuquén: el pueblo que se quedó en vilo mientras la vigilancia se extiende contacto por contacto
Una persona identificada como vínculo estrecho del joven fallecido a principios de mes dio positivo y quedó internada en Zapala. La variante que circula en la Patagonia es la única del mundo con contagio documentado entre humanos, lo que mantiene en alerta al sistema sanitario.

Volví a Zapala esta semana y la sensación es la de un pueblo que contiene la respiración. En la sala de espera del hospital, una vecina me cuenta en voz baja que el segundo caso confirmado de hantavirus en la provincia suena distinto al primero, porque esta vez no se trata de alguien que estuvo en el monte, sino de una persona que convivió con el paciente inicial. Marta tiene 54 años, conoce a la familia desde siempre y dice, mientras acomoda un bolsito sobre las rodillas, que acá todos se cruzan en algún momento con todos, y que por eso el operativo sanitario se vive como algo personal.
El Ministerio de Salud de Neuquén confirmó que una persona identificada como contacto estrecho del primer paciente del año dio positivo en el seguimiento preventivo. El Laboratorio Central de la provincia validó el diagnóstico y el paciente quedó internado en el Hospital Zonal de Zapala, donde permanece en estado estable. Se trata de un avance del protocolo que la Dirección Provincial de Epidemiología mantenía activo desde el fallecimiento del caso índice, ocurrido a principios de este mes.
Una variante que no se parece a ninguna otra
Lo que vuelve particularmente delicado a este brote es la variante que circula en la región. En la Patagonia argentina, especialmente en Neuquén, Río Negro y Chubut, está presente la variante Andes Sur, que es la única del mundo en la que se ha documentado de manera sostenida la transmisión entre personas. Esa posibilidad, poco frecuente en otros hantavirus del planeta, ocurre cuando hay convivencia o exposición muy estrecha durante las primeras etapas de la enfermedad, y fue justamente lo que activó la búsqueda activa de contactos.
El primer caso fue un trabajador rural de la Región del Pehuén, de 26 años, que ingresó al Hospital de Aluminé con fiebre por encima de los 38 grados, dolores musculares, dificultad respiratoria y dolor abdominal intenso. Su cuadro se agravó con velocidad y murió en la terapia intensiva de Zapala tras un paro cardiorrespiratorio. Según la directora del Hospital de Aluminé, 15 personas fueron aisladas de manera preventiva desde el inicio del brote, y todas quedaron bajo seguimiento estricto.
Cómo se transmite y por qué este caso preocupa de manera especial
- La forma habitual de contagio es por inhalación de partículas contaminadas con saliva, heces u orina del ratón colilargo, el reservorio típico de la zona andina.
- Los espacios cerrados y mal ventilados concentran el mayor riesgo, sobre todo galpones, cabañas o habitaciones que permanecieron cerradas por mucho tiempo.
- El síndrome cardiopulmonar empieza con fiebre, dolores musculares y dolor de cabeza, síntomas fáciles de confundir con otras infecciones, pero puede avanzar rápido hacia insuficiencia respiratoria grave.
- La transmisión entre personas es poco común a nivel global, pero está documentada para la variante que circula en la Patagonia, lo que obliga a extremar el aislamiento de los contactos estrechos.
- La recomendación central es ventilar al menos 30 minutos cualquier espacio cerrado antes de entrar y evitar barrer en seco, porque el movimiento levanta las partículas contaminadas.
El operativo que reconstruye cada vínculo
Después de confirmarse el primer fallecimiento, el equipo de Epidemiología reconstruyó paso a paso los contactos del paciente desde los días previos a la internación. Se trata de un trabajo minucioso, que incluye entrevistas a familiares, compañeros de trabajo y vecinos, y que busca identificar a cualquiera que haya estado expuesto en el momento de mayor transmisibilidad. Los contactos que aún no presentaron síntomas continúan en aislamiento domiciliario estricto, con seguimiento diario que combina vigilancia activa y pasiva, y la provincia garantiza que cualquier aparición de fiebre, dolor muscular o decaimiento se canaliza de inmediato por el sistema de salud.
En el pueblo, la preocupación se mezcla con una sensación conocida: la de haber aprendido a convivir con un riesgo que no se ve. Marta me lo dice antes de irse, en la puerta del hospital, con la luz de la tarde cayendo sobre la calle todavía tranquila: 'Acá sabemos lo que es el colilargo, sabemos que hay que ventilar las piezas y no entrar así nomás a un galpón. Lo que nos cuesta es que esta vez el virus pasó de una persona a otra, y eso cambia todo'. Regreso al mismo banco de la plaza desde el que empecé la recorrida, y mientras anoto sus palabras pienso que, en pueblos como este, la vigilancia epidemiológica nunca termina de ser un trámite: se vive, se conversa y se cuenta, vínculo por vínculo, hasta que el operativo se cierra.
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