Seychelles en clave práctica: granito, bosques de palmas gigantes y bicicleta para recorrer las islas
Cómo llegar desde Buenos Aires, cuánto cuesta moverse y qué visitar en Mahé, Praslin y La Digue, las tres islas que concentran buena parte del viaje.

Hay lugares que se reconocen por el color de sus rocas antes que por cualquier otra cosa. En Seychelles, las playas de granito antiguo parecen talladas a mano, y entre la arena aparecen tortugas gigantes que cruzan los caminos con una calma que contagia. Yo llegué pensando en el mar y me fui pensando en la tierra, en ese bosque que es Patrimonio de la Humanidad y en la sensación de que casi la mitad del territorio está protegida como reserva natural.
Mahé, la puerta de entrada
Todo viaje al archipiélago empieza en Mahé, la isla más grande, donde está el aeropuerto internacional y Victoria, una de las capitales más pequeñas del mundo. Se recorre en una mañana, sin apuro. El mercado central merece una parada especial, sobre todo los sábados, cuando los pescadores acomodan atunes, pargos y pulpos desde temprano y los puestos de canela, vainilla y especias llenan el aire de un perfume que cuesta olvidar.
En el interior, el Parque Nacional Morne Seychellois cubre buena parte de la isla y llega a los 905 metros de altitud. La caminata a Copolia dura algo más de una hora y termina en una cúpula de granito, con plantas carnívoras en las grietas y una vista panorámica al mar que justifica cada paso del sendero.
Presupuesto orientativo
- Fábrica de té de Morne Blanc: alrededor de 3,50 dólares.
- Degustación de ron artesanal en la destilería Takamaka: 9 dólares.
- Excursión que combina ambas visitas: unos 200 dólares por persona.
- Vuelo en avioneta a Praslin: desde 120 dólares por tramo.
- Catamarán a Praslin: desde 65 dólares.
- Entrada al Vallée de Mai: 31 dólares.
- Alquiler de bicicleta en La Digue: desde 7 dólares.
Praslin se alcanza en apenas quince minutos en avioneta o en una hora en catamarán. Allí está el Vallée de Mai, un bosque de 19 hectáreas donde crece la palma de coco de mar, cuya semilla puede pesar hasta 25 kilos. Cerca, Anse Lazio sorprende con arena fina, granito rosado y un agua que cambia de color según las nubes. La Digue, a quince minutos en ferry desde Praslin, tiene apenas diez kilómetros cuadrados y casi no tiene autos, así que la bicicleta es la forma natural de llegar a Anse Source d'Argent.
Si uno se detiene en la mesa, la cocina del archipiélago cuenta la historia de las islas: curry de pulpo en leche de coco, pescado con salsa criolla de tomate, cebolla y jengibre, y ladob, la banana cocida en leche de coco con azúcar y vainilla. Para empezar a entenderla, el mercado de Victoria es el mejor punto de partida. Espero que este recorrido te sirva para planificar el viaje y que, cuando llegues, te tomes el tiempo de mirar cada playa como si fuera la primera.
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