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Silo cierra su tercera temporada defendiendo las licencias que se tomó sobre los libros de Hugh Howey

Graham Yost salió a explicar por qué la serie de Apple TV+ toma distancia de la trilogía original y qué lugar le da a un público que nunca leyó las novelas

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

"Un libro te deja hacer cosas que un libro hace muy bien. Y una serie de televisión te deja hacer cosas que una serie de televisión hace muy bien." Esa frase, que el guionista y productor Graham Yost suele repetir cuando le preguntan por las adaptaciones, vuelve a cobrar sentido con el final de la tercera temporada de Silo, la apuesta distópica de Apple TV+ basada en la trilogía de Hugh Howey que acaba de cerrar su último capítulo en la plataforma.

Lo primero que hay que entender para meterse en esta conversación es que adaptar una novela nunca es un calco: es una traducción a otro lenguaje, y por el camino se pierden cosas y se ganan otras. Yost lo sabe mejor que nadie porque lleva años al frente de este proyecto, y en las últimas declaraciones recogidas por la prensa especializada reconoció sin reparos que la serie se aleja de manera consciente del material escrito. Lo dijo casi como quien defiende un oficio: su trabajo, junto con un equipo creativo muy grande, consiste en convertir esa historia en algo que funcione en pantalla, y eso obliga a tomar decisiones que la página en blanco nunca tuvo que enfrentar.

Una protagonista que el libro ya no necesita

El ejemplo más discutido por los lectores está en esta tercera entrega: la serie mantuvo en escena a la protagonista que el público ya conoce, aunque el segundo libro, que sirvió de base para estos episodios, prescinde de ese personaje durante buena parte de la trama. Para Yost, quitarla habría sido un sinsentido televisivo: una serie necesita sostener los lazos emocionales que arma con su audiencia temporada tras temporada, y cortar de raíz uno de esos vínculos habría debilitado el conjunto. Es la clase de concesión que un novelista puede tomarse sin que nadie le reclame, pero que en una producción con presupuesto, elenco estable y público acostumbrado a seguir carreras de personajes resulta casi inviable.

Lo notable es que Howey no solo no se quejó: avaló cada movimiento desde el primer día. Y lo hizo por una razón que tiene más que ver con su historia personal que con la industria editorial. El escritor viene de la cultura de la ficción de fanáticos, de esos mundos donde miles de autores amateurs se cruzan, se citan y se reescriben unos a otros en plataformas. Esa tradición lo acostumbró a concebir su propia obra como un territorio abierto, un punto de partida más que un monumento intocable. "Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia", resumió Yost. "Siempre ha apoyado que cada uno aporte sus propias ideas."

Hay algo que me gusta especialmente de cómo Yost encara las críticas, y es que no se hace el desentendido. Admite que amigos que leyeron los libros lo llaman para señalarle que la versión televisiva se alejó muchísimo del texto, y responde con una mezcla de orgullo profesional y paciencia: sí, amigo, ese es mi trabajo, convertir esto en una serie de televisión. Detrás de esa respuesta hay una idea de fondo que atraviesa toda adaptación y que a veces se pierde en los debates de los fans: la fidelidad absoluta es imposible cuando cambian los códigos, y pretender lo contrario suele terminar en postales frías que ni emocionan ni convencen. Silo, con sus licencias y todo, construyó algo que mucha gente sigue cada semana sin haber abierto un solo libro, y eso también es parte del contrato con el público.

Si todavía no se animaron a verla, mi recomendación es esta: empiecen por la primera temporada sin googlear nada, déjense llevar por el misterio del subsuelo y por la pregunta que sostiene toda la serie desde el primer capítulo. Y si ya leyeron los libros, váyanla a ver como lo que es: una lectura propia, a veces discutible, a veces brillante, de un mundo que en la página pertenece a Howey pero que en la pantalla también es, legítimamente, de Yost.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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