The Gentlemen vuelve a la carga: Eddie Horniman ya no quiere pedir permiso
La segunda temporada de la serie de Guy Ritchie lo muestra al mando del imperio de cannabis, peleando con Bobby Glass y midiéndose con la mafia italiana que interpretan Sergio Castellitto y Michele Morrone.

Yo tuve un maestro que me decía que el poder es como un vaso de whisky en una noche larga: al principio te calienta, después te nubla y, si no paras a tiempo, terminás arrastrándote por un campo embarrado sin recordar cómo llegaste ahí. Eso es exactamente lo que le pasa a Eddie Horniman en la segunda temporada de The Gentlemen, que ya está disponible en Netflix y que llega con la promesa de ser más oscura, más ambiciosa y bastante menos gentil que su primera entrega.
La serie retoma a Theo James como el Duque de Halstead, un aristócrata que debutó casi por casualidad en el negocio del narcotráfico y que ahora, tres meses antes de aparecer malherido en ese campo de barro del que habla el opening, está decidido a expandir el imperio de cannabis de la familia Glass más allá del Reino Unido. Para eso, Eddie se mueve en un terreno pantanoso: el cannabis legal que ya es industria, la política británica que le abre o le cierra la puerta según el humor del Parlamento y los acuerdos cada vez más riesgosos con actores del crimen internacional.
Bobby Glass, Susie Glass y la herencia que pesa
Uno de los ejes de la temporada es la tensión con Bobby Glass, el patriarca del clan, al que vuelve a interpretar Daniel Ings. Bobby está más preocupado por su despertar espiritual que por modernizar el negocio, y eso choca de frente con las ambiciones de Eddie y de Susie Glass (Kaya Scodelario), la hija del magnate que cada vez tiene una opinión más fuerte sobre cómo deberían conducirse las cosas del lado de Halstead. La serie muestra cómo Eddie empieza a entender que sus modales de duque, los mismos que le abrieron muchas puertas, también se leen como debilidad cuando uno acumula este tipo de poder.
La mafia italiana entra a la cancha
Para ampliar el mapa criminal, Guy Ritchie metió dos piezas nuevas que le dan una dimensión europea bien marcada: el mafioso italiano Marco Moretti, al que compone Sergio Castellitto, y su colaboradora Cico Maldini, interpretado por Michele Morrone, el actor que se hizo conocido con 365 Días. La dupla trae una cuota de imprevisibilidad y obliga a Eddie a negociar en italiano, algo que, por lo que se ve en los nuevos episodios, no estaba en el manual del buen aristócrata inglés.
Ritchie mantiene la marca de la primera temporada, esa mezcla de violencia estilizada, humor muy negro y una puesta en escena que parece sacada de una película de los noventa, pero esta vez todo está al servicio de una pregunta que recorre los ocho episodios: ¿cuánto puede transformarse una persona antes de que el precio de esa transformación sea irreversible? Se los digo de corazón: si les gustó la primera, dense una vuelta por esta. Si no la vieron todavía, aprovechen que están los dos ciclos juntos y empiecen por el principio, porque el viaje de Eddie Horniman se entiende mucho mejor cuando uno lo ve de a, o, mejor dicho, de duque a dueño del barro.
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