Un número para medir todo lo que el cuerpo y la mente todavía pueden hacer
La capacidad intrínseca es un indicador que reúne cinco dimensiones del funcionamiento humano y que la OMS formalizó en 2015. Especialistas de distintos países trabajan para convertirlo en una herramienta de uso cotidiano en los controles de personas mayores.

Soy Claudia Peralta, escribo desde un pueblo del interior donde todavía se conoce a cada vecino por el nombre de pila y por la edad que cumplió el último verano. Acá, cuando alguien pasa los setenta, lo primero que se pregunta no es qué enfermedad tiene, sino qué puede seguir haciendo: si camina hasta la plaza, si escucha la radio de la cocina, si tiene ganas de sentarse a charlar después del almuerzo. Esa misma lógica, la de medir lo que una persona mayor todavía es capaz de hacer en lugar de la enfermedad que ya le diagnosticaron, es la que puso en marcha hace una década la Organización Mundial de la Salud con un concepto que empieza a ganar lugar en la investigación sobre envejecimiento: la capacidad intrínseca.
Se trata de un puntaje único que combina cinco dimensiones del funcionamiento humano: la cognición, la locomoción (es decir, la fuerza y la movilidad), la capacidad sensorial, que incluye visión y audición, el bienestar psicológico y la vitalidad, entendida como la energía general y la tolerancia al estrés físico. La idea es sencilla de explicar y, a la vez, ambiciosa: en lugar de medir enfermedades por separado, se observa cómo se desempeña el organismo en conjunto. John Beard, profesor de envejecimiento productivo en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia y uno de los impulsores del concepto, lo resume con una frase que me parece clave: "Incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, aún podemos detectar cambios en su capacidad."
Cinco dimensiones medidas como un solo indicador
- Cognición: memoria, atención y velocidad de procesamiento, evaluadas con tests breves de detección de deterioro cognitivo.
- Locomoción: fuerza y movilidad, medidas con pruebas ya clásicas en geriatría como la velocidad al caminar y la fuerza de agarre.
- Capacidad sensorial: visión y audición, dos sentidos cuya pérdida suele pasar desapercibida pero limita la autonomía.
- Bienestar psicológico: estado de ánimo y presencia o no de síntomas de depresión o ansiedad.
- Vitalidad: energía general, nivel de fatiga y tolerancia al esfuerzo físico, un componente que muchos especialistas consideran el más revelador.
Lo que me interesa destacar, y acá viene lo que más me acercó al tema cuando lo investigué, es que varias de esas pruebas no son nuevas. La velocidad al caminar, la fuerza de la mano al apretar un dinamómetro o los tests cognitivos breves ya se usan hace años en consultorios geriátricos. Lo verdaderamente nuevo, lo que cambia la perspectiva, es combinarlos en un índice único y, sobre todo, seguir su evolución a lo largo del tiempo. Eso permite, según explican los especialistas, pensar en intervenciones mucho antes de que aparezcan problemas serios, cuando todavía no hay enfermedad declarada pero la persona empieza a funcionar un poco peor que el año anterior.
En Francia se está llevando adelante un ensayo en el que adultos mayores completan cuestionarios periódicos sobre su capacidad intrínseca y, a partir de los resultados, reciben recomendaciones personalizadas. Si el puntaje baja, el sistema los deriva a un médico generalista o a un especialista en geriatría para pruebas adicionales. Es un mecanismo parecido al que aplican acá ciertos centros de salud con los controles de pacientes crónicos, solo que adaptado a la medición del funcionamiento global. Los resultados, según aclara el material que tuve a la vista, todavía no son concluyentes, pero la experiencia ya está en marcha.
En paralelo, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Salud de Estados Unidos financia un programa que busca demostrar que la capacidad intrínseca refleja con fidelidad cómo se siente y funciona una persona en su vida cotidiana, y que ese indicador puede mejorar tanto con intervenciones tan simples como un programa de ejercicio como con fármacos existentes que se están probando como posibles tratamientos para el envejecimiento. Aunque el indicador todavía no forma parte de los controles médicos de rutina, varios ensayos clínicos en curso buscan validarlo como herramienta de seguimiento y, más ambicioso aún, como criterio para aprobar medicamentos dirigidos al proceso de envejecer y no a una enfermedad puntual.
Vuelvo al pueblo donde empecé esta nota. La vecina que me recibió, Marta, de 74 años, me dijo algo que me quedó dando vueltas mientras escribía: "Yo no quiero que me digan lo que me duele, quiero que me digan lo que puedo hacer." Esa frase, que no es textual del material de investigación sino de una charla en mi pueblo, resume bastante bien el espíritu de un indicador que pretende correr la mirada médica desde la enfermedad hacia la vida que todavía se puede seguir viviendo. Si la capacidad intrínseca logra instalarse en los consultorios con la fuerza con que se la está estudiando, el control de salud de los mayores dejará de ser una lista de dolencias para empezar a ser, también, un mapa de capacidades. Y eso, para una generación que quiere envejecer haciendo cosas, no mirando desde una silla, cambia bastante las reglas del juego.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Un decodificador cerebral logra activar el movimiento en lesiones medulares

Ludopatía: científicos advierten cómo el diseño de las tragamonedas impacta en el cerebro
