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Una porción diaria de arándanos puede ser una aliada silenciosa contra la presión alta

Nutricionistas y cardiólogos de universidades de Estados Unidos coinciden en que una taza de esta fruta, fresca o congelada, aporta compuestos que relajan los vasos sanguíneos, ayudan a controlar el colesterol y estabilizan la glucosa en sangre.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 31 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

Apenas amanece en el pueblo y el sol todavía pega bajo sobre las veredas, Marta Romero, una vecina de 53 años que desde hace tres convive con hipertensión, entra al kiosco de la esquina y pide una bandeja de arándanos congelados. Yo antes pensaba que eso era un lujo de verano, me dice mientras acomoda la bolsa en el changuito. Pero ahora sé que me hace bien, y como se consiguen todo el año, no hay excusas. Su caso, sin proponérselo, resume el corazón de esta nota: una fruta chica, oscura y muchas veces olvidada en la dieta diaria, podría estar haciendo más por la salud cardiovascular de los argentinos de lo que solemos creer.

Yo misma, mientras preparaba esta nota, me quedé pensando cuántas veces pasamos por la góndola de los congelados sin detenernos. Y sin embargo, las investigaciones que repasaron investigadores de centros médicos estadounidenses vienen diciendo hace rato que los arándanos son bastante más que un postre.

Lo que esconden los arándanos detrás de su color

El tono oscuro, casi violáceo, que distingue a esta fruta viene de un grupo de compuestos llamados antocianinas. Según le explicó a este portal Ashlee Bobrick, nutricionista dietista registrada del Ohio State University Wexner Medical Center, esas moléculas estimulan en el organismo la producción de óxido nítrico, una sustancia que facilita la relajación y la apertura de los vasos sanguíneos. Cuando las arterias se relajan, la sangre circula con menor resistencia y la presión tiende a bajar. Es, si se quiere, un mecanismo chico pero cotidiano, que se activa cada vez que alguien se sienta a desayunar con un bowl de arándanos.

A eso se suma la fibra. Una taza de arándanos aporta alrededor de cuatro gramos de este nutriente, una cifra que ayuda a acercarse al consumo diario recomendado. Durante la digestión, la fibra fermenta en el intestino y genera ácidos grasos de cadena corta que llegan al torrente sanguíneo, donde participan en la regulación de la presión arterial. Bobrick agregó que esa misma fibra ayuda a mantener estable la glucosa en sangre y a reducir el colesterol LDL, dos variables que están directamente emparentadas con la salud del corazón.

  • Relajan los vasos sanguíneos gracias a las antocianinas y el óxido nítrico.
  • Aportan fibra que regula la presión, el colesterol y la glucosa.
  • Mejoran la función endotelial, es decir, la elasticidad de las arterias.
  • Sirven tanto frescos como congelados, porque conservan sus propiedades activas.
  • Una taza por día es suficiente para obtener los beneficios documentados.

El ojo del cardiólogo y el papel del endotelio

Parveen Garg, cardiólogo de Keck Medicine de la Universidad del Sur de California, puso el foco en un punto que suele quedar fuera de la conversación: el endotelio, esa capa finísima de células que recubre el interior de los vasos sanguíneos y regula su elasticidad. Cuando ese revestimiento funciona bien, el control de la presión arterial resulta más eficiente. Estudios previos ya habían observado mejoras en la función endotelial con el consumo habitual de arándanos, lo que para Garg los vuelve una herramienta sencilla dentro de cualquier estrategia preventiva.

“Para quienes ya tienen resistencia a la insulina o varios factores de riesgo cardíaco, el beneficio se amplifica, porque la presión elevada suele venir acompañada de otras alteraciones metabólicas, y un alimento con varios efectos potenciales gana valor dentro de una dieta equilibrada.”Parveen Garg, cardiólogo de Keck Medicine de la Universidad del Sur de California

Los especialistas consultados coinciden en algo que, para mí, es la gran noticia: una taza diaria, ya sea de arándanos frescos o congelados, alcanza para cosechar los beneficios. La versión congelada, aclaran, conserva las propiedades activas, lo que vuelve más accesible el hábito durante todo el año. Bobrick incluso mencionó que el consumo regular también se asocia con menor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas, entre ellas algunos tipos de cáncer y trastornos neurodegenerativos, aunque advirtió que esos hallazgos son parte de líneas de investigación todavía en desarrollo.

Cuando terminé de leer los estudios y las entrevistas, volví a pensar en Marta, la vecina del kiosco. Esas bandejas de arándanos congelados que ella guarda en el freezer ya no son un capricho: son, en el fondo, una decisión cotidiana y bastante económica para cuidar el corazón. Y esa es, quizá, la mejor manera de cerrar esta nota: con la imagen de una mañana de pueblo, una mujer de 53 años eligiendo una fruta que la mayoría deja pasar, y la confirmación de que, a veces, lo que parece chico pesa mucho.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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