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Duelo sin cerrar: la culpa y el resentimiento que pesan después de una muerte

La terapeuta Yuli de Sosa y el sacerdote Edwin Baños explican por qué el dolor no siempre se resuelve con el paso del tiempo y qué sostiene la culpa de quienes sobreviven.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 2 min de lectura
Duelo sin cerrar: la culpa y el resentimiento que pesan después de una muerte

Hay frases que se dicen con la mejor intención después de un velorio y que, para quien carga el dolor por dentro, no alcanzan. "Está en un lugar mejor" o "el tiempo lo cura todo" suenan reconfortantes desde afuera, pero no siempre acompañan el proceso interno de quien perdió a alguien cercano. La terapeuta familiar Yuli de Sosa señaló que entender en el plano racional que la muerte forma parte de la vida no suprime las reacciones emocionales que deja una pérdida concreta.

Entre la razón y la emoción

Según explicó De Sosa, el duelo implica un diálogo permanente entre la emoción y la razón. Hay que aceptar que la persona ya no está físicamente, pero también reconocer que sigue presente en la memoria, en los aprendizajes y en los vínculos que dejó. Cuando alguien suprime la tristeza y muestra hacia afuera que ya superó la pérdida, mientras por dentro el dolor sigue activo, puede aparecer lo que se conoce como duelo no resuelto.

“Hay que dejar vivir la emoción de la tristeza, no suprimirla.”Yuli de Sosa, terapeuta familiar

La culpa que no se va

La culpa es una de las cargas más frecuentes después de una muerte. El sacerdote Edwin Baños señaló que aparece incluso en quienes acompañaron a un familiar enfermo o anciano de manera constante. La sensación de que siempre se pudo haber hecho más es habitual y se intensifica cuando hubo distancias, llamadas que nunca se hicieron, visitas postergadas o conflictos que quedaron abiertos. Esa sensación puede volver en fechas significativas o en las visitas al cementerio, sin que el tiempo la disuelva por completo.

Cuando la muerte fue por suicidio, la culpa adquiere otra dimensión. De Sosa describió las preguntas que suelen quedar entre quienes sobreviven: si hubo señales previas que no se vieron y si una intervención a tiempo podría haber cambiado el desenlace. Según la terapeuta, esas preguntas difícilmente se silencian solas.

Resentimiento hacia quien ya no está

El resentimiento también puede quedarse instalado hacia alguien que ya murió. Baños diferenció entre guardar un recuerdo con afecto y cargar con heridas vinculadas a conflictos familiares que no llegaron a resolverse. En ese marco, planteó que el perdón puede funcionar como una manera de soltar lo que pesa sobre quien sigue vivo, más que como un gesto dirigido a quien ya no está.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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