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Golpes que sacuden la imagen de uno mismo: por qué la mayoría sale adelante y a una minoría le cuesta

Un estudio de la Universidad de Zúrich siguió durante seis meses a más de mil adultos que habían atravesado pérdidas laborales, rupturas o duelos. Los hallazgos muestran que la autoestima tiende a recuperarse, pero ciertos factores personales y sociales pueden trabar ese proceso.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Todavía resuena en el aire la pregunta de Marta mientras acomoda la mesa del comedor, en un pueblo del interior bonaerense donde los días parecen largos y las novedades tardan en llegar. Tiene 53 años, dos hijas grandes y un currículum que durante treinta la definió: cajera en el supermercado de la esquina, hasta que un día le dijeron que no la necesitaban más. Lo que más la golpeó no fue la plata, asegura ella mirándome a los ojos, sino esa sensación de que de pronto uno deja de ser quien era. Esa madrugada me acosté y pensé: si no sirvo para esto, ¿para qué sirvo?, me dice, y la frase queda flotando entre nosotros como si todavía tuviera peso.

Lo que le pasó a Marta es exactamente lo que la psicología llama una caída brusca de la autoestima, y lo que viene después, esa reconstrucción lenta y silenciosa, es lo que un equipo de la Universidad de Zúrich decidió investigar con un detalle pocas veces visto. Publicaron en 2026 un estudio en el que siguieron durante 24 semanas a más de mil adultos alemanes que habían atravesado un episodio adverso en las seis semanas previas: la muerte de un ser querido, una separación, la pérdida de empleo, el fin de una amistad o la reprobación de un examen. Cada participante completó cinco evaluaciones a lo largo del período y respondió cuestionarios de personalidad y de autoestima.

La buena noticia que arrojó el seguimiento

La conclusión más importante del trabajo es casi una invitación a la calma: solo el 11% de los participantes mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el seguimiento. La inmensa mayoría, incluso quienes habían arrancado en situaciones muy desfavorables, fue mejorando con el paso de los meses. Los investigadores lo explican con dos palabras que suenan simples pero tienen peso propio: habituación y adaptación. O sea, el organismo psicológico, igual que el cuerpo, suele aclimatarse al golpe y empezar a buscar un nuevo equilibrio.

Pero la aclaración que los propios investigadores hacen, y que vale la pena no perder de vista, es que no todos los eventos negativos se viven de la misma manera. El estudio identificó que la recuperación depende de varios mediadores: el peso emocional que cada persona le asigna a lo que le pasó, el grado de control que siente tener sobre la situación, el impacto que tuvo en su posición social y si modificó su visión del mundo, por ejemplo, si lo convenció de que la vida es injusta.

Factores que traban la recuperación

Hay dos grandes llaves que explican por qué a algunos les cuesta mucho más salir del pozo. La primera es la personalidad. Las personas con altos niveles de neuroticismo, es decir, quienes tienden a interpretar los cambios desde una perspectiva negativa, mostraron mayor dificultad para recuperarse. Ese rasgo puede alimentar la rumiación, la preocupación constante y la tendencia a concluir que un mal resultado dice algo definitivo sobre el propio valor, una trampa cognitiva bastante frecuente.

La segunda llave tiene que ver con el tipo de pérdida. El trabajo de Zúrich encontró que la pérdida de empleo y el fin de una amistad fueron los dos eventos con mayor asociación a la dificultad para reconstruir la autoestima. Las separaciones de pareja, en tanto, afectan de manera particular cuando se viven como rechazo, porque cuestionan de manera directa la sensación de ser querido. Y la edad, como dato esperanzador, apareció como un factor protector: las personas mayores mostraron mejor recuperación, probablemente porque acumulan más experiencias previas de haber sorteado golpes similares.

  • Solo el 11% de los más de mil adultos seguidos durante seis meses mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el estudio.
  • La pérdida de empleo y el fin de una amistad fueron los eventos con mayor asociación a la dificultad para reconstruirse.
  • Las personas con altos niveles de neuroticismo tienden a rumiar y a interpretar los fracasos como definitorios de su valor.
  • La separación de pareja golpea especialmente cuando se vive como rechazo, porque pone en cuestión la sensación de ser querido.
  • La edad funcionó como factor protector: los adultos mayores mostraron mejor recuperación que los más jóvenes.

Vuelvo a Marta antes de cerrar esta nota, como empecé. La encuentro de nuevo en la cocina de su casa, esta vez con un delantal nuevo y una sonrisa que no le había visto la primera vez. Conseguir un reemplazo, me cuenta, no fue fácil ni inmediato, pero algo cambió adentro antes de que cambiara algo afuera. Yo siempre digo que la peor parte no fue quedarme sin trabajo, sino los primeros meses, cuando me levantaba y no sabía quién era sin ese uniforme puesto, me dice. Hoy, mientras sirve el mate y me mira de frente, uno entiende que el estudio de Zúrich no hace otra cosa que confirmar lo que esta mujer de 53 años aprendió a fuerza de tiempo: que la mayoría de los golpes a la autoestima se curan, aunque duelan, y que mientras tanto hay algo parecido a una paciencia interna que va haciendo el trabajo silencioso de volver a armarnos.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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