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San Pedro, el pueblo del Caribe donde se llega en avioneta y se anda en carrito de golf

Sobre el Cayo Ambergris, a 15 minutos de vuelo o una hora y media en ferry desde Ciudad de Belice, esta localidad concentra playas, salidas de snorkel y excursiones al Gran Agujero Azul. Un recorrido paso a paso para organizar la estadía sin perderse nada.

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Estela MarconiTurismo y fin de semana · 23 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A veces uno cruza medio continente y termina en un pueblo donde los autos no existen y todos circulan en carrito de golf. Eso es San Pedro, enclavado sobre el Caribe beliceño, en el Cayo Ambergris, y a mí me sigue pareciendo una de las imágenes más simpáticas que recuerdo de mis últimos viajes. Imaginate llegar después de un vuelo largo, subirse a una avioneta de catorce asientos y, en apenas quince minutos, avistar una franja de arena bordeada de agua turquesa. Eso es lo que pasa cuando se elige la vía aérea desde Ciudad de Belice, con la línea Tropic Air como protagonista del tramo final.

Dos formas de llegar, una sola decisión

Para quien prefiera ir mirando el agua y tomarse el viaje con más pausa, existe la alternativa del ferry: una hora y media de navegación desde Ciudad de Belice hasta el muelle de San Pedro. Ambas opciones son válidas y el cuerpo lo agradece de distinta manera. El vuelo es rápido y práctico; el ferry permite ver cómo el paisaje cambia, cómo el verde se espesa y el mar cambia de color. Yo me inclino, si el bolsillo lo permite, por combinar ambas: llegar en avioneta y volver en barco, o viceversa. Es una manera de completar la experiencia sin repetir tramo.

El pueblo, los carritos y la mano del arrecife

San Pedro no es una ciudad, es un pueblo con alma de pueblo. Las calles son cortas y se cruzan a pie sin esfuerzo, sobre todo el centro, donde conviven restaurantes, tiendas y puestos de artesanías. Lo que más llama la atención es la ausencia de vehículos a motor: todo se mueve en carritos de golf, incluidos los traslados del equipaje y los taxis locales. La sensación es de calma permanente, de un ritmo que va al compás del mar.

Justo frente a esa costa se extiende la Barrera de Coral de Belice, un sistema de unos 300 kilómetros que forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano y que la Unesco declaró Patrimonio Mundial en 1996. La laguna que genera protege la costa del oleaje fuerte y concentra una fauna marina que sorprende incluso al viajero más leído.

Tres excursiones para entender el mar

  • Reserva Marina de Hol Chan y Shark Ray Alley: la salida clásica. La navegación termina en un corte del arrecife donde el snorkel permite ver corales, tortugas, peces tropicales y, si hay suerte, tiburones nodriza y rayas. Desde la cubierta, además, suelen verse delfines.
  • Gran Agujero Azul: el sumidero submarino de 300 metros de diámetro y 120 metros de profundidad, rodeado de coral, con paredes verticales, estalactitas y estalagmitas en su interior. Para los buzos certificados es una inmersión memorable; para el resto, existen vuelos panorámicos que lo muestran desde el aire.
  • Secret Beach: la jornada de playa pura, con arena blanca y agua tranquila. La propuesta gastronómica, entre las 17 y las 20, recorre seis puestos de comida típica con camarones en salsa de coco, ceviches, empanadas de pescado y los famosos fry jacks, unas piezas fritas esponjosas que bien podrían definirse como primas hermanas de nuestras tortas fritas.
EM
Estela MarconiTurismo y fin de semana

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