Dulce de membrillo en la mochila: un combustible útil que no alcanza solo para cruzar la meta
Una preparadora física y una corredora de endurance cuentan, desde un pueblo del Valle de Traslasierra, qué aporta y qué le falta al clásico dulce de membrillo cuando se busca energía para correr muchas horas bajo el sol.

Son las siete de la mañana en Villa Las Rosas y todavía no salió el sol. En la plaza San Martín, donde los jacarandaes todavía están florecidos, Marta Aguirre, de 52 años, termina de guardar en un bolsillo del mochila hidratación seis trozos de dulce de membrillo envueltos en papel film. "Llevo el membrillo de toda la vida, el que me hace mi cuñada en Cosquín, porque es lo que me calma el hambre cuando se hace largo", me dice mientras acomoda los elásticos de las zapatillas. Esa imagen, la de un alimento hogareño metido en un equipo de running, es la mejor forma de empezar a entender de qué hablamos cuando alguien dice que el dulce de membrillo puede servir como combustible para carreras largas.
La idea es atractiva y tiene una base real: el dulce de membrillo aporta carbohidratos de rápida absorción y, por su sabor dulce y su textura compacta, resulta palatable cuando el cuerpo empieza a pedir azúcar. Pero, como me explicó la licenciada en Nutrición y preparadora física Daniela Bustos, de 41 años, que trabaja con corredores de trail en las sierras de Córdoba, "el membrillo no es un gel ni una barrita: es un alimento, y como tal hay que leerlo". En otras palabras, sumar dulce de membrillo a la estrategia de carrera puede sumar energía, pero no reemplaza por sí solo el resto de la alimentación ni la hidratación.
Qué tiene un trozo y por qué hay que pesarlo
El punto de partida, coinciden las especialistas, es saber cuántos carbohidratos tiene cada porción. En las geles y barritas deportivas la información viene por unidad; en el dulce de membrillo, en cambio, la composición cambia según la receta, sobre todo si es casero. Por eso, un trozo cortado a ojo puede tener más o menos azúcar que un gel comercial, y eso obliga a calcular. "Si uno come un pedazo de cuarenta gramos y la preparación tiene más fruta que azúcar, el aporte de carbohidratos es distinto al de un gel que dice tener veintidós gramos", resume Bustos.
Para actividades que superan la hora, la referencia más repetida en la bibliografía internacional es consumir entre 30 y 60 gramos de carbohidratos por hora, con ajustes individuales según la tolerancia intestinal, la intensidad y el clima. La Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva y la Asociación Dietética Británica coinciden en que incorporar carbohidratos puede mejorar el rendimiento cuando el ejercicio intenso pasa la hora. Ese número sirve como norte, no como receta única: hay corredores que toleran bien sixty por hora y otros a los que les cae mal a los cuarenta.
Probar antes, no improvisar durante
Acá aparece un punto que Marta Aguirre repite como un mantra: "Todo lo que llevo en la mochila lo probé antes en los entrenamientos, sino no lo llevo". La tolerancia digestiva durante el esfuerzo es tan importante como el aporte calórico. Una mezcla de membrillo, avena y frutos secos puede funcionar como desayuno o como merienda post entrenamiento, pero puede resultar pesada mientras se corre, sobre todo con calor. La fibra y las grasas enlentecen la digestión y favorecen molestias gastrointestinales cuando el esfuerzo es exigente. Cantidad, temperatura ambiente e intensidad también influyen.
- Porciones pequeñas y frecuentes suelen tolerarse mejor que un gran trozo de golpe.
- El calor y la humedad enlentecen la digestión: conviene reducir el tamaño de cada trozo.
- Alternar con geles o gomitas puede ayudar a cubrir los gramos de carbohidratos por hora sin saturar el estómago.
- Probar siempre la combinación elegida en un entrenamiento largo antes de llevarla a una carrera.
El membrillo no calma la sed ni repone sales
Hay un dato que se repite en todas las consultas y que Marta aprendió a la fuerza en la edición 2023 de un cruce de sierras: el membrillo no reemplaza el agua ni aporta sodio. Durante varias horas bajo el sol, la pérdida de electrolitos por sudor puede ser significativa, y eso obliga a pensar la hidratación junto con la alimentación. "Yo corro con dos soft flask: una con agua y otra con sales, y aparte el membrillo", cuenta Aguirre. En carreras de más de dos horas, sobre todo con calor, esa estructura es la que sostiene el rendimiento.
Y después de cruzar la meta, el dulce tampoco hace todo el trabajo. La recuperación completa necesita, según el esfuerzo y el tiempo hasta la próxima sesión, proteínas para reparar el músculo, líquidos para reponer lo perdido y minerales. El membrillo puede aportar una parte de la energía, pero no construye solo la ventana de recuperación. Por eso, la mejor forma de incluirlo en una estrategia de carrera es verlo como un combustible más, útil y sabroso, que se combina con geles, sales, líquidos y una comida posterior bien pensada.
Vuelvo a la plaza de Villa Las Rosas, ya con el sol pegando fuerte sobre los jacarandaes. Marta termina de atarse las zapatillas, se acomoda la mochila al pecho y, antes de arrancar, mira los seis trozos de membrillo que guardó prolijos en el bolsillo lateral. "Si me conocen en el puesto de agua del kilómetro doce, ya saben que voy a pedir el membrillo antes que el gel", me dice con una sonrisa. Esa mezcla de memoria familiar y planificación deportiva es, tal vez, la mejor síntesis de lo que hay que entender cuando se lleva un alimento hogareño a una carrera larga: sirve, pero no alcanza solo.
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