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Cortisol: la hormona que el cuerpo necesita y que las redes quieren convertir en enemigo

Detrás de los cócteles detox, las caras de cortisol y los diagnósticos caseros que inundan las redes, hay una hormona clave para la supervivencia. Endocrinólogos consultados aclaran qué hace, cuándo preocupa y por qué no hay que intentar bajarla por las buenas.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 5 min de lectura
Cortisol: la hormona que el cuerpo necesita y que las redes quieren convertir en enemigo

Son las siete de la mañana en un pueblo chico del interior santafesino y todavía se nota el frío del invierno. En la puerta de su casa, mientras espera que el termo tome temperatura, Marta, 52 años, me cuenta que una hija le mandó por WhatsApp un video que dice que tiene "la cara de cortisol" y que por eso no puede bajar de peso. "Yo le contesté que ni sé qué es eso, pero me quedé pensando", me dice, y se ríe con la resignación de quien sabe que algo de cierto puede haber, pero también sospecha que le están vendiendo una solución mágica.

El cortisol volvió a instalarse en la conversación pública de la mano de las redes sociales, los reels de madrugada y los supuestos diagnósticos exprés. Pero la endocrinología tiene una mirada bastante más serena sobre esta hormona, y vale la pena repasarla, porque la diferencia entre alarmarse y ocuparse está en entender cómo funciona.

Qué es y para qué sirve

El cortisol es una hormona que producen las glándulas suprarrenales, esos pequeños órganos que tenemos apoyados sobre los riñones. No está ahí de adorno: participa en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; ayuda a mantener la presión arterial dentro de valores razonables; modula la respuesta inflamatoria y la respuesta inmunitaria; y también cumple un papel central en el ciclo de sueño y vigilia. Sus niveles alcanzan los valores más altos entre la madrugada y la mañana temprana y van bajando a lo largo de la tarde y la noche. A ese dibujo diario se lo llama ritmo circadiano y es, en gran medida, lo que nos permite despertar con energía y dormir de noche.

Ante una situación puntual de estrés, el cuerpo reacciona con un aumento transitorio del cortisol. Eso es esperable y no constituye ninguna enfermedad. María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, lo ilustra con un ejemplo que muchos reconocerán: si alguien se mide el cortisol justo antes de rendir un examen, es probable que el resultado dé más alto de lo habitual, y eso forma parte de la adaptación fisiológica al estrés, no de una patología.

Cuándo sí hay que preocuparse

El problema clínico real tiene nombre propio: síndrome de Cushing. Se produce cuando el cuerpo está expuesto durante mucho tiempo a niveles excesivos de cortisol, y una de sus marcas más claras es la alteración del ritmo circadiano: los valores de la hormona pueden ser tan altos por la tarde o por la noche como a la mañana. Esa situación, subrayan los especialistas, no tiene nada que ver con las variaciones normales ni con el estrés cotidiano de trabajar, discutir con alguien o dormir mal una noche.

Lo que circula en redes y lo que dice la ciencia

En paralelo, los hashtags sobre "niveles de cortisol" y "cómo reducirlo" acumulan millones de visualizaciones en distintas plataformas. Los contenidos que más se viralizan prometen, entre otras cosas, identificar la llamada "cara de cortisol", eliminar la grasa abdominal sin esfuerzo o curar el cansancio crónico con una bebida preparada en casa. Mallea Gil es bastante directa al respecto: "Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico."

  • El "cortisol cocktail": es la preparación más difundida. Se hace con jugos naturales, sales y, en algunas versiones, suplementos. Aunque sus ingredientes suelen ser seguros para el consumo, no existe evidencia científica que respalde que tenga algún efecto específico sobre las glándulas suprarrenales ni sobre los niveles de la hormona. La endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, lo calificó como "una exageración" en el mejor de los casos.
  • El "cortisol detox": la idea de que hay que "desintoxicarse" del cortisol parte de un error de base. El cortisol no es una toxina: es una hormona que el cuerpo produce y regula de manera natural todos los días.
  • Los diagnósticos por selfies: las supuestas "caras de cortisol" que muestran videos y posteos no se corresponden con criterios médicos. La hinchazón del rostro puede tener múltiples causas, desde retención de líquidos hasta problemas renales o tiroideos, y solo un profesional puede orientarlo.
  • Bajar el cortisol a fuerza de voluntad: intentar reducir una hormona que cumple funciones vitales puede ser, en sí mismo, un problema. La clave no es "bajar el cortisol", sino identificar si hay un desequilibrio real.

La recomendación de fondo que repiten los especialistas consultados es bastante sensata: antes de modificar la dieta, comprar suplementos o sumarse a cualquier tendencia viral, lo razonable es consultar con un profesional de la salud. Un análisis de sangre pedido por un médico, interpretado en contexto clínico, es la única manera de saber si los valores de cortisol están dentro de lo esperable o si, efectivamente, hay algo que merece atención.

Vuelvo a la puerta de la casa de Marta, en ese pueblo chico del interior santafesino, donde la mañana ya empieza a entrar en calor. Le pregunto qué va a hacer con el video que le mandó su hija. Se queda pensando un momento y me dice, con la misma calma con la que cebaba el primer mate: "Nada. Voy a preguntarle a la médica cuando me toque el control, y si me dice que está todo bien, sigo con mi vida". Tal vez, en esa frase, esté la mejor síntesis posible de lo que la ciencia viene tratando de explicar hace rato: el cortisol no es un villano de moda, sino una pieza clave del cuerpo, y a las modas se las trata con información, no con jugos exprés.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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