Diez cuadras de fila por cuarenta puestos: la postal del empleo que preocupa en el conurbano
Una distribuidora de Ezeiza recibió a cientos de postulantes antes de las ocho de la mañana. El caso reaviva el debate sobre la precariedad laboral en el sur del conurbano y la dificultad de acceder a un primer trabajo registrado.

El operativo que la distribuidora Cabaña Santa Marta había previsto como una jornada más de selección de personal terminó convertido en un símbolo del momento que atraviesa el mercado laboral en el conurbano sur: antes de las ocho de la mañana, más de diez cuadras de personas se extendían sobre la calle Reconquista, en el partido de Ezeiza, a la espera de entregar un currículum para competir por uno de los alrededor de cuarenta puestos que la empresa había anunciado en sus redes sociales.
La convocatoria, difundida principalmente por Instagram y Facebook, pedía a los postulantes presentarse desde las ocho con documento de identidad, currículum impreso y un formulario disponible en línea. Ante el caudal de gente, la firma aclaró que entregaría copias en papel durante la fila para que nadie quedara afuera por no haber podido completar el trámite digital. La iniciativa buscaba, según relataron los organizadores, garantizar igualdad de condiciones entre quienes tenían acceso fluido a internet y quienes no.
Una fila que arrancó antes del amanecer
Varios de los asistentes contaron que la hilera empezó a armarse durante la noche previa. A la hora pactada, la cola ya desbordaba las diez cuadras y se extendía más allá del alcance visual del local. Gran parte de los postulantes llegó desde localidades vecinas como Tristán Suárez, El Jagüel, Luis Guillón, Carlos Spegazzini y Esteban Echeverría, en algunos casos acompañados por amigos o familiares que se turnaban para sostener la espera.
La franja etaria fue muy amplia. Se veían jóvenes de entre 18 y 20 años que buscaban su primer empleo formal, personas con experiencia previa en atención al cliente, cocina, construcción y comercio, y trabajadores con trayectorias informales que aspiraban a un puesto registrado, con aportes, aguinaldo y cobertura médica. Una estudiante de enfermería explicó que necesitaba un ingreso para solventar la cursada; un joven de 18 años, que pasó por la construcción, la cocina y la mecánica, resumió el clima general al señalar que esperaba conseguir la primera oportunidad en blanco.
“Más que nada si no tenés el secundario completo o estás cursando.”Postulante de 18 años
No todos los que se acercaron estaban desocupados. Un hombre de 41 años reconoció que ya contaba con empleo, pero buscaba algo más estable. Una mujer con más de seis años de trabajo sin registro dijo cobrar alrededor de 600.000 pesos mensuales, pagar la cobertura médica de su bolsillo y llegar con lo justo a fin de mes. Su expectativa era acceder a un puesto formal que le permitiera cubrir servicios, alimentos y los gastos del hogar, una aspiración compartida por buena parte de quienes se tomaron el trabajo de esperar horas bajo el sol del sur bonaerense.
Pretensiones salariales y el peso de los números oficiales
- Un postulante de 18 años estimó que necesitaba cerca de 1.200.000 pesos mensuales para conquistar mayor autonomía.
- Otros mencionaron que aspiraban al menos al salario mínimo vital y móvil, con la expectativa de sumar presentismo o adicionales.
- La mayoría coincidió en que cualquier ingreso registrado representa una mejora frente a la informalidad, incluso cuando los montos no resulten suficientes.
El episodio adquiere otra dimensión cuando se lo cruza con los datos del INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2026: casi la mitad de los puestos de trabajo del país siguen sin registro, una estadística que muestra la profundidad de la precariedad estructural en el mercado laboral argentino. La postal de Ezeiza, con familias enteras esperando durante horas por una entrevista, parece ser la expresión más visible de ese promedio cuando se traduce en una calle del conurbano.
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