Dos hemisferios, una sola persona: por qué la idea de "cerebro izquierdo o derecho" no se sostiene en la evidencia
La creencia popular de que cada mitad del cerebro define si alguien es analítico o creativo carece de respaldo científico. Una investigación con más de mil participantes y la mirada de especialistas confirman que la especialización es local, no global, y que ambos lados trabajan juntos en cada tarea cotidiana.

Me lo encuentro en cada pueblo donde me toca cubrir una nota: en la verdulería, en la sala de espera del médico, en la mesa de un bar. "Yo soy de cerebro izquierdo", me dice Marta, 52 años, mientras acomoda los tomates en la bandeja, convencida de que su habilidad para los números se explica porque la mitad dominante de su cerebro manda sobre la otra. A los pocos minutos, su amiga Ester, 48, levanta la vista desde el mostrador y asegura que ella es "de cerebro derecho", y por eso se las arregla para resolver cualquier problema manual sin pensar demasiado. Las dos se ríen, como si fuera un dato menor. Y sin embargo, esa clasificación tan instalada en la conversación cotidiana es, según la evidencia científica disponible, un mito que merece ser revisado con cuidado.
De dónde viene la confusión
La idea tiene una base verdadera, y por eso resulta tan persistente. Los hemisferios cerebrales no cumplen funciones idénticas: el izquierdo interviene de manera destacada en el lenguaje y controla los movimientos del lado derecho del cuerpo; el derecho participa del procesamiento visual y espacial y gobierna el lado izquierdo. Esa distribución existe y está documentada. Lo que no tiene sustento es el salto que mucha gente da a partir de ese dato: que esa especialización local permita dividir a las personas en "racionales y analíticas" o en "creativas e intuitivas" según cuál mitad sea la dominante.
Un estudio publicado en la revista PLOS ONE analizó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Los autores identificaron regiones con lateralización, incluidas áreas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho. Sin embargo, no hallaron evidencia de que esas conexiones se agrupen en un patrón que favorezca consistentemente a un hemisferio sobre el otro en cada individuo. La conclusión fue clara: la especialización hemisférica es una propiedad local de ciertas redes neuronales, no un rasgo global que permita clasificar a las personas.
“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic
Por qué las dos mitades nunca trabajan solas
Lo que sostiene al mito es, justamente, lo que más se ignora: que los dos hemisferios se comunican de manera permanente a través del cuerpo calloso, un conjunto de fibras nerviosas que intercambia información entre las dos mitades. Esa coordinación constante es la que hace posible tareas tan cotidianas como mantener una conversación, que exige procesar palabras, interpretar el tono de voz, leer gestos y manejar el contexto emocional en simultáneo. Si una mitad mandara sobre la otra, la charla en la verdulería entre Marta y yo no podría haber fluido como fluyó.
- La clasificación en "cerebro izquierdo" o "derecho" carece de base científica sólida y se instaló a partir de un dato real mal interpretado.
- Los hemisferios tienen funciones especializadas a nivel local, pero no determinan la personalidad ni el tipo de talento de cada persona.
- Un estudio con más de mil participantes no encontró diferencias sistemáticas que permitan encasillar a alguien en una mitad dominante.
- Ambos hemisferios se comunican permanentemente a través del cuerpo calloso, por lo que trabajan de manera conjunta en casi toda actividad.
- La UNESCO advirtió que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos y limitar el desarrollo de habilidades.
El origen del mito, además, es excepcional. Surgió a partir de investigaciones realizadas con pacientes a quienes se les había seccionado el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves, una intervención que permitió observar diferencias entre hemisferios en condiciones que no representan el funcionamiento de un cerebro sano. Extrapolar esos hallazgos a cualquier persona sin lesiones es, cuando menos, una lectura forzada de la evidencia.
La preocupación llega incluso al aula. La UNESCO advirtió que trasladar estas ideas a la escuela puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Definirse como "poco creativo" por considerarse analítico, o como "desorganizado" por asumirse artístico, puede desincentivar la práctica de habilidades que se desarrollan con entrenamiento y esfuerzo, no con la geografía del cerebro. El riesgo, visto en perspectiva, es más pedagógico que neurológico: nos autolimita antes de intentarlo.
Vuelvo a la verdulería de Marta y Ester. Antes de despedirme, les pregunto si alguna vez intentaron algo que creían que "no era para ellas" por miedo a no tener el cerebro adecuado. Las dos se miran, se ríen otra vez, y me contestan que sí, que más de una vez. Esa respuesta, más que cualquier paper, me deja pensando que el mito del cerebro izquierdo y derecho no es solo un error científico: es una excusa cómoda que nos contamos para no explorar lo que no nos sale de manera natural. Y eso, a los 40, 50 o 60 años, es un lujo que ya no vale la pena permitirse.
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