El Batman que nunca existió: Affleck lo imaginó, Manganiello lo cuenta
Las memorias del actor que iba a ser Deathstroke en el proyecto del director abren una ventana al guion perdido que mezclaba a Fincher, un videojuego y la caída de Jim Gordon.

Cuando un proyecto se cae antes de rodar, lo más fácil es que el polvo tape también la historia que lo motivaba. Sin embargo, hay casos en los que el material sobrevive en un cajón y, décadas después, alguien lo rescata. Eso es exactamente lo que acaba de ocurrir con la película de Batman que Ben Affleck soñó con escribir, dirigir y protagonizar dentro del universo extendido de DC, una película que jamás llegó a filmarse y que ahora recupera la memoria gracias a las páginas de Bloodlines: A Memoir, el libro de memorias que el actor Joe Manganiello acaba de publicar y donde, por primera vez, comparte los detalles centrales de aquel guion perdido.
Para poner en contexto a quien llega desde otro cable: Manganiello había sido convocado para ponerse en la piel de Slade Wilson, más conocido como Deathstroke, el mercenario de ojos bicolor y espada afilada que durante décadas fue uno de los rivales más formidables del Hombre Murciélago en las viñetas. La elección era parte del plan mayor que Affleck trazó cuando se sentó a escribir su propia aventura como Cruzado Enmascarado, y la descripción que el actor vuelca en sus memorias resulta, como mínimo, una curiosidad apasionante para cualquier fanático del personaje.
Un thriller de Fincher con capa y antifaz
Según el propio Manganiello, Affleck concibió la historia como una versión de superhéroes de The Game, el thriller psicológico que David Fincher estrenó en 1997 con Michael Douglas a la deriva. La premisa era directa y retorcida: Deathstroke perseguía a Bruce Wayne porque estaba convencido de que Batman había matado a su hijo, y esa cacería lo llevaba hasta la mismísima Baticueva, donde tomaba como rehén al eterno mayordomo Alfred Pennyworth y asesinaba al comisionado Jim Gordon. Pensemos por un segundo en el impacto narrativo de esa decisión: el comisionado cayendo a manos del villano en la primera mitad de la película, abriendo un hueco institucional y emocional en Gotham que Bruce tendría que atravesar arrastrando, además, la culpa de un falso asesinato que él no cometió.
El guion no se conformaba con esa conmoción. También contemplaba la llegada de una nueva Batgirl, una heroína sin identidad confirmada en las páginas de Manganiello pero pensada para sumarse al Caballero Oscuro en el tramo final del relato. Juntas, las dos figuras atrapadas por Deathstroke peleaban por sus vidas hasta quedar al borde de la muerte, para después escapar a bordo de un tren elevado que atravesaba los tejados góticos de la ciudad. Hay aquí, me animo a decir, un eco deliberado de las escenas de persecución en altura que el cine de acción supo bordar desde los años ochenta, aunque pasada por el filtro más oscuro del universo DC de aquel entonces.
El clímax que nunca se animó
- Affleck confirmó a Manganiello que la pelea final replicaría la cinemática de apertura de Batman: Arkham Origins, videojuego de 2013 dirigido por Tim Miller.
- El mano a mano entre Batman y Deathstroke debía transcurrir por las calles de Gotham, en una secuencia prolongada de combate cuerpo a cuerpo.
- El proyecto fue cancelado y Deathstroke fue reencauzado hacia otras producciones del estudio.
- En 2022 llegó The Batman con Robert Pattinson como protagonista y Matt Reeves como director, marcando un nuevo rumbo para el personaje.
- El universo reconstruido por James Gunn y Peter Safran en DC Studios ya tiene en carpeta The Brave and the Bold y The Batman Part II.
Lo más fascinante de este tipo de revelaciones es comprobar cuántas decisiones estéticas quedan suspendidas en el limbo del casi. Affleck imaginó un clímax callejero que tomaba como referencia directa la cinemática de apertura de Batman: Arkham Origins, aquel videojuego de 2013 que sorprendió por la brutalidad de sus coreografías y que tuvo a Tim Miller, futuro director de Deadpool, firmando esa secuencia inicial. Si algo define a esa pieza es la cercanía física entre los combatientes, los encuadres cerrados que privilegian el impacto por sobre el despliegue, y por eso cuesta no preguntarse cómo se hubiera traducido eso al lenguaje cinematográfico de Affleck, que tantas veces demostró entender la violencia como una conversación entre dos cuerpos.
““Affleck me confirmó que esa secuencia tomaría como referencia directa la cinemática de Batman: Arkham Origins.””Joe Manganiello, Bloodlines: A Memoir
Como periodista que sigue estas historias desde hace años, les confieso que nunca subestimé al Batman de Affleck y todavía hoy, cada vez que reaparece un documento como este, se renueva esa fascinación. El proyecto se cayó, sí, y Gotham siguió girando. En 2022 llegó The Batman con Robert Pattinson y la dirección precisa de Matt Reeves, una película que se tomó muy en serio la melancolía del personaje, mientras que el universo que James Gunn y Peter Safran están levantando desde DC Studios ya tiene dos fichas en carpeta: The Brave and the Bold, que promete un Batman con su completa, y The Batman Part II, que continúa la saga de Reeves. Si me preguntan qué escena de las que describe Manganiello me hubiera gustado ver realizada, lo digo sin dudar: el clímax en las calles de Gotham, porque la promesa de Batman y Deathstroke midiéndose a cámara lenta por callejones neón es de esas imágenes que, aunque finalmente sean solo palabras en una página, merecen que uno se detenga a leerlas despacio, como quien hojea el libreto de una obra que nunca subió a escena.
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