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Viernes, 16 de octubre de 2026
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"El mal hijo": el debut detrás de cámara de Jaime Lorente empieza con pulso y se pierde en el camino del thriller

La ópera prima del actor como director arranca con una historia de abandono y vínculos familiares ambientada en Murcia, pero al llegar a la adultez se enreda en mafias, persecuciones y lugares comunes del cine negro.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
"El mal hijo": el debut detrás de cámara de Jaime Lorente empieza con pulso y se pierde en el camino del thriller

Arrancamos con una idea que Ja vieras cuántas veces nos han contado esa frase de que las mejores historias son las que se parecen a la vida misma. Y precisamente ahí empieza a jugar sus mejores cartas la película que marca el debut de Jaime Lorente como director. Se trata de "El mal hijo", un drama ambientado en Murcia que pone el foco en un niño abandonado por su padre que termina al cuidado de su abuela y construye con ella un lazo afectivo que el relato retrata con una calidez que se agradece de entrada.

Lo que propone la primera media hora funciona con una solidez que invita a quedarse. Hay escenas de infancia filmadas con sensibilidad, con momentos puntuales como una ceremonia vista por una puerta entreabierta o una charla entre chicos al caer la tarde que se quedan en la memoria justamente porque no buscan el golpe bajo ni el efectismo. Ese tramo inicial sostiene al espectador con pulso narrativo propio y con el oficio que Lorente, curtido en sets durante años como actor, parece traer incorporado.

El salto temporal que cambia el tono

El problema aparece cuando la historia avanza y Rubén, el protagonista, llega a la adultez. Ahí el clima cambia de manera notable: lo que venía siendo un drama de vínculos y ausencias se mete de lleno en el terreno del tráfico de drogas, las mafias y las persecuciones. Los recursos que antes parecían propios y reconocibles se transforman en fórmulas ya vistas del cine negro y el thriller de género.

  • Una primera mitad íntima que retrata el abandono y la construcción del vínculo con la abuela.
  • Un salto a la adultez que abandona el registro emocional y se mete en el cine de mafias.
  • Personajes secundarios que funcionan como arquetipos sin demasiado desarrollo.
  • Una dirección que muestra criterio en algunos planos pero le cuesta sostener la tensión en las escenas de acción.
“Yo no esperaba encontrarme con un debut tan consciente de sus propias limitaciones. La película no defrauda de manera estrepitosa, pero tampoco termina de dejar huella: lo que prometía en el arranque y lo que entrega en el cierre quedan lejos uno del otro.”Andrea Oliveto

Si algo queda claro después de verla es que Lorente tiene mirada propia y criterio para componer planos, pero la inexperiencia se hace notar en la dificultad para sostener el suspenso y para darle entidad a los personajes que orbitan alrededor de Rubén. La película no es un fracaso y hay trabajo honesto detrás, pero el camino del cine negro que elige en su segunda parte ya fue recorrido muchas veces con más convicción. A mí, que llegué expecting ese tono familiar que promete el arranque, me quedó una sensación rara, como de película que se cambia de ropa a mitad de fiesta. Para el espectador que se banca el género, el conjunto puede pasar sin pena ni gloria; para el que busca la singularidad del primer tramo, la distancia entre lo que promete y lo que entrega se siente grande. Yo me quedo con el arranque y con la recomendación de verla igual: se aprende mucho de un debut cuando se leen sus costuras, y a "El mal hijo" se le nota, sobre todo, la honestidad de quien se animó a sentarse en la silla del director por primera vez.

AO
Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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