El Niño se viene con todo: lo que se viene para el Litoral y por qué los del río Uruguay ya están mirando el cielo
La NOAA subió al 75% la probabilidad de que el fenómeno 2026-2027 sea el más fuerte desde 1950. En Yacyretá, en el Litoral, y en pueblos ribereños de Entre Ríos y Corrientes, los que viven del río empiezan a prepararse para una primavera y un verano con lluvias muy por encima de lo normal.

Son las nueve de la mañana en la costanera de Ituzaingó, Corrientes, y María Ester Romero, de 62 años, ya está acomodando los rollos de nylon en el galpón de la cooperativa de pescadores donde trabaja desde hace casi treinta. El agua del Paraná todavía está lejos del muelle, pero ella mira el cielo con una mezcla de respeto y de prudencia que conozco bien porque la escuché en otras temporadas difíciles. "Cuando se larga el Niño de verdad, no hay defensa que alcance —me dice, mientras acomoda un balde—. Lo aprendimos en el 98, lo volvimos a aprender en el 2015 y, si los partes de afuera no mienten, nos toca otra vez." María Ester es una de las miles de personas que, del lado argentino, siguen el pulso del fenómeno que acaba de encender una alerta nueva: la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la NOAA, elevó al 75 por ciento la probabilidad de que la temporada 2026-2027 sea la más intensa desde que existen registros sistemáticos, allá por 1950.
Un indicador que nunca había cruzado ese umbral
Para explicar qué hay detrás de ese número hay que detenerse en una sigla que muchos lectores tal vez no conocen: el Índice Oceánico Relativo de El Niño, conocido como RONI por sus siglas en inglés. A diferencia de los índices clásicos, este no se queda con la temperatura de la superficie del mar, sino que la corrige descontando el calentamiento general de los océanos tropicales, que es cada vez mayor. La NOAA estima que hay un 75 por ciento de chances de que el RONI supere los 2,5 grados centígrados entre octubre y diciembre de 2026, un umbral que ninguno de los cuatro eventos considerados "muy fuertes" desde 1950 había logrado franquear. Los más intensos hasta ahora —el histórico 1982-1983, los de 1997-1998, 2015-2016 y un cuarto de la serie— se habían quedado en valores de entre 2 y 2,4 grados.
Los datos que ya están sobre la mesa son, como mínimo, llamativos. En agosto, las anomalías de temperatura en distintas regiones del Pacífico ecuatorial daban cuenta de la aceleración del calentamiento: 1,8 grados por encima del promedio en la región Niño 3.4, que es la zona de referencia; 2,5 grados en la Niño 3; y nada menos que 3,4 grados frente a las costas de América del Sur. La probabilidad de que el episodio sea catalogado como "muy fuerte" durante el otoño y el invierno del hemisferio norte supera, según los modelos revisados por el Centro de Predicción Climática, el 90 por ciento.
Lo que anticipan para el Litoral y el norte argentino
En el sur, las consecuencias pueden ser variadas y hay que mirarlas caso por caso, pero del otro lado de la frontera climática, en el noreste de la Argentina, las proyecciones estacionales empiezan a dibujar un cuadro inquietante. El Servicio Meteorológico Nacional y los organismos con los que trabaja prevén que en noviembre las lluvias excedan en más de 30 milímetros los valores habituales sobre el noreste del país y el este de Entre Ríos. En diciembre, la anomalía se profundiza: los excesos superan los 50 milímetros en Santa Fe, Entre Ríos y el este de Córdoba, mientras que el noroeste argentino —Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca— registraría entre 20 y 50 milímetros por debajo de lo normal, lo que confirma que el Niño no es un fenómeno uniforme, sino que reparte sus efectos de manera muy desigual según la región.
“El Niño es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando. Se intensificará de octubre a febrero. Es un Niño muy fuerte.”María Alejandra Cristanchi, jefa de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Yacyretá
- Cómo se mide la intensidad: el Índice Oceánico Relativo de El Niño (RONI) corrige la temperatura de la superficie del mar por el calentamiento de fondo de los océanos tropicales.
- El umbral histórico: los cuatro eventos "muy fuertes" registrados desde 1950 oscilaron entre 2,0 y 2,4 °C; la nueva proyección ubica al 2026-2027 por encima de los 2,5 °C.
- La señal del Pacífico: en agosto se relevaron +1,8 °C en la región Niño 3.4, +2,5 °C en la Niño 3 y +3,4 °C frente a Sudamérica.
- Impacto en el Litoral: en noviembre se esperan lluvias más de 30 mm por encima de lo normal en el noreste y el este de Entre Ríos.
- Impacto en el centro y el NOA: en diciembre los excesos superan los 50 mm en Santa Fe, Entre Ríos y este de Córdoba, y el noroeste registraría déficit de entre 20 y 50 mm.
Vuelvo al galpón de María Ester en Ituzaingó, donde la mañana sigue fresca y el río todavía se deja mirar desde la orilla. Ella y los demás pescadores saben que los partes globales sirven para anticiparse, pero también saben —y esto lo aprendí charlando con ellos en más de una creciente— que entre el parte y el agua que toca la casa hay decisiones de intendentes, de Defensa Civil, de la Entidad Binacional Yacyretá y, sobre todo, de cada familia ribereña. El meteorólogo Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, estimó que el fenómeno "posiblemente perdure hasta el otoño de 2027", lo que significa que la temporada de lluvias más comprometida recién está por empezar. Por eso, en estos pueblos del Litoral donde el río es vida y también es amenaza, la advertencia de los organismos internacionales no se lee en abstracto: se traduce en lonas, en bolsas de arena y en las conversaciones de la mañana en la costanera, como la que tuve con María Ester mientras acomodaba el nylon y miraba, otra vez, hacia arriba.
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