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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Gus Van Sant rescata del olvido un caso real de rehenes y lo lleva al streaming con Bill Skarsgård como protagonista

Después de un paso fugaz por las salas, el thriller que reconstruye la historia de Tony Kiritsis, un hombre que secuestró al hijo de un banquero para hablar por televisión, ya se puede ver en Movistar Plus.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Gus Van Sant rescata del olvido un caso real de rehenes y lo lleva al streaming con Bill Skarsgård como protagonista

Yo sé que un criminal no es nunca el tipo que cuenta su propia historia, pero a veces las razones para hacer televisión nacional son más honestas de lo que el sistema quisiera admitir. Esa frase, que perfectamente podría firmar Tony Kiritsis, bien podría funcionar como epígrafe de Prime Crime: A True Story, también conocida como Dead Man's Wire, el nuevo film de Gus Van Sant que acaba de desembarcar en Movistar Plus después de un recorrido comercial más bien modesto por las salas norteamericanas, donde apenas juntó 3,8 millones de dólares con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones. La cifra, lejos de ser un fracaso, se lee casi como una declaración de principios para un cineasta que construyó su carrera en los márgenes del star system y que vuelve a apostar por personajes que se chocan contra las reglas del juego sin pedir permiso.

Un caso real que parece sacado de una novela negra

La historia que cuenta la película ocurrió en Indianápolis, en los años setenta, y empieza como tantas tragedias cotidianas: Kiritsis se presentó en la sede de un banco donde había tramitado un préstamo para comprar un terreno, se lo negaron y, convencido de que la entidad buscaba quedarse con su propiedad para especular, volvió con un plan desesperado. Tomó como rehén al hijo del dueño del banco con un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal y formuló dos exigencias muy concretas: una indemnización económica y, sobre todo, la posibilidad de contar su versión en televisión nacional. Esa segunda condición, casi insólita para un secuestro, es la que le da a la película su motor dramático y su inesperada veta política: un hombre común al que el sistema no le dio otro micrófono que el chantaje.

Van Sant, autor de títulos tan disímiles como Todo por un sueño, Milk o el provocador Elefante, vuelve aquí a uno de sus territorios favoritos, el de los outsiders que se plantan frente a estructuras más grandes que ellos, y lo hace con la precisión formal del cine de género de los años setenta, ese thriller urbano que mezcla presión policial, negociación en tiempo real y cámaras de noticias cubriendo todo como si fuera un reality antes de que existieran los realities. El peso de la trama lo lleva Bill Skarsgård, actor sueco que viene de asociarse con el terror más extremo en la saga It, y que aquí demuestra que su registro dramático es tan sólido como su capacidad para sostener una presencia inquietante sin necesidad de maquillaje ni monstruos.

Hay un detalle que a mí me pareció especialmente elocuente: en el cierre suena música de Gil Scott-Heron, un guiño que carga de sentido político el desenlace sin abandonar el registro del thriller, como si el director quisiera recordarnos que debajo de la anécdota policial late un comentario más amplio sobre los límites reales de quien intenta montar una protesta individual contra poderes que lo superan. La película no resuelve del todo sus propias contradicciones, y tal vez ahí radique parte de su encanto: no pretende cerrar un caso que en la realidad tampoco quedó cerrado, sino proponer una lectura incómoda, compasiva y un poco incómoda de un hombre al que el periodismo de la época y el de hoy suelen tratar de manera demasiado rápida.

Una segunda vida en streaming

Con un presupuesto moderado y una recaudación discreta, Prime Crime encontró en las plataformas el lugar donde el cine de género con intención autoral suele respirar mejor: sin la presión de la taquilla semanal, con tiempo para que el público la descubra y la discuta. A mí, que sigo a Van Sant desde sus primeras películas independientes, me da una satisfacción genuina ver que un film de estas características tenga esta segunda oportunidad, y se la recomiendo especialmente a quienes disfruten de los thrillers de los setenta, de las historias basadas en hechos reales mal contados por los noticieros de la época, y de las actuaciones contenidas de Skarsgård cuando decide no gritar. Si te interesa el cine que piensa mientras te mantiene en tensión, esta es una de esas joyitas que esperan paciente en el catálogo de Movistar Plus.

AO
Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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