Homer el Mero Mero se despide de la Patagonia con un show que es principio y renacimiento
El rapero nacido en Cutral Co cierra el 30 de octubre en el Círculo Italiano de Cipolletti la etapa argentina del Resurrección Tour, antes de partir a seis funciones en España. Habló del parate, del público que rapea con él y de lo que significa volver a empezar.

Cipolletti se prepara para una noche que tiene algo de cierre y mucho de comienzo. En la puerta del Círculo Italiano, todavía con la luz de la tarde, Margarita, una vecina de 52 años que vive a dos cuadras de la sala, me dice mientras acomoda un par de sillas plegables que alguien olvidó de un ensayo anterior: "Yo no soy de ir a recitales, pero a este lo sigo desde que era chico por la tele, me lo hizo conocer mi nieto. Si no vengo ahora, me voy a arrepentir". Le pregunto qué le gustaría escuchar y se ríe: "Todas, hija, todas. Pero si no canta esa de que sale a buscar el pan, me vuelvo a casa". La escena parece chica, de pueblo, y sin embargo condice con la magnitud de lo que va a pasar adentro: Homer el Mero Mero, el rapero que nació en Cutral Co y que hizo historia cuando agotó el Ruca Che de Neuquén hace más de dos años, va a despedirse de la Argentina en ese escenario, con un show que él mismo define como un nuevo empezar.
La fecha del jueves 30 de octubre es la última función del Resurrección Tour en territorio argentino. Después, según lo que confirmó el propio artista, vendrán seis shows en España para cerrar definitivamente un ciclo que arrancó en marzo de este año y que ya pasó por Paraguay, Uruguay, México, Ecuador, Colombia, Perú, Chile y Bolivia, además de recorrer buena parte de las provincias. Son más de 40 plazas en total, un número que él mismo repite con una mezcla de asombro y de gratitud.
Un parate necesario y un regreso a los escenarios
Para entender por qué este tour se llama Resurrección hay que remontarse a fines de 2024, cuando Homer tomó distancia de los escenarios. Lo hizo de manera pública, sin demasiadas explicaciones al principio, y con el tiempo fue diciendo lo que le pasaba: que necesitaba tiempo para recuperarse, que la exposición y el ritmo le habían pasado factura. Esa pausa generó preocupación entre sus seguidores, sobre todo en la Patagonia, donde lo sintieron siempre como uno de los suyos. Cuando en marzo de 2025 volvió a subirse a un escenario, la lectura fue clara: era un regreso, pero también un renacimiento.
“Es uno de los tours más importantes que hice en mi carrera. Tiene algo de renovación, de empezar otra vez.”Homer el Mero Mero
La música como refugio y el público que rapea
En las entrevistas que dio en el tramo final de la gira, Homer volvió sobre el oficio y sobre lo que la música significa en su vida cotidiana. Contó que los días que no está escribiendo los usa para nutrirse de otras cosas, y que después esas cosas vuelven convertidas en letras. Esa idea de la música como un anclaje personal aparece una y otra vez en su discurso, y se nota cuando habla del vínculo con su público: dijo que la gente sigue sus temas de cerca, que rapea con él en los shows en lugar de quedarse callada mirando el escenario. Es un detalle pequeño pero define la clase de artista que es: uno que necesita al otro lado del escenario tanto como el otro lado lo necesita a él.
Lo que pasó en el Ruca Che hace un poco más de dos años fue una especie de mojón. Hasta ese momento, ningún artista local había logrado agotar esa sala en esas condiciones. La noche neuquina marcó un antes y un después en su trayectoria regional y, mirando para atrás, parece también el punto de partida de lo que vino después: la decisión de probar afuera, de llevar esas canciones a otros países. Y funcionó. Hoy hay público en México, en Colombia y en España que canta sus letras, y algunos que las llevan tatuadas en la piel. Él mismo lo dice con la voz todavía un poco incrédula: nunca se imaginó que su música iba a cruzar tantas fronteras, y ese reconocimiento es, según sus palabras, lo que lo motiva a seguir.
Vuelvo a la puerta del Círculo Italiano. Ya oscureció y empieza a llegar gente. Veo a Margarita, que se acomoda en la vereda con su nieto, un pibe de unos veinte años que me saluda con la cabeza y que se nota que está más nervioso que ella. Les pregunto si van a cantar durante el show y el pibe me contesta, con esa seguridad que solo tienen los veinteañeros: "Cantamos todos, do, desde el primero hasta el último tema". Le creo. Después de todo lo que escuché estos días, después de leer lo que Homer dice de su público y de lo que su público devuelve, me queda la sensación de que el jueves en Cipolletti no va a ser solo un recital: va a ser el punto en el que una historia que empezó con un pibe de Cutral Co rapeando en su pueblo se encuentra, otra vez, con la gente que lo vio crecer. Y que lo va a hacer, como siempre, cantando todos juntos.
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