La joya oculta de Koreeda que Netflix escondió en su catálogo
Siete episodios, cuatro hermanas y un secreto familiar en el Tokio de 1979: así es la miniserie que el director japonés grabó para la plataforma y que casi nadie descubrió.

“Cada herida vieja necesita su tiempo, y a veces un secreto es solo la puerta que se atreve a abrirla.”Refrán japonés
Hay obras que llegan en silencio y, sin embargo, terminan hablando más fuerte que las que se anuncian a los cuatro vientos. Eso me pasó con Asura, la miniserie de siete capítulos que Hirokazu Koreeda rodó para Netflix y que la plataforma estrenó sin pena ni gloria, como si quisiera que pasara inadvertida entre tanto estreno ruidoso. Hablo de un director al que el público argentino ya conoce por títulos que dejaron huella: Nadie sabe, De tal padre, tal hijo y, sobre todo, Una familia de Tokio, aquella película que en 2013 nos mostró cómo se desarma un clan desde adentro, con la misma ternura con la que se lo mira por última vez.
Cuatro hermanas y un secreto en el Tokio de 1979
La historia se sitúa en el invierno de 1979. Tsunako da clases de ikebana, Makiko es ama de casa, Takiko trabaja en una biblioteca y Sakiko se gana el sustento como camarera. Las cuatro se reencuentran después de mucho tiempo porque Takiko trae una corazonada que le revuelve el alma: sospecha que su padre anciano, Kotaro, tiene una amante y hasta un hijo escondido. Las hermanas no le creen del todo, pero pactan no decirle nada a su madre, Fuji. Lo que sigue no es la explosión de un melodrama barrial: es algo más sutil y por eso más doloroso, porque Koreeda muestra cómo ese descubrimiento solo termina destapando lo que cada una venía guardando bajo la alfombra desde hacía años.
- Siete episodios le permiten al director estirar el tiempo que en sus películas suele ir comprimido.
- Cada hermana tiene escenas propias y un arco propio, sin quedar reducida a un rol decorativo.
- El drama se alterna con humor leve, un rasgo habitual en la filmografía de Koreeda.
- El secreto funciona como detonante: no destruye a la familia de un golpe, sino que abre las grietas que ya existían.
Si me preguntan por qué recomendarla, les digo lo que siempre les digo: porque Koreeda tiene esa paciencia de viejo artesano para mirar a la gente común como si fueran los únicos habitantes del universo, y porque esa sala chica que es el living de cualquier casa japonesa de los años setenta termina volviéndose, capítulo a capítulo, un escenario donde todos nos reconocemos. Yo la busqué en el catálogo casi por casualidad y me quedé pegada al sillón. Les sugiero que le den una oportunidad esta misma semana, antes de que el algoritmo la entierre un poco más.
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