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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La ruina como escenario: dos pueblos fantasmas de Burgos se convierten en el rostro de la Guerra Civil

Los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi eligieron Castil de Carrias y Loranquillo, aldeas deshabitadas desde hace décadas, para rodar las secuencias históricas de su nueva película, en busca de una atmósfera que ningún decorado de estudio podría fabricar.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
La ruina como escenario: dos pueblos fantasmas de Burgos se convierten en el rostro de la Guerra Civil

"Un pueblo muerto es una herida que no deja de latir", escribió hace años un cronista anónimo de la España rural, y esa frase vuelve a la memoria cuando uno camina entre los restos de Castil de Carrias y Loranquillo, dos aldeas de la provincia de Burgos que el cine acaba de rescatar del olvido, no para devolverles la vida, sino para convertirlas en el escenario más crudo posible de las secuencias de la Guerra Civil que forman parte de "La bola negra", la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, los directores que el público argentino conoce por éxitos como "La llamada" o la serie "Veneno".

Décadas de abandono al servicio de una cámara

Lo que encontró el equipo de localizaciones que recorrió Burgos en busca de ambiente no fue un decorado: fue una destrucción real, acumulada durante décadas, que no necesitó pintura de envejecimiento ni escombro artificial para transmitir el peso del abandono. Cuando el equipo de "La bola negra" llegó a Castil de Carrias, a unos diez kilómetros de Belorado, se topó con un antiguo núcleo rural con historia documentada desde al menos el siglo XII, que llegó a superar los 240 habitantes a mediados del siglo XIX pero que el éxodo rural fue vaciando calle por calle a lo largo del siglo XX: en 1950 todavía vivían allí 178 personas, en 1970 solo 59, y el pueblo sobrevivió en ese estado reducido hasta 1994, cuando murió Florentino González Sáez, considerado el último vecino, cuya partida dejó la aldea sumida en un silencio que hoy, más de treinta años después, sirve de banda de sonido a las cámaras.

“Hoy quedan en pie una antigua escuela, una taberna con botellas todavía visibles en los estantes, utensilios domésticos dispersos, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, con evidencias de deterioro y expolio.”Material de producción de "La bola negra"

La logística del rodaje y el valor de lo verdadero

A pocos kilómetros de allí se levanta Loranquillo, otro núcleo despoblado que fue integrado al municipio de Belorado durante los años setenta y cuyos últimos habitantes se marcharon en la década de 1990; los dos pueblos forman parte de una ruta de senderismo de 22 kilómetros que también atraviesa Quintanilla, aunque durante las jornadas de filmación, iniciadas el 25 de agosto de 2025, ambos permanecieron cerrados al público. La responsable de localizaciones, Clara Salvador, fue quien recorrió la provincia hasta dar con esas condiciones, porque para la producción ambos sitios resolvían un problema muy concreto: necesitaban edificios parcialmente derruidos para recrear la Guerra Civil sin construir decorados desde cero y sin destruir nada al terminar el rodaje, algo que en un estudio habría resultado caro, artificial y, sobre todo, menos verdadero.

Por qué el cine busca pueblos abandonados

  • Castil de Carrias y Loranquillo pertenecen a la lista de pueblos deshabitados de la provincia de Burgos que el cine español viene redescubriendo como escenarios naturales.
  • La elección responde a una decisión estética y narrativa: los directores no querían solo la imagen de las ruinas, sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas, un detalle con un significado específico dentro de la película, centrada en la memoria, la violencia y lo que el tiempo borra.
  • Esta tendencia se inscribe en un fenómeno que el público viene siguiendo: producciones como "El hoyo", "La bruja" o varias cintas de Almodóvar ya aprovecharon localizaciones reales para ahorrar costes y ganar autenticidad, una lógica que ahora se repite con pueblos enteros.

A mí, como espectadora y cronista, me gusta pensar que cada vez que una cámara se instala en un lugar como Castil de Carrias no lo traiciona, sino que lo recuerda: durante unos días, el pueblo vuelve a tener gente en sus ventanas, voces en sus calles y hasta el ruido de un generador en la plaza, y aunque después el silencio regrese, queda la huella luminosa de un rodaje que convirtió su abandono en lenguaje cinematográfico. Si les interesa ver en pantalla esa España que el tiempo fue dejando atrás, les recomiendo seguir de cerca el estreno de "La bola negra" y, si alguna vez viajan a la zona de Belorado, animarse a caminar la ruta de los tres pueblos, Castil de Carrias, Loranquillo y Quintanilla: la caminata es larga pero la memoria del lugar, créanme, se siente en cada paso.

AO
Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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